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Geólogo Felipe Aguilera analiza los 15 años del Cordón Caulle: La erupción que cambió la vulcanología chilena

En conversación exclusiva con noticiaslosrios.cl el vulcanólogo Felipe Aguilera, director del Instituto Milenio Ckelar Volcanes y académico de la Universidad Andrés Bello, analizó los aprendizajes que dejó la erupción del complejo Puyehue-Cordón Caulle en 2011. Destacó que fue uno de los pocos casos en el mundo donde se logró preever una erupción con horas de antelación, valoró el rol del Observatorio Volcanológico de los Andes del Sur (OVDAS) y advirtió que, aunque las instituciones chilenas están preparadas para enfrentar emergencias volcánicas, aún es necesario fortalecer la cultura preventiva de las comunidades.

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A 15 años del Cordón Caulle: la erupción que transformó la vigilancia volcánica en Chile

A las 14:45 horas del 4 de junio de 2011, una gigantesca columna de cenizas comenzó a elevarse desde el complejo volcánico Puyehue-Cordón Caulle, en la cordillera de la Región de Los Ríos. Durante las horas siguientes, el material expulsado alcanzó cerca de 15 kilómetros de altura, mientras miles de personas eran evacuadas de sectores cercanos y una nube de cenizas iniciaba un recorrido que terminaría afectando incluso el tráfico aéreo de Australia y Nueva Zelanda.

La erupción dejó una profunda huella en las comunidades del sur de Chile y Argentina. El material volcánico alteró cursos de agua, afectó la conectividad aérea, provocó problemas sanitarios y generó impactos económicos que se extendieron durante meses. Pero también marcó un antes y un después para la ciencia volcánica chilena.

Quince años después, el vulcanólogo Felipe Aguilera, director del Instituto Milenio Ckelar Volcanes y profesor titular de la Universidad Andrés Bello, sostiene que el principal legado del evento no fue únicamente la magnitud de la erupción, sino la posibilidad de anticiparla.

“Lo más relevante que se aprendió de la erupción fue el hecho de que fue posible anticiparse al proceso eruptivo. Ha sido una de las pocas experiencias a nivel mundial donde fue posible indicar, con siete horas de anticipación, que se produciría una erupción de forma inminente”.

Las siete horas que cambiaron la historia

Días antes de la erupción, los instrumentos instalados en el complejo volcánico comenzaron a registrar un aumento sostenido de la actividad sísmica.

Según Aguilera, los científicos observaron cómo se incrementaba tanto la cantidad como la magnitud de los eventos sísmicos asociados al volcán.

“Dos días antes del inicio de la erupción comenzaron a incrementarse fuertemente no solo la cantidad de sismos, sino también su magnitud. Ese fue el principal precursor para determinar que una erupción venía”.

Aquella información permitió que las autoridades decretaran alerta roja antes del evento eruptivo y ejecutaran evacuaciones preventivas en sectores de riesgo. Para la comunidad científica, aquello representó un caso excepcional.

“Eso es un caso de éxito tremendo y generó una gran cantidad de aprendizajes, no solo para Chile, sino también para distintos observatorios vulcanológicos a nivel mundial”.

De Chaitén al Cordón Caulle

La historia de este éxito comenzó tres años antes.

La erupción del volcán Chaitén, en 2008, había dejado en evidencia las limitaciones existentes para el monitoreo volcánico en el país. Como respuesta, se fortaleció el Observatorio Volcanológico de los Andes del Sur (OVDAS), dependiente de Sernageomin.

Cuando el Cordón Caulle inició su proceso eruptivo en 2011, ya era uno de los volcanes prioritarios dentro de la red de vigilancia nacional. La diferencia respecto a Chaitén fue evidente.

“La evacuación se realizó de manera preventiva y mucho más ordenada. No generó los traumas que produjo Chaitén”.

El especialista recuerda que en el caso de Chaitén la evacuación debió ejecutarse en medio de la emergencia, mientras que en el Cordón Caulle existió tiempo para preparar la respuesta y reducir el impacto social sobre las comunidades afectadas.

Un laboratorio natural para la ciencia

La erupción no solo generó enormes desafíos para la gestión de emergencias. También abrió una oportunidad científica única.

La red instrumental permitió registrar de manera continua la evolución del volcán antes, durante y después de la erupción, generando una cantidad de información inédita para los investigadores.

Uno de los hallazgos más relevantes fue la identificación de la estructura interna del sistema volcánico.

“Durante el proceso fue posible determinar la localización de varios cuerpos de magma, incluyendo uno cuyo techo está prácticamente a un par de cientos de metros de la superficie”.

Ese conocimiento permitió comprender mejor cómo funciona el complejo volcánico y cuáles podrían ser las zonas de emisión en futuros procesos eruptivos.

“Gracias a la enorme cantidad de datos obtenidos durante la erupción, hoy conocemos muy bien la estructura interna del Cordón Caulle y entendemos mucho mejor cómo funciona este sistema volcánico”.

La nube de cenizas que dio la vuelta al mundo

Los efectos del evento trascendieron ampliamente las fronteras chilenas.

La caída de ceniza afectó durante meses amplias zonas de la Patagonia argentina, generando problemas en el transporte, interrupciones de servicios básicos y complicaciones sanitarias asociadas a la inhalación de partículas volcánicas.

Pero el fenómeno alcanzó una dimensión aún mayor cuando la columna eruptiva inyectó cenizas a capas altas de la atmósfera.

“Esta columna de cenizas empezó a girar alrededor del hemisferio sur y comenzó a generar problemas en el tránsito aéreo”.

La nube volcánica fue detectada a miles de kilómetros de distancia y provocó cancelaciones de vuelos en distintos países.

“Esto incluso se llegó a detectar en países tan lejanos como Australia y Nueva Zelanda”.

Un volcán que sigue activo

Aunque han pasado quince años desde la erupción, el Cordón Caulle continúa siendo un sistema volcánico activo.

Aguilera explica que actualmente existen emisiones fumarólicas y actividad hidrotermal en distintos sectores del complejo, especialmente en áreas asociadas a las erupciones de 1960 y 2011.

El monitoreo también ha evolucionado considerablemente.

“Actualmente el volcán cuenta con seis estaciones sísmicas y estaciones GPS de precisión milimétrica que permiten detectar si el volcán se está inflando o desinflando”.

A ello se suman herramientas satelitales capaces de detectar anomalías térmicas y deformaciones superficiales en tiempo casi real.

La tarea pendiente

Pese a los avances científicos y tecnológicos, Aguilera cree que Chile aún enfrenta un desafío importante: fortalecer la cultura preventiva frente a las amenazas volcánicas.

“A diferencia de lo que ocurre con terremotos y tsunamis, en los eventos volcánicos la comunidad tiene un nivel de preparación mucho más bajo”.

No obstante, destaca el trabajo coordinado que desarrollan actualmente Sernageomin y Senapred para enfrentar este tipo de emergencias.

“Nos falta generar más cultura en la comunidad, pero nuestras instituciones están muy bien preparadas para enfrentar estos procesos”.

Para el investigador, el futuro pasa por profundizar estudios sobre riesgo volcánico, comprender mejor cómo estos fenómenos afectan a las comunidades y seguir fortaleciendo la educación pública.

Quince años después, los registros del Cordón Caulle continúan entregando respuestas a la ciencia. Pero también recuerdan una lección que sigue plenamente vigente en uno de los países más volcánicos del planeta.

“Chile es un país tremendamente volcánico. El 80% de nuestra cordillera corresponde a estructuras volcánicas, muchas de ellas activas. Es necesario mantenerse informado siempre a través de los canales oficiales y aprender cómo actuar frente a una erupción”.

Escucha la entrevista completa a continuación:

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