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El peso invisible del uniforme: salud mental para nuestros voluntarios

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Por Ariel Muñoz Morales
Consejero Regional de Los Ríos

Desde el año 2020, en plena pandemia, el Servicio de Salud de la región inició un programa pionero enfocado en la salud mental. Liderado por la referente Paulina Castro, se destinaron recursos y se desarrollaron acciones para visibilizar y abordar el impacto del estrés en la población. A pesar de los avances, no logramos concretar una red sostenida en el tiempo que permitiera proyectar ese esfuerzo inicial hacia áreas específicas que hoy requieren mayor atención.

Sin embargo, hoy vemos un ejemplo inspirador en Malalhue: los bomberos, en colaboración con el equipo de salud mental del CESFAM, han desarrollado un programa de acompañamiento comunitario que no solo apoya sus tareas, sino que también reconoce sus traumas y su carga emocional. Este caso, nacido desde el territorio y con una mirada preventiva, es un faro para toda la región.

Sabemos que nuestros bomberos, además de valientes y comprometidos, están expuestos a múltiples presiones: el estrés del voluntariado que muchas veces se suma a su trabajo formal, la exposición constante a emergencias complejas, accidentes de tránsito, incendios estructurales y, en no pocas ocasiones, la vivencia directa de la pérdida de vidas humanas. Todo ello deja huellas que no siempre se ven, pero que existen.

Como Gobierno Regional hemos hecho importantes esfuerzos en la entrega de equipamiento mayor y menor, fortaleciendo la capacidad operativa de nuestros cuerpos de bomberos. Pero también debemos asumir que el apoyo no puede limitarse a lo material. La salud mental debe ocupar un lugar central en la institucionalidad, porque cuidar a quienes nos cuidan es una responsabilidad ética y pública.

Mi idea es plantear al cuerpo colegiado la necesidad de avanzar hacia un programa regional que permita entregar acompañamiento profesional permanente, espacios de contención y herramientas preventivas para todos los voluntarios de la región. No se trata de instalar una promesa, sino de abrir una conversación necesaria y urgente en el Consejo Regional.

Si queremos que nuestros bomberos sigan brindando seguridad y apoyo en los momentos más difíciles, debemos también garantizar que cuenten con respaldo emocional y psicológico acorde a la magnitud de su labor. Esa es una tarea pendiente que merece estar en la agenda regional.

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