Lo que comienza como una simple búsqueda en internet sobre un medicamento o un síntoma puede terminar afectando seriamente la relación entre un paciente y su médico. Así lo advierten los resultados preliminares de una investigación desarrollada en la Región de Los Ríos, liderada por el doctor Miguel Ángel Carrasco, que analizó cómo determinados rasgos de personalidad interactúan con los algoritmos digitales y terminan impactando directamente en la adherencia a tratamientos médicos.
El estudio evaluó a 333 pacientes ambulatorios y detectó un patrón particularmente preocupante en personas con rasgos neuróticos, es decir, con alta tendencia a la ansiedad, la preocupación y la reactividad emocional. Según los resultados, este grupo tuvo 4,74 veces más probabilidades de desarrollar una espiral de desconfianza médica respecto de pacientes con perfiles más responsables o concienzudos.
“El problema no es solamente que estas personas busquen más información en internet. El problema es que terminan expuestas a contenidos alarmistas y emocionalmente intensos que erosionan progresivamente la confianza en los tratamientos y en sus médicos”, explica el doctor Miguel Ángel Carrasco.
La investigación detectó además una paradoja clínica relevante: los pacientes más afectados por esta dinámica son precisamente quienes más consultan al sistema de salud. Sin embargo, esa mayor frecuencia de consultas no se traduce en mejores resultados terapéuticos.
De acuerdo con los datos del estudio, los pacientes con perfil neurótico registraron la menor adherencia a tratamientos médicos, con apenas un 42,9 %, junto con la tasa más alta de cambio de especialista, alcanzando un 32,1 %. En contraste, los pacientes con perfiles responsables mostraron una adherencia de 59,3 % y una rotación significativamente menor de médicos tratantes.
El doctor Carrasco sostiene que esta conducta está estrechamente vinculada con el funcionamiento de las plataformas digitales y sus sistemas de recomendación.
“Los algoritmos priorizan contenidos que generan emociones intensas como miedo, alarma o indignación, porque eso aumenta el tiempo de permanencia en pantalla. Cuando una persona ansiosa busca información médica, el sistema le termina mostrando justamente los casos más extremos”, señala.
Según el investigador, esta dinámica genera una “burbuja de desconfianza” donde los pacientes comienzan a otorgar más credibilidad a testimonios de internet o foros digitales que a la evidencia científica o a las indicaciones médicas formales.
El estudio también identificó un perfil completamente distinto en pacientes con rasgos abiertos a la experiencia, caracterizados por curiosidad intelectual y mayor tolerancia a la incertidumbre. Aunque este grupo también cuestiona o busca información adicional, lo hace desde una lógica distinta.
“El paciente abierto llega con preguntas, pero no rompe el vínculo médico. Duda desde la curiosidad y no desde el miedo”, explica Carrasco. De hecho, este grupo registró la mayor adherencia terapéutica del estudio, alcanzando un 63,1 %, incluso por sobre los perfiles responsables.
Otro de los hallazgos que preocupa a los investigadores es el impacto clínico de esta dinámica en la continuidad de los tratamientos. Mientras los pacientes que no caen en este ciclo de desconfianza alcanzan niveles de adherencia cercanos al 73 %, entre quienes ya están atrapados en esta espiral la cifra cae drásticamente hasta un 24 %.
Para el equipo liderado por el doctor Miguel Ángel Carrasco, los resultados abren una discusión urgente sobre cómo los sistemas digitales están influyendo en la salud pública y en la relación médico-paciente.
Entre las propuestas planteadas por los investigadores se encuentra incorporar la evaluación de rasgos de personalidad en atención primaria, desarrollar sistemas de inteligencia artificial capaces de adaptar la información médica según el perfil psicológico del paciente y avanzar en regulaciones para plataformas digitales que actualmente amplifican contenidos potencialmente dañinos para personas vulnerables.
“Lo que observamos es que muchas veces el paciente no necesita más información, sino un entorno digital que no amplifique sus miedos y profesionales de salud capaces de comprender que la personalidad también puede transformarse en un factor de riesgo clínico”, concluye Carrasco.
Los resultados de esta investigación aún se encuentran en proceso de revisión por pares, aunque sus autores advierten que más del 20 % de los pacientes analizados ya mostraban signos avanzados de desconfianza médica y abandono terapéutico asociados al consumo de información sanitaria en internet.
Participan en esta investigación el Dr. Miguel Ángel Carrasco García (Clínica Alemana de Valdivia / Universitat Internacional de Catalunya – UIC Barcelona / Observatorio de Comunicación y Salud de Chile UACH-UFRO), la Dra. Ana María Castillo Hinojosa (Universitat Internacional de Catalunya – UIC Barcelona), el Dr. Rodrigo Browne (Universidad Austral de Chile), Friedrich Wolf (Universidad Humboldt de Berlín) y la Dra. Bárbara Klett (Observatorio de Comunicación y Salud de Chile UACH-UFRO).








