Exigir, marchar, manifestarse o vociferar en las calles por lo que nos afecta, es un derecho inalienable que el pueblo puede ejercer con soberanía. Sin embargo, hay una delgada línea entre este derecho y los réditos políticos e individualistas que algunos buscan, y que pueden transformar la expresión ciudadana en una mera oportunidad de figurar, debilitando la legitimidad de un proceso de búsqueda de justicia y soluciones concretas para toda una comunidad.
Es frecuente que cada vez que se acercan las elecciones de alcaldes, éstos se vean más tentados a necesitar mayores apariciones mediáticas que le rediten ventajas electorales frente a sus competidores. En el caso de Valdivia la semana pasada, la región fue testigo de lo que se puede denominar una acción populista de un alcalde que marcha para pedir soluciones, de las cuales el municipio que dirige, forma parte activa. (Leer Nota)
Esto se puede ejemplificar como si el capitán y jugadores de un club de fútbol marcharan junto a un grupo de hinchas en repudio a su propio mal rendimiento en el campeonato nacional. Irrisorio, inefectivo para los afectados, pero popular, mediático y altamente notorio para quienes lo dirigen.
El populismo tiene ciertos rasgos característicos, como la simplificación de las cosas, el predominio de los planteamientos emocionales por sobre los racionales, la movilización social, el liderazgo carismático por sobre el liderazgo propositivo, la imprevisibilidad y el oportunismo.
Legítimamente los valdivianos podrían preguntarse, ¿cuáles son las propuestas que el alcalde Sabat ha hecho a la ciudad para solucionar los problemas por los cuales marcha?. Aparentemente no son muchas las propuestas, muy por el contrario, opacó, junto con su administrador municipal, el core Fillipi y el Concejal UDi, Leandro Kuntsman, una expresión ciudadana legítima y altamente valiosa, por avanzar en soluciones efectivas y de largo plazo para los vecinos de Isla Teja.
El populismo de manera peligrosa se podría instalar en el resto de la región, ya que al parecer, ya está instalado en Valdivia. Es preocupante, por la esencia de la manifestación ciudadana, escuchar al alcalde declarar que volvería a marchar por las demandas legítimas de la ciudadanía (Leer Nota); pero el estilo populista es bien visto por el común de la gente. Lo preocupante está radicado, precisamente en que el populismo lo puede llevar a que en el futuro, pescadores, estudiantes, profesores, pueblos originarios y por ejemplo los vecinos del barrio de Collico, lo emplacen a marchar para defender sus también legítimos intereses.
Ese es el riesgo del populismo, lo “legítimo” se difumina en las emociones y no en los canales para resolver las demandas de la ciudadanía.
Lo de Valdivia es preocupante, no por los puentes o los tacos, sino por la configuración de un populismo que se está instalando en la capital regional, cargado de emociones, apariciones en los principales medios de comunicación, pero sin propuestas claras; mientras tanto, siguen siendo los vecinos, que en muchos casos, no militan ni en la izquierda ni en la derecha, los que siguen afectados, y ven como la instancia de ejercer el derecho a manifestarse, se convierte en un tongo mediático concentrado en lo político y alejado de lo resolutivo.
Por Sebastián Gallardo






