El Dr. Gregory Simon, un especialista en psiquiatría que lideró la investigación, señala que en el caso específico de la depresión todo indicaría que la “relación con la obesidad es bidireccional estrecha y compleja, donde una de ellas puede potenciar o causar la otra y viceversa”. Por lo tanto, el hecho de establecer y comprender la conexión entre obesidad y depresión se convierte en una materia importante de Salud Pública, por el simple hecho que, hoy en día, ambas condiciones son muy frecuentes y tienen un impacto significativo en los tratamientos y costos del sistema de salud.
Por un lado, el sujeto obeso tiende a aislarse, a menudo deja de socializar y se deprime –especialmente, en el caso de las mujeres–, en tanto que el individuo depresivo tiene un menor nivel de energía, aumenta su tendencia al sedentarismo y puede aumentar de peso. Además, en la depresión se producen cambios notorios en los patrones de sueño y en la alimentación, y la alteración de los neurotransmisores como la serotonina lleva a los depresivos a ingerir productos con más azúcar, así como carbohidratos.
Otros aspectos clave de la relación obesidad-depresión a tener en consideración, son los siguientes:
• Factores Biológicos: la obesidad provoca inflamación crónica y resistencia a la insulina, factores que están en condiciones de afectar al cerebro y propiciar cuadros depresivos. El exceso de tejido adiposo también desregula el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, elevando los niveles de cortisol u “hormona del estrés” que regula el metabolismo, los niveles de azúcar en la sangre, la presión arterial y la respuesta inmune, y los niveles crónicamente altos de cortisol pueden causar aumento de peso, insomnio y ansiedad.
• Factores Psicosociales: el estigma y rechazo social, la discriminación y la insatisfacción con la propia imagen corporal son factores clave que afectan la salud mental de las personas, derivando en una baja autoestima y depresión.
• Comportamiento Alimentario: la depresión puede provocar la “ingesta emocional” como mecanismo de afrontamiento, es decir, la persona comienza a comer para calmar o suprimir emociones negativas tales como estrés, ansiedad, tristeza, etc., en lugar de satisfacer el hambre física, lo que, finalmente, conduce a la ingesta descontrolada de alimentos hipercalóricos.
• Tratamiento Conjunto: el abordaje de ambas condiciones debe ser de forma integral, ya que el tratamiento de una puede influir positivamente en la otra. La actividad física y la mejora en la alimentación son beneficiosas para ambas patologías.
• Cifras Elevadas: otros estudios indican que más del 60% de las personas con obesidad pueden presentar síntomas de depresión.
Y para complicar más las cosas para los pacientes obesos adultos mayores que sufren de diabetes, una investigación del Instituto Karolinska de Suecia que incluyó a más de 1.100 personas mayores de 70 años sacó a la luz que estos pacientes muestran un 25% más de peligro de llegar a desarrollar una forma de demencia como el Alzheimer. La relación diabetes-Alzheimer es tan fuerte que algunos especialistas califican al Alzheimer como la “diabetes tipo 3”.



