El costo de la distancia: cuando la geografía limita los sueños de la Provincia de Osorno

Mientras Chile avanza en cobertura digital y amplía el acceso a la educación superior, en la Provincia de Osorno persiste una realidad que pocas veces ocupa el debate público: cientos de jóvenes ven limitado su futuro no por falta de talento o esfuerzo, sino porque la geografía, la conectividad vial y las condiciones económicas continúan definiendo sus oportunidades.

Las comunas de San Juan de la Costa, Puyehue, Puerto Octay, Río Negro y San Pablo poseen una importante población rural, distribuida en extensos territorios donde los desplazamientos diarios dependen de caminos secundarios, muchos de ellos de ripio, servicios de transporte público escasos y largas distancias hasta los centros urbanos. Durante el invierno, las lluvias y las bajas temperaturas dificultan aún más la movilidad, provocando retrasos, suspensión de recorridos e incluso aislamiento temporal de algunos sectores.

La conectividad digital tampoco resuelve completamente esta realidad. Si bien la Subsecretaría de Telecomunicaciones (SUBTEL) informó que el 96,5% de los hogares del país dispone de acceso a internet, la cobertura y, especialmente, la calidad del servicio sigue siendo desiguales en numerosos sectores rurales, donde las interrupciones de señal dificultan el acceso a plataformas educativas, clases en línea y trámites digitales.

Las cifras muestran que la desigualdad territorial tiene consecuencias concretas. Estudios sobre educación rural indican que los estudiantes provenientes de establecimientos rurales acceden a la educación superior 5,1 puntos porcentuales menos que quienes estudian en zonas urbanas. Asimismo, obtienen, en promedio, 10 puntos menos en Comprensión Lectora y 12 puntos menos en Matemática en las evaluaciones nacionales. Estas diferencias no reflejan una menor capacidad; evidencian que el lugar donde se nace continúa condicionando las oportunidades de desarrollo.

En la Región de Los Lagos, además, el promedio de escolaridad alcanza 9,8 años, inferior al promedio nacional de 10,4 años, lo que confirma que las brechas educativas siguen siendo un desafío para el territorio. La provincia cuenta con una oferta de educación superior concentrada principalmente en la ciudad de Osorno, obligando a muchos jóvenes de sectores rurales a trasladarse diariamente o abandonar sus hogares para continuar sus estudios.

Ese traslado tiene un costo que muchas familias no pueden asumir. Arriendo, alimentación, transporte y materiales de estudio pueden superar fácilmente los $400.000 mensuales, una cifra inalcanzable para numerosos hogares rurales. Frente a esa realidad, muchos jóvenes optan por postergar sus estudios, incorporarse tempranamente al mercado laboral o abandonar definitivamente su proyecto educativo. No desertan por falta de vocación; desertan porque las condiciones del territorio hacen insostenible estudiar.

Cada estudiante que abandona la educación superior representa una pérdida para toda la Provincia de Osorno. Perdemos futuros profesionales, técnicos, emprendedores y líderes comunitarios que podrían aportar al desarrollo de sus propias comunas. Estamos dejando escapar talento, innovación y capital humano por causas que pueden y deben corregirse.

Este desafío requiere una respuesta articulada. El Estado debe acelerar la inversión en caminos rurales, puentes, transporte público, conectividad digital y políticas que reconozcan las particularidades de los territorios aislados. Los gobiernos regional y municipales pueden fortalecer becas de transporte, residencias estudiantiles, convenios de alojamiento y programas locales que disminuyan las barreras de acceso a la educación.

Las instituciones de educación superior también tienen una responsabilidad ineludible. Su compromiso con el desarrollo territorial debe traducirse en programas de articulación con establecimientos rurales, modalidades híbridas de calidad, centros de apoyo digital, becas de residencia, acompañamiento académico y acciones de vinculación con el medio que acerquen efectivamente la educación a quienes más la necesitan. La equidad territorial debe dejar de ser un discurso para transformarse en una política concreta.

La Provincia de Osorno posee un enorme potencial humano. En cada localidad rural hay jóvenes con talento, esfuerzo y sueños de convertirse en profesores, enfermeros, ingenieros, trabajadores sociales, técnicos o emprendedores. Sin embargo, demasiados ven frustradas esas aspiraciones porque un camino se encuentra en mal estado, el transporte no alcanza, la señal de internet falla o los costos de vivir en la ciudad resultan imposibles de asumir.

No podemos seguir aceptando que el código postal determine el futuro de una persona. Invertir en conectividad vial y digital no significa únicamente construir carreteras o instalar fibra óptica; significa construir igualdad de oportunidades. Cuando un joven rural logra acceder y permanecer en la educación superior, no solo cambia su vida: cambia el destino de su familia, fortalece su comunidad y contribuye al desarrollo sostenible de toda la Provincia de Osorno. Ese es el desafío que hoy no podemos seguir postergando.

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