Partamos señalando, que nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, por su origen social, sexo, etnia, religión, filiación política, etc.: todo ello se aprende en casa.
En este sentido, no cabe duda alguna, que el fuerte impacto emocional, educacional, económico, político y social que tienen los prejuicios, la discriminación y el racismo en una sociedad, pueden conducir a la polarización, violencia y autodestrucción de la misma sociedad que da cabida a estos tres grandes venenos sociales.
No hay que ir muy atrás en la historia de la humanidad para saber de las desastrosas consecuencias que han tenido la práctica de cada una de estas conductas sociales, las que se aprenden a través del ejemplo que dan los padres a sus hijos en el hogar, conductas que derivan en el uso indiscriminado de violencia, odiosidad y destrucción, e incluso, en el exterminio de culturas y pueblos completos, tal como lo hemos visto, una y otra vez, en el pasado y, lamentablemente, tal como lo continuamos observando hoy en día.
Emblemáticos son diversos genocidios que se han producido en el mundo entero como consecuencia del racismo y la discriminación: el genocidio de los armenios a manos de los turcos, el de los Tutsis a manos de los Hutus en Ruanda, el de los chinos a manos de los japoneses, el de los tibetanos a manos de los chinos, el del pueblo ucraniano a manos de los rusos, o lo que sucede actualmente bajo el gobierno de Donald Trump con sus violentas políticas racistas y anti-inmigratorias que han conducido a la muerte de muchos inmigrantes –e incluso de ciudadanos norteamericanos- a manos de los agentes “encargados de apresar a los inmigrantes” –a través de medios violentos y brutales-, los temidos agentes ICE (Inmigration and Custom Enforcement).
Habría que confiar en que lo que hace Trump con sus guerras y amenazas a medio mundo, no se traspase a todo el pueblo norteamericano y terminen imitando lo que hicieron con las tribus originarias de ese país, donde prevaleció la brutal frase del general del ejército de EE.UU., Philip Sheridan, quien afirmaba que “el único indio bueno, era un indio muerto”, bajo cuyo precepto se llevó a cabo un genocidio a gran escala.
Ahora bien, en el ámbito del comportamiento social, “el prejuicio hace alusión al proceso de generar una opinión, una interpretación o un juicio sesgado –generalmente negativos– sobre alguna persona, objeto o idea, que se hace de manera arbitraria y anticipada, basado en percepciones totalmente subjetivas, que no tienen un sustento real y que no se fundamentan en datos que puedan ser avalados de manera objetiva”.
Demasiado a menudo se trata de falacias, es decir de argumentos que parecen válidos, pero que se sustentan en premisas totalmente erradas. Ejemplo de lo anterior, es cuando se afirma –de manera arbitraria y en función de falsos estereotipos– que: “Todos los judíos son avaros”, que “Todas las rubias son tontas”, que “Los pobres son sucios y flojos”, etc., frases, que además de adolecer de todo sustento empírico, indican un alto grado de ignorancia y estupidez humana. De ahí que se diga que “la ignorancia, los prejuicios y el miedo caminan tomados de la mano”.
Por otra parte, “la discriminación, definida como una conducta diferenciada y observable que es dirigida hacia un grupo social o hacia algunos de sus miembros”, hace referencia a toda aquella acción que produce una serie de desigualdades en el acceso a recursos y oportunidades, tales como educación, alimentación, trabajo, salud, etc., es decir, se produce una clara violación en cuanto al acceso en igualdad de condiciones a ciertos derechos, ya sea que hablemos de aspectos tales como “sexo, edad, color, etnia, género, nacionalidad, ideología política, religión, raza u orientación sexual”. No es mera casualidad que se haya tenido que dictar una serie de leyes para evitas abusos y discriminación de distinta naturaleza: leyes en contra del acoso sexual, leyes en contra del acoso laboral, leyes que eviten la discriminación de personas con discapacidad, etc.
A su vez, “el racismo representa una ideología que impone y defiende la superioridad de una raza por sobre otra, así como la necesidad de mantener a dicha raza subyugada o aislada del resto de la población al interior de una comunidad o nación”. La práctica del racismo puede llegar, incluso, a justificar la eliminación de aquellas razas –o grupos de personas– consideradas “inferiores”, tal como ha sucedido en la historia de la humanidad.
La existencia de prejuicios puede conducir a la intolerancia, al clasismo, la discriminación, la xenofobia, etc., especialmente, cuando se fundamentan en “falsos estereotipos”, es decir, percepciones exageradas, subjetivas, simplificadas que se tienen de una persona o de un grupo que comparte ciertas características, sin que medie ningún tipo de acto reflexivo al respecto del estereotipo que se ha tomado como referente. Dicho de otra manera: si un determinado estereotipo, es de “corte negativo”, con certeza surgirá de ahí un “prejuicio negativo”, con las nefastas consecuencias del caso que son de esperar, tal cual lo vemos en forma diaria.
En función de todo lo anterior, existe la urgente necesidad que tomemos plena conciencia de que estas conductas hacen referencia a “realidades sociales aprendidas”, y cuyos efectos y consecuencias terminan por provocar –de manera innecesaria– mucho dolor, daño, violencia y la muerte de millones de seres humanos en todo el planeta.



