Camilo Gómez | @noticiaslosrios

E n un programa radial de la comuna un concejal manifestó sentirse “como un salvador” cuando los vecinos requerían su asistencia o participación en la solución de los problemas que les aquejan. Seguramente dicha mención la realizó de buena fe, pero nos permite reflexionar acerca de como se perciben algunos políticos a sí mismos, cómo los percibe la gente y lo que es más importante, cómo deberían ser.

     

Por Camilo Gómez
Columnista noticiaslosrios.cl

En primer lugar, es natural que las personas se acerquen a sus autoridades, las llamen y requieran su apoyo, no porque vean en ellos, necesariamente, personas más capaces o confiables, lo que sin duda sería deseable, sino porque todos sabemos, o intuimos que las autoridades políticas tienen a su disposición herramientas que el común de los ciudadanos no posee: recursos públicos, acceso a profesionales y asesores, comunicación directa con autoridades sectoriales, etc.

Luego, es comprensible que a lo anterior se agregue el hecho de que los ciudadanos se sientan con el legítimo derecho de requerir y hasta exigir de sus representantes políticos el actuar frente a una amenaza, un problema o una necesidad, pues esa es la razón por la que se les entrega este poder político: para usarlo.

En tercer lugar, surge la duda de cómo los políticos se perciben a sí mismos. Es lógico que, en el ejercicio del poder, la toma de decisiones, la elección de cargos de confianza y la posibilidad de dar trabajo en el sector público a quienes apoyaron sus campañas es una tentación permanente, que les puede hacer sentir poderosos y se pierda la modestia (característica de las campañas) al ver la sonrisa de la gente, «la buena onda», como un legítimo aprecio, cuando muchas veces esta respuesta simplemente sea una cortesía con la autoridad, de la cual dependen muchas cosas. Sobre todo, teniendo en cuenta las cifras de percepción ciudadana en Chile respecto a nuestros políticos que deja bastante que desear, la ciudadanía en general no quiere a los políticos y seguramente, algo habrán hecho para que así sea.

Finalmente, es importante que los políticos comprendan que no son salvadores, y que la ciudadanía no necesita salvadores, lo que se requiere son personas con la capacidad de trabajar, que sepan lo que hacen y que muestren un genuino interés en crear nuevas oportunidades para su comunidad, que no se confundan en su rol. Creo, que los salvadores deben estar en los templos, en la política solo debe haber servidores públicos.