Una esposa o pareja que regula todos los aspectos de una relación puede parecer una verdadera pesadilla nocturna, sin embargo, hay parejas en las que el estilo dominante de la mujer se complementa con el estilo pasivo del hombre.
Son ellas quienes les dicen a sus parejas qué ropa o traje ponerse para ir a una fiesta, qué pueden comer y beber, y a qué hora deben partir hacia sus casas. Ante cualquier seña o acotación por parte de la mujer, el varón asiente rápidamente y, sin que medie debate o argumento alguno, él hace lo que ella dice.
Estos hombres son conocidos popularmente con el nombre de “macabeos”, un concepto coloquial que surgió de una conocida tira cómica creada por el dibujante Leoncio Rojas Cruzat y que estaba protagonizada por Macabeo, un hombre sumiso y bonachón. El personaje caló tan hondo en la cultura popular, que el nombre se convirtió en sinónimo de esta conducta sumisa.
Ahora bien, estos hombres sometidos suelen recibir las miradas compasivas de sus amigos, a menudo acompañadas de burlas y comentarios irónicos, y aunque muchos creen que se trata de una situación a la que llegaron por pura mala suerte en el amor, lo cierto, es que este tipo de relación suele producirse porque el estilo dominante de la mujer viene a complementarse con la pasividad del varón en la vida de pareja.
La Dra. Gail Saltz, psiquiatra y psicoanalista norteamericana, señala que en muchos casos, los hombres no se dan cuanta cabal de que están siendo manipulados, ya que su “propio estilo de personalidad facilita la conducta, por cuanto, puede resultarles fácil que su pareja les ordene y organice la rutina, que tome las decisiones en relación con los gastos o maneje integralmente la casa y la familia”.
Paralelamente, puede suceder que estos hombres tengan baja su autoestima, lo que los lleva a mantener la estabilidad de la relación, haciendo las cosas que su pareja les pide. Para ellos, las mujeres están haciendo un esfuerzo honesto por agradarle a la persona que aman y por mantener una vida armónica.
Este balance puede funcionar durante un tiempo, sin embargo, en algún momento, ambos terminan por colapsar. Si bien, la pareja dominante hace eco en la susceptibilidad del otro de ser controlado y de estar con alguien que los hace sentir protegidos, el control ejercido por la mujer puede pasar al abuso, en cuyo caso, el hombre comienza a sentir que está perdiendo su propia identidad.
En este sentido, de acuerdo con la Dra. Saltz, el hombre puede sentir que son ciertas todas las críticas que le hace su pareja, comienza a vivir bajo el miedo de hacer algo que le parezca incorrecto a su mujer, empieza a mentir con la finalidad de tener un espacio personal, y fantasea, en silencio, con la posibilidad de escapar de una relación que se ha vuelto insana.
Por otra parte, el Dr. Phillip Calvin McGraw, psicólogo más conocido por su programa televisivo “Dr. Phil” y “Dr. Phil Primetime”, señala que existe “un grupo de mujeres controladoras que no buscan dominar a sus parejas con fines negativos, sino que sienten que son ellas, verdaderamente, las que mejor saben lo que se requiere para mantener la relación”. Son mujeres que suelen “ser perfeccionistas y detallistas”, quienes ponen atención hasta en los más pequeños detalles y que organizan “sus vidas y la vida de los demás”.
Debido al hecho que ellas suelen relacionarse con hombres de carácter más pasivo, esa sumisión refuerza en ellas la idea de que se necesita de su permanente control para que la vida de pareja siga su curso normal. Ahora bien, ante la ausencia de apoyo por parte de los varones, comienzan a criticar a sus parejas, pidiéndoles que tomen decisiones, pero, a continuación, tienden a revertirlas, o simplemente, a no tomarlas en cuenta, creyendo que ellas pueden hacerlo mucho mejor.
En el caso de los varones, el Dr. McGraw explica que ellos suelen buscar y apreciar la calma en las relaciones de pareja y evitar las confrontaciones. Ante las demandas de la mujer, ceden fácilmente pensando que con ello están haciendo lo correcto. En algunos casos, el manejo del dinero, el pago de las cuentas o de las rutinas cotidianas les resulta incómodo o desagradable, a raíz de lo cual, optan por dejarles ese ámbito a sus parejas.
Ahora bien, al igual que la Dra. Saltz, el Dr. McGraw señala que estos varones “presentan problemas de autoestima y dudan acerca de las decisiones que han tomado”, y puestos ante múltiples alternativas, prefieren que sea la pareja quien escoja la más apropiada o la más conveniente. Ante las críticas de parientes o amigos, ellos tienden a defender a sus parejas.
Al principio esta conducta o actitud de sometimiento puede hacer más fácil la rutina, sin embargo, a la larga se va produciendo “una falta de confianza mutua que afecta y daña la relación, y los hombres terminan por sentirse poco valorados y sin una identidad propia o una vida personal”.



