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Menos Estado, menos Democracia

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Por Juan Moreira Patiño
Periodista y Magíster en Educación Ambiental

En Chile, hay un discurso que se repite como mantra en ciertos sectores: “menos Estado”. Lo dicen con convicción, con una aparente defensa de la libertad, del emprendimiento, de la eficiencia. Pero cuando uno escudriña un poco la superficie, lo que aparece no es precisamente una épica libertaria, sino algo mucho más estratégico: la comodidad de operar sin control.

Porque seamos claros: en un país donde los escándalos de fraude, colusión y evasión han sido parte de la historia reciente, pedir menos Estado no siempre es una postura ideológica inocente. Muchas veces es, simplemente, una estrategia. Menos fiscalización, menos regulación, menos ojos mirando. Más espacio para hacer lo que no corresponde.

No estamos hablando de caricaturas. Ahí están los casos que han golpeado la confianza pública, desde la colusión de grandes empresas hasta los mecanismos sofisticados para eludir impuestos. Y lo más preocupante no es solo que ocurran, sino que sigan encontrando justificación en discursos que, bajo la bandera de la libertad económica, terminan debilitando lo público.

El Estado, con todas sus imperfecciones, es el único instrumento que tenemos como sociedad para equilibrar la cancha. Es el que fiscaliza, el que regula, el que, cuando funciona, protege el interés común por sobre el privilegio de unos pocos. Debilitarlo no es un acto neutro: tiene consecuencias concretas en la vida de las personas, especialmente de quienes no tienen cómo defenderse en un mercado sin reglas.

Desde una mirada ambiental, esto se vuelve aún más evidente. ¿Quién protege los ríos cuando no hay Estado? ¿Quién pone límites a las industrias que degradan territorios? ¿Quién responde cuando el daño ya está hecho? Pensar que el mercado, por sí solo, va a autorregularse en favor del bien común, es una falacia, porque no tiene evidencia.

En el fondo de esta discusión, está el qué tipo de sociedad queremos construir. Una donde el éxito se mida por la capacidad de esquivar normas, o una donde el desarrollo vaya de la mano con la responsabilidad. Pedir menos Estado, en abstracto, puede sonar atractivo. Pero en la práctica, en contextos donde aún luchamos contra la desigualdad, la corrupción y el abuso, pedir menos Estado, es no valorar ni respetar la Democracia.

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