Un nuevo paso en materia de gestión ambiental dio ASENAV, luego de completar el proceso de medición de su huella de carbono y recibir la certificación correspondiente del programa HuellaChile, iniciativa del Ministerio del Medio Ambiente que entrega un marco metodológico para la cuantificación y gestión de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).
El proyecto, que comenzó en febrero de este año, tuvo como uno de sus primeros desafíos determinar el alcance de la medición, optándose por considerar a la organización en su totalidad y no limitarla exclusivamente a sus plantas productivas en Valdivia, lo que incluye sus oficinas y bodegas en Santiago.
El levantamiento contempló distintas fuentes de emisiones, entre ellas combustión estacionaria y móvil, emisiones fugitivas, consumo de electricidad y emisiones indirectas asociadas al transporte y a los productos e insumos utilizados por la compañía, catastro que fue liderado por el área de Administración y Finanzas junto a Prevención de Riesgos.
Para ASENAV, esta certificación adquiere especial relevancia en un contexto en que la industria marítima enfrenta el desafío de reducir progresivamente sus emisiones de gases de efecto invernadero. De hecho, la Organización Marítima Internacional (IMO) ha establecido metas de reducción de GEI para las próximas décadas, impulsando al sector hacia la incorporación de nuevas tecnologías y soluciones de menor impacto ambiental.
“Si bien la operación de una nave concentra la mayor parte de las emisiones de su ciclo de vida, como astillero tenemos control directo sobre el proceso constructivo y, a través del diseño y las tecnologías que incorporamos, también podemos influir en su desempeño durante la producción. Medir nuestra propia huella es un primer paso para entender dónde estamos y así poder avanzar con acciones concretas que beneficien a nuestro entorno”, aseguró Javier Sotomayor, gerente de administración y finanzas de ASENAV.
En este sentido, la cuantificación no solo permite conocer las emisiones asociadas a la actividad del astillero, sino que también incorpora una perspectiva de ciclo de vida a la construcción naval. Desde el diseño y la selección de tecnologías hasta los procesos productivos, las decisiones que se toman durante la fabricación pueden contribuir a que las embarcaciones enfrenten de mejor manera las nuevas exigencias ambientales de la industria marítima.
“No se puede reducir lo que no se conoce. Contar con una medición de nuestra huella nos permite establecer una línea base y, a partir de ella, identificar oportunidades de mejora. Además, hacerlo bajo el programa HuellaChile nos entrega una metodología reconocida y transparente para avanzar en la gestión del carbono como parte de nuestra estrategia de sostenibilidad”, agregó el ejecutivo.











