En las diarias jornadas de quienes transitan por la ciudad de La Unión, son muchos los que alguna vez han comprado para sí o sus hijos, un fresco y crujiente paquete de palomitas, un maní confitado o salado, o quizá un dulce o un helado.
Pero, ¿quiénes están detrás de estos productos que nos endulzan el día? y ¿Qué historias de esfuerzo se tejen tras ellos?
Esta tarde de miércoles al pasar por plaza de la Concordia divisé el tradicional carrito de palomitas de “Don Manuel”, fue entonces cuando quise conocer más sobre esta verdadera “Postal Humana” de la comuna de La Unión.
Con nostalgia, Don Manuel Moreira Ruíz (63), me contó parte de la historia de vida tras el comerciante ambulante no vidente y su esposa, la señora Norma Sobarzo Fuentealba (63), también comerciante.
Don Manuel nacido y criado en La Unión comenzó a trabajar a la corta edad de 9 años como suplementero, luego, fue vendedor de helados, e incluso lustra-botas, y finalmente se enfocó al comercio ambulante de dulces y golosinas en esta ciudad.
Se casó hace 45 años con su amada Norma, matrimonio del cual nacieron dos hijos: Adelsio (45) y Cristian (37), quienes a la fecha les han regalado tres nietos y un bisnieto de 4 años.
Don Manuel nos cuenta entre algunas lágrimas, que perdió la visión a los 25 años, dependiendo desde entonces, de los cuidados de su esposa para poder trasladarse y continuar trabajando y siendo un aporte a la economía familiar; supo aprender a vivir y salir adelante pese a las dificultades, demostrando una fortaleza única.
Hace diez años debió ser intervenido al enfrentar un cáncer a la próstata, algo que recuerda al expresar que se puso en manos de Dios y no pensó nunca en rendirse ante el lapidario diagnóstico de tres meses de vida que le dieron.
La vida ha puesto a prueba la fortaleza y la fe de don Manuel y su familia, muy duramente; sin embargo, continúa a diario levantándose y saliendo a vender sus palomitas de maíz para seguir ayudando con el sustento de su familia.
Lo comenta orgulloso al referirse a su esposa, hijos y nietos, y en forma especial de su nieto Luis Alberto a quien criaron con su esposa y con el cual instalaron un lavadero de automóviles ubicado en su casa de población Irene Daiber para de alguna forma, generar recursos.
Por otra parte su esposa Norma Sobarzo, el pilar fundamental de esta familia, comenta que fue muy difícil criar a sus hijos y afrontar la enfermedad de su esposo; a lo que se suma que hace poco se enteró que padece un cáncer muy agresivo a la tiroides y del cual le han respondido, no cuenta con cobertura AUGE.
Este matrimonio ha enfrentado muchas dificultades, que comparadas a los problemas pequeños que agobian muchas veces nuestras vidas es, sin duda, un ejemplo de superación, fortaleza y fe, que son el reflejo de muchas historias familiares unioninas que a diario enfrentan el desafío de salir adelante y ganarle la batalla a los problemas, y pese a todo darle cada mañana una sonrisa a la vida.
Relatos como estos, seguramente nos hacen reflexionar que más allá de nuestras habilidades, inteligencia u oportunidades, lo que realmente nos hace grandes personas es la capacidad de ponernos en el lugar del otro.
Por Viviana Villanueva






