El poeta y académico del Instituto de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Humanidades UACh, Dr. Jorge Polanco, menciona los textos de María Zambrano que abordan el tema: “La primavera es una primera vez. Así recuerdo vagamente cómo decía un escritor. Es decir, un recomenzar, una posibilidad que se abre como los domingos de infancia. Es el esplendor de los jardines, las flores germinando, las palabras de guardabosque de Juvencio Valle, el cuidado prodigioso del herbario de Rosa Luxemburgo. También, si se leen las cartas de Van Gogh, una teoría implícita de los colores: azules y violetas asoman entrelazados, conjugando los tonos de la carne”.
Siguiendo con esta paráfrasis de los textos de María Zambrano, agrega que “para nosotros que vivimos en el sur, es una experiencia que vitaliza la huida de las casas; de pronto la mirada adquiere los matices de las azaleas y el atardecer capta el verde sencillo que escapa a las espesas sombras que acompañaron el invierno”.
A juicio del académico UACh, “quizás por eso la luz sea, en su transparencia, más vertiginosa en primavera; al caer abre el horizonte hacia las olas, la arena y, como en La consagración de la primavera, retumba alargando un señuelo en la tierra; ofrece la fascinación por la derrota del tiempo lineal y la danza del eterno retorno. Como en la metáfora del corazón, de María Zambrano, la primavera es, en el latir, un vaso de dolor y un llamar. La inquietante regeneración de una posibilidad”.
Una mirada hacia el pasado
El Director del Instituto de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Humanidades UACh, Dr. Mauricio Mancilla, propone una mirada hacia el pasado, ya que desde muy antiguo la primavera ha sido interpretada por la filosofía como un poderoso símbolo metafísico y existencial de transformación.
Relata que “en la mitología griega, Perséfone, hija de los dioses Zeus y Deméter (diosa de la fertilidad de la tierra y la agricultura), fue raptada por el dios Hades para convertirla en su esposa, tras lo cual pasó a ser la reina del inframundo. Deméter, desesperada por la desaparición de su hija, abandona sus funciones divinas y la tierra deja de producir frutos. El mundo entra así en una especie de invierno cósmico. Finalmente, Zeus interviene y se establece que Perséfone podrá regresar junto a su madre, pero con una condición: como ha comido semillas de granada en el inframundo, deberá permanecer allí una parte del año. De este modo, el mito explica simbólicamente la alternancia de las estaciones”.
Por otra parte, a lo largo de la historia de Occidente diferentes tradiciones artísticas, literarias y filosóficas han reflexionado sobre este fenómeno. “Quizás uno de los temas que se ha identificado es el ‘eterno retorno’ y los ciclos de la naturaleza”, dice el académico.
Color y primavera
La académica de la Escuela de Diseño UACh Prof. Elisa Cordero plantea que «desde el diseño, la primavera podría ser tomada conceptualmente como un renacer o como una transición entre el largo invierno y la plenitud del verano. Pero ¿cómo es este renacer? ¿cómo es esta transición? Algunas regiones del planeta tenemos el privilegio de vivir las estaciones de forma muy marcada y, por lo tanto, observar claramente sus diferencias. En la región de Los Ríos, por ejemplo, podríamos decir que renace la luz: los días se vuelven más largos y, con esa claridad, despierta la vida dormida. Este renacimiento se manifiesta, entre otras cosas, a través del color: verdes brillantes brotan en las hojas nuevas mientras rojos, rosados, morados, azules y amarillos saturados estallan en árboles y arbustos. A esto se suma el azul que aparece con más frecuencia en el cielo y en las aguas que lo reflejan”.
¿Y cómo es la transición del invierno al verano?, se pregunta la especialista en color. “Es un recorrido de transformación que comienza desde la penumbra hasta una luz primero tímida y luego plena; desde lo frío a lo tibio, y desde lo cerrado a lo abierto. En términos cromáticos, podemos imaginar una continuidad en que los pardos y grisáceos invernales van mutando hacia colores intensos, iluminados, contrastados con un entorno siempre verde. Pensar el espacio cromático de la primavera de esta manera nos permite, como diseñadores, proponer paletas de color coherentes y aplicarlas con éxito en nuestros proyectos creativos”.
Las plantas despiertan de su reposo
La Directora del Jardín Botánico UACh, Dra. María Isabel Mujica, explica que “la primavera marca el inicio de la época de crecimiento ya que las plantas se despiertan de su reposo. No solo aparecen las flores sino que también las plantas que botaron sus hojas en el otoño empiezan a crear nuevas. También comienzan a brotar las plantas geófitas que sobrevivieron el invierno bajo tierra (rizomas, bulbos y cormos). Los insectos están más activos, aparecen los polinizadores, llegan aves que se habían ido durante el invierno, muchas especies empiezan a preparar sus nidos. Es el despertar de la naturaleza luego de los meses de invierno”.
Según comenta, hay plantas que florecen en pleno invierno y otras en otoño (por ejemplo, los copihues, chupones, coguilera, entre otras). “Pero la primavera es muy marcada porque la mayoría de las especies empiezan su floración en esta época y además los árboles que botan las hojas comienzan a mostrar sus primeros rebrotes, por lo que el paisaje cambia mucho. Las hojas nuevas son de un color verde claro que le da mucha alegría al paisaje. Los robles, abedules, raulíes, etc., están justo ahora con sus hojitas creciendo de un color verde claro-limón, muy alegre”.
En primavera Jardín Botánico UACh renace. “Es su mejor época. Los rododendros están en su mayor expresión de colores. Como los días son más largos y soleados, el jardín se llena de gente, además se nota un cambio en el ánimo de las personas que es muy contagioso. Además empiezan las visitas de los colegios, por lo que todos los días te encuentras con niños y niñas paseando. También llegan las delegaciones de adultos mayores. El Jardín Botánico se transforma y da inicio a su época más viva que dura hasta fines de marzo”, asegura su Directora.
Impacto en la salud mental
Desde otra perspectiva, la llegada de la primavera puede influir en la salud mental debido al contraste entre los rápidos cambios del entorno y el ritmo interno de cada persona.
Según el doctor Marcelo Gotelli, psiquiatra y académico de la Facultad de Medicina de la Universidad Austral de Chile e integrante de la Alianza Chilena contra la Depresión, esta “desincronización” puede generar estrés, frustración y aumentar pensamientos negativos, especialmente en quienes presentan depresión, trastorno bipolar u otros trastornos del ánimo. Al respecto, plantea que “no todas las personas deben ‘florecer’ al mismo ritmo y que es importante aceptar el propio estado emocional sin exigirse de más”.
Para afrontar el cambio de estación, el especialista UACh recomienda observar especialmente las variaciones del ánimo y del sueño, mantener una rutina equilibrada entre descanso, trabajo y ocio, realizar actividad física y pasar tiempo al aire libre. También se aconseja una alimentación saludable, reducir el consumo de azúcares y alimentos ultraprocesados, y buscar momentos de descanso y actividades agradables. Cuidar a otras personas, mascotas o plantas puede contribuir igualmente al bienestar. Además, “se ha observado que promover el autocuidado, la conversación con amigos y la búsqueda de ayuda puede generar mejoras en la salud mental”, explica.
El especialista recalca «la importancia de tener presente que cualquier persona puede atravesar por problemas de salud mental, y siempre es recomendable consultar a un profesional si el cambio en el ánimo afecta su funcionalidad, si altera su calidad de sueño, y especialmente si se acompaña de pensamientos de muerte, pensamientos suicidas o la sensación de estar atrapado y sin salida, buscar ayuda es muy importante».
Cambio de hora
La Dra. Claudia Torres-Farfán, profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad Austral de Chile y parte del Laboratorio de Cronobiología del Desarrollo, aborda un elemento adicional que se produce en primavera: el cambio de hora. “Es una práctica adoptada por muchos países para ahorrar energía y aprovechar la luz natural. No obstante, este cambio puede contribuir a la cronodisrupción, afectando la salud de la población. Durante el cambio de hora, nuestras funciones se ven alteradas abruptamente, ajustándose a más o menos luz en la rutina diaria. Estudios demuestran que el cambio de hora induce un aumento en accidentalidad, falta de atención y, lamentablemente, incremento de suicidios. Estos hallazgos sugieren que la interrupción repentina de nuestros ritmos circadianos puede afectar negativamente nuestro bienestar físico y mental”.
La académica plantea que, dado el impacto que los cambios abruptos de horario pueden tener sobre nuestra salud, es importante replantear la necesidad de mantener esta práctica. “Adoptar un horario estable durante todo el año permitiría reducir la cronodisrupción y favorecer una mejor sincronización de nuestros ritmos biológicos con el ambiente. Más que disponer de una hora adicional de luz por la tarde, debemos considerar cómo organizamos nuestros horarios en relación con el ciclo natural de luz y oscuridad. A largo plazo, cuidar esta sincronía es también una forma de promover salud y prevenir enfermedades no transmisibles”.
Los relojes circadianos son mecanismos internos que regulan funciones esenciales como el ciclo sueño-vigilia, el metabolismo, la ingesta de alimentos y la función cardiovascular. Estos relojes se sincronizan diariamente con el ciclo de luz y oscuridad de 24 horas y también nos permiten adaptarnos a los cambios estacionales. La primavera, con el aumento progresivo de las horas de luz, es un buen ejemplo de una transición a la que nuestro organismo puede adaptarse naturalmente. “El problema aparece cuando a estos cambios naturales se suman modificaciones bruscas impuestas por nuestros horarios sociales, como el cambio de hora, el trabajo nocturno o una exposición excesiva a luz durante la noche. En esas condiciones podemos generar cronodisrupción, es decir, un desajuste entre nuestro tiempo biológico, el tiempo ambiental y el tiempo social”, explica la académica UACh.
Es evidente que la primavera, con toda su belleza y también con sus bemoles, es una época que nos emociona y sobre la cual podríamos conversar ampliamente desde diferentes miradas y disfrutando algunos de sus atardeceres.














