Los médicos definen a la enfermedad como una alteración del organismo –que puede ser leve o grave– y que afecta a alguna de las partes del cuerpo, ya sea como consecuencia de un factor interno, o bien, por causas externas.
Por otra parte, investigadores del ámbito de la psicología, señalan que la enfermedad es algo que perturba y que daña a una persona en el ámbito psicológico, pero que luego termina repercutiendo directamente en el plano físico-orgánico, siendo una condición de salud que, en ocasiones, no resulta fácil de combatir o eliminar.
La razón de destacar estas dos visiones acerca de la enfermedad, es simple. Las personas no sólo enferman –y mueren– como consecuencia de males tales como: accidentes cardio- y cerebrovasculares, diabetes, cáncer, Alzheimer, etc., sino que también la mente tiene una gran influencia sobre el cuerpo, y las enfermedades –más a menudo de lo que uno cree–, tienen su origen allí. Analicemos a continuación, algunos de los factores y circunstancias que llevan a las personas a enfermarse:
1. Reprimir las emociones: alude al hecho de impedir que una emoción o estado de ánimo se exprese en forma abierta, tal como por ejemplo: (a) el acto de reprimir la rabia ante una determinada situación que nos afecta, (b) la frustración que se experimenta ante un objetivo que no se cumplió, o (c) el deseo de expresar una opinión acerca de algo que nos incomoda, que amarga y que deja atragantado al sujeto, etc. La gente tiene todo el derecho de expresar los sentimientos, opiniones y emociones que las embargan, mientras lo hagan de forma adecuada, respetuosa y cuando la ocasión lo amerita, sin necesidad de ofender, dañar ni herir a las personas que uno tiene al frente: esto se llama “aprender a ser asertivo”.
2. Por renunciar a los propios sueños: todos tenemos metas y sueños que queremos cumplir, sin embargo, en el momento mismo que decidimos renunciar a ellos, de inmediato nuestro cerebro nos clava en el cuerpo una espina que se entierra cada vez más y que con el pasar del tiempo comienza a infectarse, facilitando aquellas enfermedades del alma llamadas “enfermedades psicosomáticas”.
3. Rodearnos de gente tóxica: al igual que existen sustancias tóxicas y venenosas también existen las “personas tóxicas”, ya sea que se trate de familiares, parientes cercanos o de sujetos “disfrazados de amigos”, quienes se transforman en verdaderos vampiros emocionales que se dedican a absorber nuestra energía interna, fuerza de voluntad, motivación, hasta hacernos la vida imposible. En estos casos, la única salida factible es deshacernos cuanto antes de estos sujetos tóxicos, de otra manera, se corre el riesgo de terminar enfermo.
4. Por guardar rencores y no saber perdonar: el filósofo chino Confucio, decía ya en el siglo V antes de Cristo, que si una persona iba a vivir una vida llena de rencores buscando la venganza en contra de aquél que nos hizo daño, entonces era mejor que comenzara a cavar dos tumbas: una para el enemigo y otra para uno mismo. ¿La razón? El rencor es una emoción negativa y destructiva, ya que envenena, no sólo el alma, sino que también el cuerpo con hormonas que dañan el organismo, tales como el cortisol, adrenalina, noradrenalina, etc. El hecho de ser capaz de perdonar a aquél sujeto infeliz que nos hizo daño, nuestro cerebro lo interpreta de manera positiva generando hormonas de la felicidad.
5. Por vivir pensando en el pasado y no soltar las cosas que nos hacen daño: quedarnos “pegados en el pasado”, pensando en todo aquello que pudo ser y que no fue, se convierte en nuestra mente en una pesadilla recurrente que no nos deja en paz. Es por ello, que hay que saber soltar a tiempo aquello que no pudo ser y concentrarnos en aquello que sí puedo concretar y que depende de nosotros hacerlo. Es preciso mantener en nuestra conciencia el hecho que somos nosotros los principales arquitectos de nuestro propio destino, y el deseo de atribuir a terceros la culpa –o la responsabilidad– por lo que nos pasa a nosotros, no tiene mucho sentido, ni tampoco nos ayuda en nada en el deseo de avanzar y crecer.
La bioquímica del cuerpo vendría a ser el producto resultante de la conciencia, ya que las creencias, pensamientos y emociones producen reacciones químicas que sustentan la vida de las células, cuando lo que experimentamos tiene un origen de carácter positivo. Por el contrario, cuando el evento es de carácter negativo, las reacciones químicas son autodestructivas. Y así como podemos enfermar, también podemos sanar. En este sentido, podemos decir que nuestro cuerpo es la mejor farmacia del mundo, ya que cuando alguien se siente bien y recupera su estado interno de paz y armonía, en este caso, produce de manera natural tranquilizantes y sustancias anti-cancerígenas bajo la forma de “hormonas de la felicidad” y, lo mejor de todo, en las dosis perfectas y, además, gratis.
Digamos, finalmente, que habría que tener muy presente las sabias palabras de don Ramón, el conocido personaje del Chavo del Ocho, quién repetía incansablemente, que… “La venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena”.



