El manual del perfecto coimero

“El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente” (Lord Acton).

¿Ha escuchado o leído alguna vez acerca de la existencia de un “Manual para coimeros”? Bueno, así como existe un «Manual del perfecto idiota latinoamericano», una obra escrita en forma conjunta por Álvaro Vargas Llosa, Plinio Mendoza y Carlos Montaner, también existe un «Manual del perfecto coimero», manual que ha sido estudiado profundamente por todos aquellos que se dedican a “practicar este arte” –tanto en nuestro país como en el resto del mundo–, con gran regularidad e impunidad, a raíz de lo cual, la pregunta planteada al inicio de este escrito tiene una sola respuesta, y no es otra que un rotundo… ¡SÍ!

La razón es muy simple: hoy en día, estamos rodeados por un numeroso contingente de sujetos coimeros –“corruptos”, “chorizos”, “arregladores de bigotes”– que hacen de las suyas a nivel nacional e internacional, y a todos nos ha tocado conocer casos donde la coima y el coimero están presentes en las “altas, medianas y bajas esferas”: en empresas privadas y públicas del Estado, a nivel de abogados, fiscales, notarios, jueces, policías, alcaldes, funcionarios públicos, senadores, diputados, altos ejecutivos de empresas, militares, etc. En todos estos ámbitos se hacen correr enormes cantidades de dinero ilícito de unas manos a otras, a cambio de:

(a) Favores y garantías especiales, bonos incluidos.
(b) Acceder a grandes privilegios y concesiones, practicando el tráfico de influencias.
(c) Recibir información privilegiada para concretar negocios multimillonarios.
(d) Obtener puestos de trabajos altamente lucrativos y muy bien remunerados en empresas del Estado, reparticiones del Estado y en embajadas.
(e) Obtener autorización y visto bueno del Estado para llevar a cabo proyectos contaminantes y dañinos para la salud y el medio ambiente.
(f) Acordar jugosos contratos con el Estado que terminan malogrados y con la pérdida de cientos de millones de dólares.
(g) Recibir aportes multimillonarios para financiar campañas presidenciales, de parlamentarios y de partidos políticos.
Innecesario señalar que nunca se encuentra a los culpables y/o a todos aquellos que se embolsaron cifras suculentas y astronómicas de dinero público. Hay que decir que ante tanta impunidad y circunstancias extrañas siempre hay algo que huele a podrido.

Es precisamente por eso, que en nuestro país –y también en España y Latinoamérica– existen varias expresiones para referirse al “acto de coimear”, tanto así, que el periodista Gazi Jalil Figueroa tuvo el cuidado de seleccionarlas y reunirlas en un sólo lugar. Ahora bien, de acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española, una «coima» corresponde a una «dádiva con la que se soborna» a determinadas personas, en tanto que un «coimero» es aquél sujeto «que da o recibe coimas».

Si ahora tomamos la definición de Transparency International, notaremos que esta institución define a la corrupción de la siguiente manera: «Fenómeno por medio del cual un funcionario público es impulsado a actuar de modo distinto a los estándares normativos del sistema para favorecer intereses particulares a cambio de una recompensa. Corrupto es, por lo tanto, el comportamiento desviado de aquel que ocupa un papel en la estructura estatal».

Dicho esto, revisemos entonces, la rica recopilación de conceptos realizada por Jalil. Entre otros conceptos, aparte de “soborno” y “coima”, el Sr. Jalil señala las siguientes expresiones: “llegar a un arreglín”, “hacer un enjuague”, “sacar una tajada”, “ponerse con algo”, “aceitar el engranaje”, “dar la mordida”, “hacerse un billetín extra”, “la untada”, “chorizo”, “recibir una propina extra”.

Agreguemos las siguientes: “el raspado de la olla”, “trueque pitutero”, “operador político”, “arreglarse los bigotes” y, finalmente, una expresión poco conocida y que es más bien de carácter técnico-legal: “exacción ilegal”, en el sentido de realizar un cobro injusto y violento. Pero sólo injusto y violento para quienes sufren el cobro, así como el costo que todo ello genera en la ciudadanía que mira estupefacta cómo muchos poderosos se burlan, una y otra vez, de la gente de a pie.

Señalemos finalmente, que el “Manual del perfecto coimero” que circula en manos de muchos representantes de la política, ámbito judicial y de las altas esferas de la economía de nuestro país, tiene “tarifas” que están preestablecidas para todo tipo de “intercambio”, si bien, estas tarifas también se pueden negociar directamente entre las partes interesadas, con opción a grandes descuentos:

(a) Tarifas para aprobar leyes en favor de determinadas empresas, familias o personas.
(b) Tarifas para favorecer a ciertas organizaciones –en desmedro de otras– en alguna licitación del Estado o en alguna alcaldía.
(c) Tarifas para ser parte del selecto grupo de proveedores de una institución pública.
(d) Tarifas especiales entre jueces, abogados, fiscales y policías para que los narcotraficantes puedan seguir haciendo buenos negocios sin que nadie los moleste.
(g) Tarifas para que un actuario, funcionario público o fiscal pierda o extravíe el expediente de una causa.
(h) Tarifas para conseguir copias de un sumario secreto y… para qué seguir.
Ser coimero es un muy buen negocio y es, por cierto, altamente rentable: hay tarifas para todos los gustos y para todos los bolsillos.

- Advertisement -

Nota editorial · Responsabilidad del autor

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente la línea editorial de noticiaslosrios.cl.

Publicado en la sección Opinión — un espacio plural de análisis y debate ciudadano.

PUNTOS DE VISTA