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La gran apuesta: El todo o nada de la derecha con Urrutia

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Por Esteban Hernández
Periodista

Quedan pocos días para la elección y la candidatura independiente de derecha de José Antonio Urrutia lleva fuerza. El también votado como convencional constituyente (pero que debió ceder su cupo por la paridad) cuenta con el apoyo de varios personeros políticos de la región, como el diputado de RN Bernardo Berger; su hijo, exseremi y excandidato a alcalde por Valdivia, Eduardo Berger; el exconstituyente republicano Jorge de la Maza; además de alcaldes, cores y concejales de derecha. Todos detrás de una candidatura independiente que debe ser, por lejos, la apuesta más temeraria e imprudente del sector en la región.

Si bien su perfil puede concitar interés en un segmento del electorado, desde una perspectiva estrictamente técnica, apostar por su candidatura es, en el mejor de los casos, una jugada temeraria.

El mecanismo de distribución proporcional que rige esta elección favorece a los pactos electorales (listas de partidos) y penaliza severamente a quienes compiten por fuera de ellos. En términos simples, los votos se suman por lista, no solo por candidato. Es decir, un partido o coalición que presenta varios candidatos acumula sus votos como un “total de lista”, y luego estos se dividen entre los escaños disponibles en proporción a ese total. La fórmula D’Hondt reparte los escaños dividiendo los votos de cada lista por 1, 2, 3, etc., hasta 5 en el caso de la región.

¿Qué significa esto para un independiente como Urrutia? Que debe alcanzar por sí solo la votación equivalente a una lista completa para tener opción real de entrar al Congreso. No hay acumulación con otros candidatos. No hay arrastre. Solo cuenta el número total de votos que él logre.

En el caso específico de la Región de Los Ríos, donde se reparten cinco escaños de diputados, estimo que podría requerir del orden de 30.000 votos para asegurar un cupo individual fuera de pacto. Si Urrutia obtiene 29.999 (un voto menos del necesario), no solo se queda fuera del Congreso: ese caudal de votos se pierde completamente para la derecha y podría terminar entregando un escaño a la izquierda. El sistema no devuelve esos votos a un mismo sector: los ignora en el reparto de escaños.

Esto no es teoría, es matemática electoral. El sistema fue aprobado por los propios partidos con una lógica de protección de pactos, lo que significa que jugar por fuera es una desventaja estructural. Las reglas actuales castigan la fragmentación, incluso si esta se viste de independencia o renovación.

Desde una óptica estratégica, por tanto, lo que parece una apuesta fresca puede terminar en un resultado amargo. Más aún si consideramos que la derecha en Los Ríos se encuentra en una posición extraordinariamente buena para obtener tres de los cinco escaños, por lo que debe optimizar cada voto para lograrlo. En ese sentido, la candidatura de Urrutia no solo compite con los adversarios ideológicos, sino que introduce un riesgo interno real de pérdida de representación de su sector.

Con esto no estoy diciendo que no va a ganar y que no pueda transformarse en el tercer cupo del sector. Pero si no lo hace, se llevará consigo, sin duda, al candidato del sector, beneficiando a la izquierda. Algo que, a todas luces, resulta el escenario más probable, estadísticamente hablando.

Por eso resulta sumamente extraño que una parte de los históricos de derecha de la región esté detrás de su candidatura, considerando todo lo que está en juego.

Las elecciones parlamentarias se juegan con reglas duras, no con intuiciones. Y, bajo esas reglas, un voto por una candidatura independiente como la de José Antonio Urrutia puede transformarse, paradójicamente, en un voto menos para el sector que busca representar.

Por ello, desde una mirada técnica y electoral, la candidatura de Urrutia —más allá de sus méritos personales— debe ser leída con cautela. Es una apuesta de altísimo riesgo y puede significar un impacto en la distribución de votos del nuevo Congreso que afecte el mapa de respaldos del nuevo gobierno.

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