Entre sus principales objetivos se destacan los siguientes:
1. “Fomentar la prevención”, es decir, evitar la exposición a riesgos ambientales antes de que éstos causen daños o graves enfermedades en la población.
2. “Vincular la salud humana con la salud del planeta”, por cuanto, la buena salud de las personas depende directamente de contar con aire no contaminado, con agua limpia, un clima estable, con ecosistemas que estén sanos e impolutos.
3. “Promover acciones que sean sostenibles”, es decir, ciudadanía y gobiernos son invitados a reducir la contaminación ambiental, a incrementar el proceso de reciclaje, al uso de energías limpias y, un aspecto clave para el futuro de la humanidad: regular el fuerte impacto industrial sobre el medio ambiente y el clima.
La gente debería estar al tanto –y ser informada–, de que ciertos factores ambientales inciden directamente en la salud. Es así, por ejemplo, que la presencia de material particulado en el aire produce cáncer de pulmón, asma, infecciones respiratorias agudas, bronquitis crónica, enfermedades cardiovasculares, etc.; la exposición a radiaciones ultravioleta provoca daños acumulativos y graves en los ojos, la piel y el sistema inmunológico; el agua contaminada con elementos químicos como mercurio, estaño, manganeso, etc., genera alta toxicidad neurológica, renal y respiratoria; cambios meteorológicos bruscos pueden producir alergias, reumatismos, angina de pecho, gripes, etc.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) refuerza todo esto al destacar en uno de sus informes que “una buena salud depende de que el aire sea limpio, de que el clima sea estable, de que se preserve el medio natural y de que se pueda acceder a unos servicios adecuados de agua, saneamiento e higiene”.
La razón es muy fácil de comprender: en la medida que la crisis medioambiental se intensifica, la biodiversidad disminuye y la contaminación de todo tipo se hace omnipresente. Tanto es así, que la OMS asegura que “un medio ambiente saludable podría prevenir casi una cuarta parte de la carga mundial de morbilidad”.
Es más: los efectos para la salud de las personas a causa de unas malas condiciones medioambientales no son sólo de tipo directo, sino que también de carácter indirectos y que pueden ser observados en las negativas consecuencias para la producción de alimentos, la migración forzada, la inestabilidad económica y la desigualdad social.
A raíz de lo anterior, la salud ambiental debería ser considerada una política pública de Estado de carácter esencial y permanente, orientada a prevenir y reducir el surgimiento de aquellas enfermedades que se generan por condiciones ambientales inadecuadas.
En síntesis: su relevancia radica en que promueve la protección de la salud de los seres humanos, previene enfermedades y mejora la calidad de vida de las personas.



