Por Katherine Soto
Egresada de periodismo de la Universidad Austral de Chile
El parque Alerce Costero, en mapudungún Mapu Lahual, traducido como Mar y Tierra de Alerces, se ubica entre las comunas de Corral y La Unión. Fue fundado en el año 2010 producto de una colaboración público-privada entre el Estado de Chile y la ONG The Nature Conservancy, contando actualmente con una superficie aproximada de 24 mil hectáreas. Su ambiente se caracteriza por abundantes precipitaciones y una alta humedad en el entorno.

Según información publicada por CONAF, el parque representa ambientes naturales valiosos por la presencia de bosques con alerces milenarios. Ante esto, algunos de sus principales atractivos son los abundantes bosques de alerces milenarios, los senderos y miradores para el avistamiento de fauna, así como el Abuelo Alerce Milenario, un árbol con más de 3.500 años de antigüedad.
Además, el parque es especialmente relevante por albergar ecosistemas únicos, con especies endémicas que conforman alrededor del 60% de su totalidad, según datos proporcionados por CONAF a través de su página web. En el parque, existe una huella histórica que hoy en día permanece abandonada.
Se trata del antiguo trazado de la Ruta T-720, que alguna vez conectó las comunas cercanas al parque. Según detalla un Estudio de Impacto Ambiental (EIA) en torno a la ruta, “la vía dejó de ser utilizada en los años 80 debido al derrumbe del puente La Piedra”, lo que generó esta pérdida de conectividad entre las localidades de Corral y La Unión.
El camino abandonado actualmente cuenta con irregularidades, su huella es pedregosa y difícil de transitar. En conversación con Rafael Recabal, inspector fiscal del Ministerio de Obras Públicas Los Ríos, se mencionó que “frente a la falta de mantención, se perdió la conectividad en todo el tramo de la T-720, así comenzaron a crecer nuevos alerces y el sitio quedó prácticamente inutilizado”.
La solicitud de rehabilitar el camino data del año 2008, apenas conformada la región de Los Ríos. Entre sus ejes principales estaba definida la recuperación de la conectividad entre los sectores de Corral y La Unión. Dicho plan de restauración generó posturas divididas debido al alto valor ecológico del parque, con la presencia de un bosque nativo en regeneración y especies endémicas que actualmente están protegidas.
Según datos del Estudio de Impacto Ambiental publicado el año 2019, el trazado que atraviesa el parque cuenta con una extensión aproximada de 10 kilómetros, y frente al colapso del puente La Piedra y el estado deteriorado del camino, el Ministerio de Obras Públicas (MOP) planificó su rehabilitación a partir de tres tramos.
De acuerdo con el MOP Los Ríos, a través de una publicación en su página web, la restauración del puente fue un gran avance para “devolver la conectividad terrestre entre la Provincia del Ranco y el puerto de Corral”, y actualmente se espera poder desarrollar la reparación del segundo tramo.
Al respecto, Jorge Alvial, delegado presidencial regional de Los Ríos, señaló en la misma publicación: “hemos coordinado reuniones estratégicas para poder ejecutar el mejoramiento del tramo 2 de esta ruta, que es el único que resta para completar la conectividad”.
Por lo anterior, Rafael Recabal explicó que, “para poder continuar con el proyecto, se licitó una consultoría para realizar un catastro de la vegetación, donde se detectaron diversas especies”. De este modo, se exigió un estudio de impacto ambiental, que permitió el ingreso del proyecto al Sistema de Evaluación Ambiental (SEIA).
“Ahí comenzaron las medidas de mitigación y compensación, donde, por efecto de la norma legal respecto a la tala de alerces, se mitiga con la restauración, compensación y reforestación de la misma especie”, explicó Rafael. Además, especificó que “en el estudio, se desmintió todo lo relacionado a la tala de árboles, las falsas ideas de la gente fueron aclaradas y se convocó una instancia de participación ciudadana para aclarar dudas y consultas”.
A pesar del interés institucional y los esfuerzos por concretar el plan de reparación, diversas organizaciones científicas y medioambientales se pronunciaron en contra del proyecto. De acuerdo con el medio Diario El Ranco, existen dos puntos de vista, “los que se encuentran a favor de realizar la reapertura del camino, teniendo en cuenta los beneficios sociales y turísticos”, y por otro lado, quienes apelan al cuidado del parque.
Una mirada ambientalista

Rocío Urrutia ha manifestado abiertamente su oposición hacia el proyecto vial T-720. Desde su rol como académica y actual presidenta de la Corporación Alerce, ha elaborado numerosas publicaciones que evidencian los principales peligros que podría enfrentar el parque si fuera intervenido.
En sus palabras, “se trata de un Parque Nacional, por lo tanto, es la categoría más alta que existe en las áreas protegidas. El parque resguarda objetos de conservación, y mi rol es que, frente a potenciales amenazas, debo estar ahí para que se cumpla la ley”. En este sentido, según Rocío, la intervención impactaría directamente a la población de alerces que se encuentran en la ruta.
Entre las medidas de mitigación del estudio técnico al cual fue sometido el proyecto, se declaró la reposición y reforestación de los alerces intervenidos, pero para Rocío, esta no es una opción viable. “Reubicar alerces no asegura su conservación, menos aún bajo las condiciones secas y calurosas que estamos experimentando con el cambio climático. El alerce es una especie adaptada a las condiciones húmedas, además de ser bastante sensible”, asegura Urrutia.
Entre las principales amenazas que podrían afectar al parque, está la presencia de incendios. “Un alto porcentaje de incendios están asociados a la presencia de caminos, y están siendo cada vez más severos, abarcando muchas más áreas porque las condiciones han ido cambiando, con climas más calurosos y secos”.
Por lo anterior, son múltiples las afectaciones previstas en torno al proyecto T-720. Urrutia lo especificó en 2023 a través de un informe público, que relata los impactos ambientales irremediables. Entre ellos, se encuentra la llegada de especies invasoras y animales asilvestrados, la fragmentación del hábitat y el impacto directo en la regeneración del alerce y ciprés.
Para Urrutia, el problema también recae en la denominación de interés nacional para el proyecto, el cual a mediados de agosto de este año adquirió esa categoría. Así lo indica la asociación Costa Los Ríos, afirmando, además, que el Segundo Tribunal Ambiental “rechazó actualizar la declaratoria de Interés Nacional”, ya que no significa que el hábitat pueda ser alterado o intervenido.
A pesar de que el proyecto inicial desistió y se encuentra actualmente inconcluso, para Rocío aún es preocupante la presión política que busca forzar el proyecto. Así lo evidencia también el medio Río En Línea, asegurando que “los alcaldes de Corral y La Unión pidieron al Gobierno poder acelerar las gestiones que permitan avanzar con la concreción de la ruta T-720”.
En conversación con Vicky Kauzlarich Rojas, Encargada de Evaluación y Fiscalización de Ecosistemas CONAF, las debilidades del proyecto no pasaron desapercibidas para la entidad. Según la encargada, el proyecto, tras ser sometido al SEIA (Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental) fue rechazado, debido a las numerosas especies de alerces que no fueron correctamente identificadas.
“CONAF exigió en el estudio técnico la reforestación de la especie intervenida, entonces, cuando nos llegó el permiso sectorial lo rechazamos, porque había numerosos alerces que no fueron correctamente identificados”, aseguró Kauzlarich, quien afirmó, además, que los estudios eran deficientes.
En este sentido, para CONAF, la principal problemática en torno al proyecto recae en la incorrecta contabilización de la población de alerces, ya que impide una correcta acción de mitigación. “Mientras haya un solo alerce en la hectárea, la ley prohíbe la intervención del espacio, entonces, las irregularidades en el estudio imposibilitaron su aprobación”, manifestó la encargada.
La postura de la corporación coincide con los argumentos de Rocío Urrutia, ya que según Kauzlarich “los alerces son particularmente sensibles. Para CONAF el traslado de alerces no es viable, porque la especie se comunica por raíces y nacen a partir de estas. Entonces, la idea de removerlos y trasladarlos puede ser un potencial peligro para la conservación de la especie”.
Las diferencias entre ambos sectores y las posturas contrastantes que sostienen tanto instituciones como organizaciones medioambientales, evidencian el desequilibrio existente entre conservación, conectividad y progreso.
Mientras que, por un lado, se exige el resguardo de un espacio irreemplazable, por el otro, las instituciones intentan equilibrar dichas exigencias con sus propios intereses. Esto deja en evidencia que, más allá de los aspectos sobre conectividad y conservación, lo que realmente se disputa en la verdadera importancia del patrimonio local.
Frente a este cruce de intereses y disputas por la protección de un espacio tan emblemático como lo es el Parque Nacional Alerce Costero, el desafío aún vigente evidencia la necesidad de establecer metas claras, realistas y empáticas con aquello que simboliza un espacio de gran relevancia ecológica y patrimonial.








