Punto de quiebre: no hagas promesas sobre el IMACEC

Esta semana, en Valdivia, ocurrieron dos hechos que conviene mirar juntos. Una empresa portuaria inauguró un domo proyectado para 2030 y presentó un remolcador capaz de empujar carga desde la popa, tanto con marea baja como con marea alta. En el Complejo Penitenciario de Valdivia, además, se entregó un patio de juegos para los hijos e hijas de mujeres privadas de libertad.

Ninguna de esas iniciativas nació para responder a la noticia del día. Ambas son parte de procesos más largos: planificación, coordinación institucional y ejecución por etapas.

El domo de Portuaria Corral no resuelve el dato económico de julio, evidentemente, pero conviene fijarse en cómo se construyó, porque ese proceso dice algo sobre la diferencia entre gestionar contingencia y ejecutar un plan. El diseño se definió a través de una consulta ciudadana donde la comunidad de Miraflores eligió entre distintas paletas de color inspiradas en los humedales y los ríos de la región. La estructura tardó dos años en fabricarse, viajó desde Huzhou en contenedores y se infló en marzo. Nadie tuvo que salir a explicar por qué el proyecto seguía en pie después de un mal dato económico, porque el proyecto no depende de un dato económico, depende de un plan de sostenibilidad al 2030 que se ejecuta por etapas verificables. Lo mismo puede decirse del patio de juegos de la Sección Materno Infantil. No responde a una coyuntura noticiosa, sino al cumplimiento de un estándar de derechos humanos: los niños y niñas no deberían pagar el costo de la privación de libertad de sus madres. La iniciativa nació de un compromiso institucional del gobierno anterior y se concretó a través de la mesa de mujeres embarazadas privadas de libertad con hijos lactantes. En Los Ríos, ese espacio funciona de manera frecuente y sistemática y por sus resultados parece haber sobrevivido al cambio de gobierno.

Ninguno de los dos hechos regionales arrastra al país hacia adelante por sí solo. Pero los dos empujan y avanzan, mientras la política nacional se deja llevar por la corriente semanal: un dato económico, una amenaza de muerte y un exabrupto diplomático competían por la atención pública.

El contraste con lo nacional no está en la gravedad de cada hecho por separado, está en la manera en que el gobierno respondió a los tres. Frente al peor Imacec en más de tres años, con la meta de crecimiento de 1,8% convertida en una cifra prácticamente inalcanzable, la respuesta de Hacienda fue recalcular proyecciones y esperar un repunte que la propia CPC ya no ve este año. Antes de julio, el propio ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, había anticipado que junio, después de cinco meses consecutivos de cifras negativas, podía marcar un punto de quiebre para la economía. Julio se encargó de desmentirlo, la actividad volvió a caer, esta vez 1,5%, la cifra más baja en tres años. El punto de quiebre no era tal, era solo un mes bueno en medio de una serie que sigue sin encontrar rumbo.

Frente al plan para asesinar al alcalde de San Bernardo, la respuesta fue reforzar la custodia policial de un jefe comunal que terminó hospitalizado por una descompensación, mientras la Asociación Chilena de Municipalidades volvía a repetir que los alcaldes están en primera línea sin las facultades, la protección ni los recursos que la primera línea exige, esto mientras el gobierno porfía con una reforma constitucional en seguridad que dos de sus propios senadores, Cristián Vial y Arturo Squella, reconocieron públicamente que habrían votado en contra si la hubiese presentado la oposición, la misma lógica de acumular atribuciones ejecutivas que ha marcado toda la tramitación de la ACOT.

Y frente a un presidente extranjero que llamó «zurdos mugrosos» a miles de chilenas y chilenos, al que se agrega un embajador norteamericano que habló de doctrina Monroe con Kast como socio, la respuesta de la Cancillería fue decir que aquello había sido «una cosa privada entre partidos políticos», como si el actual mandatario no hubiese compartido testera con ambos.

Desde la periferia provincial, donde el tiempo se vuelve más difuso, hay una forma de hacer que demuestra que el crecimiento no se decreta desde un punto de prensa, se construye con tiempo y trabajo sostenido. Tal vez ahí esté la respuesta a la pregunta con la que partió esta columna. Si el camino del país viene con una forma de arrastre y las soluciones están atrás, no es porque no existan, es porque quedaron fuera del foco, empujando desde la popa mientras la proa se llena de anuncios que la próxima marea se encarga de desmentir.

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