El río Pilmaiquén, ubicado en la cuenca del Río Bueno, es un espacio de significación espiritual y ceremonial para las comunidades indígenas de la zona. En los últimos años, su cauce ha estado sumido en conflictos por el desarrollo de proyectos hidroeléctricos de la compañía noruega Statkraft. Esta empresa se encuentra construyendo la represa Los Lagos, donde han aparecido restos arqueológicos. Previamente, debió renunciar a la construcción de la represa Osorno, debido a que el embalsamiento de las aguas inundaría un sitio sagrado mapuche-williche en uso por las comunidades.
Entre la región de Los Ríos y Los Lagos, existen importantes afluentes de agua, alimentados por los deshielos andinos y las lluvias abundantes del sur de Chile. Los grandes volúmenes de agua no solo destacan por ser el atractivo de la provincia, sino también, representan la identidad y el simbolismo de las comunidades que residen a su alrededor.
El Río Pilmaiquén, o golondrina en mapudungun, representa un territorio donde convergen los vínculos, ecosistemas y las prácticas humanas. Además de su dimensión simbólica, el río articula ambientes con un alto valor ecológico, donde el bosque nativo y la biodiversidad de especies, son parte esencial de su entorno natural.
El afluente cuenta con una longitud de 68 kilómetros, hasta desembocar en el Río Bueno. En su trayecto, atraviesa bosque nativo del sector, así como territorios que pertenecen a las regiones de Los Lagos y Los Ríos, y las comunas de La Unión y Río Bueno. El cauce abarca hasta 8 metros de profundidad y esto puede variar según la época del año.
Desde una mirada trascendental, el Pilmaiquén representa un espacio donde las memorias convergen y la cosmovisión mapuche permanece intacta. Es considerado un espacio sagrado y de significación cultural, por ende, existe una importante conexión entre el territorio y las comunidades que lo habitan.
Para la cosmovisión mapuche-williche de los sectores de Puyehue, Río Bueno, San Pablo y La Unión, los ríos no representan un recurso natural explotable, más bien son cuerpos de agua con Ngen, es decir, espíritus protectores que equilibran la naturaleza y a las personas. En particular, el Pilmaiquén es un espacio sagrado que simboliza conexión, energía y memoria.
En una entrevista para LATFEM, Millaray Huichalaf, autoridad ancestral del territorio de Pilmaiquén, manifestó que: “el río es un cuerpo de agua como nosotros, por él corre nuestra historia, nuestra alimentación, nuestra sanidad, nuestras hierbas y por él corre nuestro espíritu al momento de descansar para ascender a otros espacios espirituales”.
El complejo ceremonial Ngen Mapu Kintuante, es un conjunto de espacios con gran relevancia espiritual, y se vincula directamente con el río. En el sitio, se encuentra la morada de la entidad tutelar Kintuante, que forma parte del conjunto sagrado de uso ceremonial, donde tanto el cementerio como la ngillatuwe, o cancha de rogativa, están física y simbólicamente relacionados con el movimiento de las aguas.
Así lo detalla un informe elaborado por la Machi en el año 2019, donde también explica su relevancia y composición. “En las moradas de Kintuante y Kilen Wentru se produce el afloramiento de aguas que brotan abajo del cementerio. Su curso, protegido por un antiguo bosque nativo y humedal, conduce hacia el Río Pilmaiquén, formando un trazado que constituye un camino espiritual”.
De este modo, Millaray Huichalaf sostiene la importancia de proteger el afluente, a través de la práctica periódica de rogativas en el antiguo ngillatuwe, situado en las inmediaciones del cementerio. Pero su preocupación recae en la presencia de proyectos hidroeléctricos en la zona, y hasta la actualidad ha permanecido en resistencia por el Río Pilmaiquén.
A pesar de la relevancia tanto espiritual como ambiental del río Pilmaiquén, se ha generado un conflicto entre comunidades e intereses privados. Mediante la página web del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), el conflicto territorial tiene sus inicios en el año 2009, cuando surgió la idea de construir una hidroeléctrica en el Río Pilmaiquén.
El proyecto fue sometido a procesos legales de evaluación ambiental, pero las comunidades mapuche-williche de la zona, no fueron consideradas. “Aunque la empresa fue sometida a la evaluación ambiental correspondiente, no habrían considerado el impacto en sitios ceremoniales y arqueológicos”. Lo anterior, ha generado el descontento local, ya que desde septiembre de 2025 han permanecido suspendidos los procesos de consulta indígena.
En cuanto a los procesos legales sobre el conflicto, el marco normativo chileno obliga a las empresas a evaluar el impacto de los proyectos. De acuerdo con la Ley 19.300 sobre Bases Generales del Medio Ambiente, se establece que todo proyecto se debe someter al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA). “Se debe proporcionar antecedentes fundados para la predicción, identificación e interpretación de su impacto ambiental para impedir o minimizar sus efectos”, según la Biblioteca del Congreso Nacional (BCN).
De igual manera, un elemento central en el conflicto ha sido la aplicación del derecho de consulta indígena, que se reconoce en el Convenio 169 de la OIT. Mediante este instrumento, se establece la consulta obligatoria a los pueblos originarios para medidas que les afecten, según la BCN.
Sin embargo, las comunidades han expresado su desacuerdo en torno a los procesos de consulta y gestión patrimonial. En conversación con un encargado de pueblos originarios para el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, “cualquier vulneración a los derechos de los pueblos originarios debe ser consultada, cuya responsabilidad recae en el Consejo de Monumentos Nacionales, quienes desarrollan este proceso bajo el Convenio 169 de la OIT”.
En palabras del funcionario, “no existe ninguna categoría en la Ley de Monumentos Nacionales que incorpore a los pueblos originarios”. Es decir, la intervención, el resguardo o la mantención de sitios con gran significación para las comunidades indígenas, son medidas que aún no se han incorporado y de cierto modo se invisibiliza la relación de las comunidades con los bienes.
En conversación con el Lonco

Rodelio Torres Chiuca, Lonco retirado del sector Mantilhue, alguna vez trabajó activamente con las comunidades indígenas de Maihue-Carimallin. En conversación con Rodelio, explicó su decisión de retirarse de la lucha por el Pilmaiquén debido a motivos familiares, pero se ha negado rotundamente a dar un pie atrás. Con palabras firmes aseguró que el diálogo con Statkraft en torno a la vulneración del Pilmaiquén, ha sido siempre inconcluso.
Según Rodelio Torres “cuando se dieron los espacios de diálogo, todo quedó en el aire, no se ha concretado nada de lo que ellos han prometido”. Su postura no es aislada, según el medio Noticias Los Ríos, las más de 40 asociaciones mapuches que habitan los distintos sectores en torno a la comuna de Río Bueno, han manifestado su descontento por las numerosas vulneraciones en torno al territorio y su cultura.
Statkraft, la empresa directamente involucrada en el conflicto por el Pilmaiquén, sostiene una postura enfocada en el desarrollo. De acuerdo con el sitio oficial de la empresa, Statkraft es consciente del impacto que generan en los distintos entornos sociales, así como en las comunidades y el medioambiente, pero también enfatizan en promover la contratación local.
Ante esto, don Rodelio aseguró ser consciente de que muchas familias en el sector defienden la postura de Statkraft por los beneficios y las oportunidades laborales que la empresa les ofrece. “Para mí, esto ha causado un gran daño a todas las comunidades, independientemente si algunas están erróneamente de acuerdo con la empresa”, aseguró. Sostiene, además, que la falta de conocimiento es causante de las distintas posturas en torno a los proyectos hidroeléctricos.
En conversación con Carlos Ascencio, gerente de relaciones comunitarias para Statkraft Chile, la realidad es completamente opuesta. “El proyecto hidroeléctrico Osorno estaba planificado para ubicarse en la cuenca del río, pero renunciamos en 2023 tanto al proyecto como a los derechos de agua. Esto debido a su afectación directa en el sitio de significación cultural”.
Carlos aseguró que no existe afectación alguna en el territorio del Pilmaiquén, y actualmente se encuentra la Central Hidroeléctrica Rucatayo en funcionamiento, junto con el proyecto hidroeléctrico Los Lagos en etapa final de construcción. “Estamos a la espera del término de la consulta indígena para poder caracterizar y rescatar los hallazgos arqueológicos que ocurrieron durante la construcción del proyecto”.
Por otro lado, el gerente de relaciones comunitarias asegura que el proyecto Los Lagos no inició a manos de Statkraft, sino más bien perteneció a la empresa eléctrica Pilmaiquén. Frente a esto, la empresa se resguarda al contar con los debidos estudios de impacto ambiental que estipula la Ley 19.300 sobre Bases Generales del Medio Ambiente.
Ante esto, Carlos Ascencio aseguró que “nos importa tomar todos los resguardos en cuanto a identificación de las variables patrimoniales, así como encargarnos del resguardo arqueológico mediante su rescate y reubicación, de acuerdo con lo que estipule la consulta indígena”.
La problemática sigue vigente hasta la actualidad, y los procesos de consulta asignados desde el año 2021 en torno al proyecto hidroeléctrico Los Lagos, se han visto afectados por la extensión de los plazos que hasta la fecha no se han establecido. De acuerdo con el medio The Clinic, el Consejo de Monumentos Nacionales decidió detener nuevamente el proceso de consulta indígena. Esto desencadenó la postergación de nuevas fechas para las etapas del proceso, y con ello, el retraso en la discusión por los avances del proyecto.
Esta falta de compromiso por parte de las instituciones, generó indignación en las comunidades y asociaciones de la comuna, lo que a su vez, dividió las posturas en torno a los proyectos hidroeléctricos. Según don Rodelio, existen por un lado, familias que se niegan rotundamente a ceder el espacio para las obras y su funcionamiento, mientras que el otro sector, defiende su postura a favor de los proyectos hidroeléctricos.
David Jara Lleufo, presidente de la Asociación de Comunidades Indígenas Wenuleufu, aseguró que “la empresa Statkraft ha generado un conflicto grande. No es tan solo medioambiental, sino que también ha dividido a las comunidades indígenas del lugar, ha hecho pelear a vecinos del sector Maihue”.
Según el presidente de la asociación, “ha sido un conflicto tanto social como cultural y medioambiental”, lo que evidencia no tan solo la disputa en torno al proyecto y el patrimonio en riesgo, sino además, demuestra el conflicto interno entre las comunidades.
Jara aseguró que a pesar de las diferencias entre los vecinos del sector, las comunidades mapuche-williche se han mantenido en constante lucha y no consideran ceder ante la empresa. “La defensa es parte de nuestra esencia como mapuches, si nosotros permitimos que la empresa instale o inicie sus obras, estaríamos permitiendo que vulneren nuestros propios conocimientos, nuestra sabiduría y creencias”.
Los conflictos por el Pilmaiquén seguirán en curso, y mientras las comunidades continúen trabajando en su defensa, el caso seguirá abierto y en vías de una resolución. Lo que está en juego actualmente, más allá de ser un río, es la protección de toda una cosmovisión que se niega a desaparecer.







