Cáncer de mama en adultas mayores: La prevención también es una obligación del Estado

El cáncer es la segunda causa de muerte en Chile y en algunas regiones ha alcanzado el primer lugar. Particularmente, el cáncer de mama es la primera causa de muerte por causa oncológica en mujeres en Chile y el mundo. Esto a pesar de la existencia y difusión del programa de pesquisa, a través de la mamografía.

Por Marcela Soto V, Académica y jefa de carrera Tecnología Médica, Facultad de Salud y Liliana Ronconi, Académica Investigadora, Facultad de Derecho, UST

El último informe publicado en la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile en abril de 2026 y que da cuenta de la cobertura de mamografías en Atención Primaria de Salud (APS), datos obtenidos de acuerdo a los registros REM del año 2024, muestra que dos de cada tres mamografías fueron realizadas en el grupo priorizado por el Examen de Medicina Preventiva (EMP) y programa APS de imágenes diagnósticas, correspondiente a mujeres entre 50 y 69 años, y sólo el 6,1% del total de las mamografías realizadas corresponde a mujeres de 70 años o más. Es una cifra considerablemente baja teniendo en cuenta las características de nuestra población que va en franco envejecimiento, y que es precisamente la edad uno de los factores no modificables asociados al cáncer.

El programa de Imágenes diagnósticas del Ministerio de Salud incorpora la realización de una mamografía cada 2 años, de manera prioritaria a mujeres de 50 a 69 años y en otras edades con factores de riesgo. De acuerdo con la encuesta CASEN (Caracterización Socioeconómica Nacional) aplicada en 2024 a mujeres de 35 años o más y que incluye preguntas sobre mamografía vigente, la respuesta “no cree necesario” va creciendo a medida que aumenta la edad. Aparecen entonces diversas preguntas, porqué la población de mujeres mayores no consideraría urgente o necesario la mamografía, ¿cuenta con información?

Pero aquí aparece una cuestión que no puede resolverse simplemente apelando a la responsabilidad individual. El derecho a la salud no se agota en garantizar atención cuando la enfermedad ya se ha manifestado. También comprende obligaciones estatales de prevención, información y acceso efectivo a las prestaciones de salud. Si una política pública identifica un examen como una herramienta relevante para la detección temprana del cáncer, no basta con que este exista formalmente o que la información se encuentre disponible: el Estado debe procurar que esa información llegue efectivamente a quienes pueden necesitarla y que las barreras que dificultan el acceso sean identificadas y abordadas. La pregunta, entonces, no es solamente por qué una mujer mayor no considera necesaria una mamografía, sino también qué ha hecho el Estado para que ella conozca sus beneficios, pueda acceder al examen y comprenda que la prevención no deja de ser relevante con la edad.

Esta discusión adquiere mayor relevancia en una sociedad que envejece. Si las políticas de prevención se concentran principalmente en determinados grupos etarios, debemos preguntarnos qué ocurre con quienes quedan fuera de ese grupo prioritario. La edad puede justificar una determinada priorización de recursos, pero no debería convertirse, sin una justificación suficiente, en un criterio que invisibilice las necesidades de salud de las mujeres mayores. El desafío consiste precisamente en determinar si estamos ante una decisión razonable de política sanitaria o ante una forma de desigualdad que termina haciendo menos visible la salud de las mujeres a medida que envejecen.

En materia de salud, hablar de responsabilidad individual sin considerar las condiciones en que las personas toman sus decisiones puede resultar engañoso. La autonomía requiere información y condiciones materiales para ejercerla. Por eso, frente a una política de prevención del cáncer de mama, el Estado no puede limitarse a ofrecer una prestación y esperar que las personas acudan a ella. Tiene también el deber de informar, facilitar el acceso, identificar las barreras que persisten y evaluar si las políticas diseñadas están llegando efectivamente a toda la población a la que pretenden proteger. La prevención, en definitiva, no es solamente una decisión personal: también es una responsabilidad pública.

El cáncer puede ser analizado desde distintas aristas, por lo que es importante relevar la interdisciplina en la discusión. La III Jornada de Investigación en Enfermería que organiza la Universidad Santo Tomás y que este año tiene como foco el paciente oncológico es una buena instancia para aquello.

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