Por Leandro Araneda
Artista Visual
Cuando se discuten recortes presupuestarios a nivel comunal, el argumento suele ser el mismo, primero la salud, el agua y la seguridad. Y es cierto, son prioridades indiscutibles. El problema aparece cuando, frente a cualquier ajuste, las artes y la cultura se tratan automáticamente como un gasto prescindible.
Muchas veces la economía comunal se piensa como economía de hogar, pagar la luz, el agua y las cuentas básicas y si sobra plata pensar en ir al cine o algún lugar de ocio. Pero una comuna no funciona como una casa. La economía de una ciudad es más compleja, no solo paga cuentas, también debe generar movimiento, ingresos y futuro.
Desde esa mirada, las artes y la cultura quedan mal entendidas. No son el “cine del fin de semana”. Son actividades económicas reales que crean trabajo, activan el comercio local, atraen visitantes y fortalecen la identidad del territorio.
Cada inversión cultural, por pequeña que sea, genera circulación de recursos dentro de la misma comuna. Reducir la inversión cultural no es solo ahorrar plata. Es frenar oportunidades, debilitar el desarrollo local y empobrecer la vida comunitaria. Además, hay pérdidas que no se recuperan, patrimonio que se deteriora, creadores que migran y una ciudad que pierde atractivo.
Atender lo urgente es indispensable. Pero una comuna que solo paga cuentas y no invierte en cultura es una comuna que se queda estancada. Entender la cultura como parte de la economía local no es un lujo, es una decisión estratégica especialmente en La Unión.
















