Duelo humano tecnológico por la transición de ChatGPT-4 a ChatGPT-5: su gran impacto en la salud mental

En agosto de 2025, la comunidad de usuarios de ChatGPT (Generative Pre-trained Transformer, en inglés) experimentó un intenso período de disrupción intelectual y emocional debido a la retirada temporal del popular GPT-4, la sustitución por ChatGPT-5 y la posterior “reintroducción de GPT-4, tras el descontento generalizado de los usuarios de todo el mundo”. Estos eventos se desarrollaron en el transcurso de pocos días, y fueron ampliamente debatidos y discutidos en las plataformas en línea.

Para muchos de los usuarios, la desaparición de “GPT-4, a menudo percibido como más cálido y cercano”, y la llegada de un nuevo modelo descrito como “más frío y menos receptivo”, plantearon una serie de interrogantes sobre el apego a estos modelos de Inteligencia Artificial (IA), el sentimiento de pérdida y los costos psicológicos para las personas vinculadas a las rápidas actualizaciones de la IA.

Si bien los grandes modelos de lenguaje (Large Language Models, LLM, en inglés) son vividos cada vez más por parte de las personas como “socios relacionales”, de acuerdo con una investigación llevada a cabo por Véronique Donard y José Carlos Ribeiro y publicada en abril de 2026, existe muy poca investigación empírica acerca de cómo los usuarios experimentan emocionalmente los cambios abruptos que se producen en estos sistemas de IA, los que han sido diseñados para comprender y, al mismo tiempo, generar texto o lenguaje similar a como lo haría un ser humano.

Este estudio se dedicó a investigar los impactos psicológicos, afectivos y cognitivos relacionados con la eliminación de GPT-4 y su reemplazo por el modelo de IA GPT-5 en agosto de 2025, a fin de analizar las consecuencias que tuvo en el bienestar de los usuarios mediante la exploración del fenómeno emergente del “duelo tecnológico”.

El “duelo tecnológico” (o grief tech, en inglés) es la utilización de la IA y de entornos digitales para simular, recrear o interactuar con la identidad, voz y apariencia de seres queridos, incluso de aquellos fallecidos. Las empresas relacionadas con este tema utilizan datos y perfiles disponibles a fin de generar avatares o “griefbots” capaces de conversar como lo harían los seres queridos, incluyendo una persona muerta. Esta realidad trae consigo tanto beneficios como peligros y dilemas éticos, a saber:

1. Alivio emocional: para muchas personas, escuchar una voz simulada o interactuar con avatares resulta reconfortante, ayudándoles a asimilar el proceso de pérdida de manera paulatina.

2. Evitación psicológica: los expertos advierten que sustituir a un ser querido por un doble artificial puede frenar la elaboración natural del duelo, fomentar conductas de evitación y difuminar los límites entre la realidad y la simulación.
Donard y Ribeiro definen el concepto de “duelo tecnológico” como la “respuesta afectiva a la pérdida percibida de un socio digital”. Para ello, utilizaron un marco teórico basado en: 1. La teoría de la individuación de Gilbert Simondon que conceptualiza los objetos técnicos no como artefactos fijos, sino como entidades que participan en procesos continuos asociados al devenir de las personas.

3. La cibernética de segundo orden, es decir, la “cibernética de los sistemas observadores” que incluye al observador como parte integral del sistema, al reconocer que su subjetividad influye en la observación.

4. La cognición distribuida, a saber, un enfoque que postula que los procesos mentales no ocurren solo dentro de la cabeza de un individuo, ya que el pensamiento, la memoria y la resolución de problemas se distribuyen colaborativamente entre personas, herramientas –como calculadoras o notas– y el entorno, con la finalidad de poder interpretar las “reacciones de los usuarios como señales de perturbaciones dentro de los sistemas humano-inteligencia artificial”.

Diversas investigaciones muy recientes en relación con la psicología y la interacción persona-computadora han sacado a la luz que los usuarios de estos sistemas ya no consideran la IA como una simple herramienta, sino que las personas “desarrollan vínculos emocionales significativos con los sistemas conversacionales”, en tanto que otras investigaciones sobre IA de acompañamiento social y chatbots relacionales, han documentado “procesos de antropomorfismo, interacción parasocial y apego relacional en la interacción persona-inteligencia artificial”. Este conjunto de investigaciones indican que “la IA conversacional podría funcionar cada vez más como un artefacto relacional integrado en la vida cognitiva y emocional de los usuarios”.

Algunas de las emociones experimentadas por los usuarios en este estudio en relación el cambio tecnológico fueron las siguientes: nostalgia, pérdida, duelo, frustración, ira, indignación, ansiedad, confusión, miedo y resignación. Incluso más: estudios recientes que destacan tanto el potencial como los riesgos para el bienestar de los usuarios muestran que la antropo-morfización de los sistemas de IA conducen a “pensamientos delirantes, desregulación emocional y retraimiento social”.

Más allá de su mera utilidad instrumental, los grandes modelos de lenguaje (LLM) y los agentes conversacionales se perciben cada vez con mayor frecuencia como verdaderos socios en el trabajo cognitivo, en la regulación emocional y en la toma de decisiones cotidianas. Esta integración se extiende –peligrosamente– al campo de la psicoterapia, donde la “IA se utiliza como terapeuta sustituto”, no obstante que presenta grandes falencias y fallas críticos, o bien, como copiloto de IA. Lo anterior, a pesar de que el sujeto que utiliza estos sistemas está consciente de que está hablando con una máquina, y que lo sofisticado de la simulación permite que la ilusión de alteridad persista.

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