Liderazgo destructivo y jefaturas mortales

Si alguien piensa que el título de este artículo es “exagerado”, le sugiero que continúe leyendo y podrá constatar que, en realidad, el título se queda muy corto, si de reflejar ciertas situaciones laborales que han sucedido –y siguen sucediendo– en pleno siglo XXI, se trata.

Este primer ejemplo –que está tomado de la vida real– se los hago estudiar y analizar a mis estudiantes del Programa de MBA de la Universidad Austral de Chile con sede en Valdivia y Puerto Montt, con la esperanza de que no se repita nunca más en ningún país este tipo de situaciones, por cuanto, a raíz del pésimo ambiente laboral reinante en la empresa francesa France Télécom, dicha compañía –de acuerdo con información suministrada por los Sindicatos de la empresa– perdió entre los años 2008 y 2010 a 49 de sus trabajadores, quienes, en función de las malas prácticas laborales de la Gerencia, optaron por suicidarse.

Posteriormente, durante el año 2014 se produjo una segunda ola de suicidios –diez en total¬: tres mujeres y siete hombres– debido al estilo abusivo de trabajar, gestionar y liderar en esta empresa, lo que da cuenta del ambiente podrido que continuó reinando en esta organización y que terminó con el Gerente General de la empresa, Didier Lombard, en los tribunales de justicia y encarcelado durante un año, junto a dos de sus Gerentes.

En el caso particular de France Télécom, el ejercicio de un liderazgo extremadamente tóxico se asocia con jefaturas –u “ogro sapiens”– que practicaban conductas abusivas, acoso laboral (o mobbing), con niveles de exigencia tan desmedidos que condujeron a los trabajadores a vivencias extremas de estrés crónico, síndrome de burnout y suicidios.

El segundo ejemplo se relaciona con Japón y se asocia al conocido “fenómeno del karoshi”, donde las jornadas laborales extenuantes y la presión psicológica por parte de las jefaturas se vinculan directamente con la muerte de muchos trabajadores por exceso de trabajo y, por cierto, de suicidios. Todo esto documentado a través de múltiples casos.

Y ¿cuáles son las características principales de este “estilo de liderazgo destructivo”?

1. Abuso de poder: humillaciones públicas, insultos, amenazas constantes de despido.

2. Micromanagement extremo: control absoluto y asfixiante sobre cada mínimo detalle de las tareas del trabajador.

3. Ausencia total de empatía: desprecio por el bienestar del personal, sin respeto alguno por los horarios de descanso de la gente.

4. Expectativas irrealistas: asignación de cargas de trabajo imposibles de cumplir en horarios laborales normales que fomentan una cultura organizacional de explotación.

Por oposición a tan reprochable conducta, es preciso destacar que las cosas se pueden hacer de una manera totalmente distinta, a saber: podemos tener una empresa en donde existan altos índices de exigencia y eficiencia, pero con predominio de un ambiente grato y acogedor, sin que por ello se pierdan las metas de productividad y de calidad necesarias para que una organización pueda tener éxito y competir en los mercados, basados, eso sí, en premisas básicas y esenciales de un buen trato hacia el colaborador, bajo el alero de un comportamiento ético y con un norte claro que apunte a la Responsabilidad Social Empresarial (RSE).

Por lo tanto, para que la RSE se valide a sí misma, ésta debe, necesariamente, partir y comenzar por casa. Ello implica preocuparse por entregar un buen trato –y un trato que sea digno– a quienes representan el capital más importante de una organización: su Capital Humano. Por cuanto, tal como muy bien lo señala el investigador francés Charles-Henri Besseyre des Horts: lo que “diferencia a una empresa que tiene éxito de otras que no lo tienen, son, ante todo, las personas, su entusiasmo, su motivación, su creatividad, su honestidad, en tanto que todo lo demás se puede comprar, aprender o copiar”.

Por otra parte, hay que dejar establecido que si bien el liderazgo no es un concepto moral, desde mi personal punto de vista, si no tiene un componente ético asociado a su práctica, entonces, desde ese mismo instante, se convierte en un liderazgo inane, claramente destructivo y negativo que comienza a corroer y derruir los pilares que componen el armazón de cualquier organización, sea ésta pública o privada.

La psiquiatra francesa Marie-France Hirigoyen es muy clara y enfática cuando señala que es posible “destruir” a un trabajador por medio de ejercer sobre él burlas, miradas despectivas, insinuaciones mal intencionadas, por el uso del sarcasmo y la ironía ácida, adoptar actitudes claramente agresivas, así como por el uso de descalificaciones personales, entre otras. Este conjunto de malas prácticas es lo que la especialista francesa denomina “acoso moral” –o también “acoso psicológico”– y, para desgracia del ser humano, estas malas prácticas se pueden dar, asimismo, en la familia o con la pareja.

En este sentido, los “acosadores profesionales” son gente perversa que tienen mucho poder y que no tienen ningún tipo de escrúpulos a fin de usar y manipular a otros, ya que para estos sujetos, las personas se convierten en meros objetos para llevar a cabo sus planes y objetivos, y sobre las cuales descargar su crueldad y maldad.
Bajo estas condiciones, el gran objetivo es estar alerta y detectar a tiempo si estamos frente a un «homo sapiens» o bien, ante un «ogro sapiens» con el fin de poder librarnos de la posibilidad de ser objeto de sus prácticas destructivas.

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