Por Luis Cuvertino Gómez
Gobernador Regional de Los Ríos
Cada año, cuando conmemoramos el Día de las Regiones, no solo evocamos una fecha. Evocamos una historia, una memoria y una convicción profunda: que el desarrollo de Chile no puede seguir pensándose únicamente desde el centro.
Hoy resulta imposible no detenernos con respeto ante la partida de José “Pepe” Araya, uno de los dirigentes más genuinos y perseverantes de nuestra causa regionalista. Su vida fue reflejo de una convicción profunda: que las regiones deben ser protagonistas de su propio destino. Pepe entendió la descentralización no como un concepto, sino como un acto de justicia con nuestras comunidades, su identidad y su dignidad. Su legado nos interpela en este día, recordándonos que el desarrollo territorial se construye con compromiso, organización y un profundo amor por la tierra que habitamos.
Este día tiene un significado especial para la Región de Los Ríos. Nació hace ya cerca de dos décadas, al alero de una movilización ciudadana con fuerte identidad regional. Desde entonces, lo hemos celebrado de distintas formas, a veces en encuentros sencillos, recuerdo con especial cariño conversaciones en el Café Moro o en el Parque Catrico, pero siempre con un mismo espíritu: mantener vivo el movimiento regionalista.
Y ese espíritu sigue vigente. Es crítico, reflexivo, y eso es fundamental. Porque solo desde esa mirada podemos reconocer los problemas y hacernos cargo de las frustraciones de un proceso que ha sido largo y complejo. Chile nació como un país profundamente centralizado, y esa carga aún pesa cuando hablamos de entregar poder real a las regiones.
Hoy, ese debate cobra urgencia. Hemos sido testigos de decisiones que impactan directamente la vida de las personas en nuestros territorios: el alza de los combustibles, los recortes presupuestarios y, más preocupante aún, intentos de trasladar responsabilidades hacia los Gobiernos Regionales sin los recursos ni las competencias necesarias. ¡Eso no es descentralización!
Frente a ello, desde las regiones hemos actuado con unidad. A través de la Asociación de Gobernadores Regionales de Chile hemos construido una voz transversal, capaz de dialogar, pero también de expresar con claridad nuestras observaciones frente a decisiones del nivel central. Esa capacidad de actuar unidos, más allá de nuestras legítimas diferencias políticas, es una señal de madurez institucional que el país debe valorar.
Vamos a enfrentar momentos complejos, pero tengo la convicción de que el movimiento regionalista seguirá siendo un motor de cambio. Porque cuando las regiones se unen, cuando actúan con identidad y con propósito, no solo defienden sus intereses: aseguran desarrollo y bienestar para las personas.






