Dadas las especiales características que tiene un TLP, las personas afectadas por este trastorno, lo que necesitan, es que: (a) se les ayude a comprender a cabalidad su enfermedad y, (b) que sean tratadas correctamente una vez realizado el diagnóstico.
Ahora bien, es preciso adelantar que con el fin de conseguir resultados satisfactorios en el tratamiento se precisan dos cosas: una elevada y persistente motivación por parte del paciente por adherir al tratamiento y la presencia de un buen terapeuta.
Los pacientes que no son tratados o que abandonan su tratamiento, tienen una calidad de vida poco feliz y placentera, al igual que las personas que están cerca de ellos –y que sufren las consecuencias de sus conductas–, sea que hablemos de sus familias, de sus parejas, e incluso de quienes trabajan cerca de estas personas.
¿Por qué razón hay que destacar esto? Porque de acuerdo con el experto en TLP, el Dr. John Gunderson, entre los aspectos clínicos más característicos están los siguientes: (a) una alta mortalidad por suicidio, (b) una elevada heterogeneidad en sintomatología clínica, (c) una comorbilidad asociada con otros trastornos psicológicos, así como (d) notables carencias funcionales y afectivas.
Sólo a modo de ejemplo: una de mis pacientes se enamoró de una joven que sufría de TLP, quién, bajo los efectos del alcohol experimentaba conductas asociadas a la violencia y a la falta de control de impulsos, hasta el punto, que en una ocasión en que esta joven bebió más de la cuenta, comenzó a golpear e insultar a su pareja, llegando hasta el grado de intentar violar a mi paciente, a raíz de lo cual, ella tuvo que escaparse esa noche del departamento donde vivían y refugiarse en la casa de su padre.
De acuerdo con el “Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5)” una de las características del TLP, es un patrón general de inestabilidad en las relaciones interpersonales, problemas con su auto-imagen y la afectividad, así como una falta de autocontrol de impulsos, síntomas que parten al inicio de la edad adulta y que se dan en diversos contextos de la vida del sujeto afectado: hogar, familia, pareja, trabajo.
Los sujetos con este trastorno están constantemente realizando frenéticos esfuerzos para evitar un abandono, ya sea éste real o imaginario. Son personas muy sensibles a las circunstancias a las que se enfrentan, y la percepción que estos individuos tienen de una inminente separación, rechazo o la pérdida de la estructura externa, puede ocasionar cambios profundos en la auto-imagen, afectividad, cognición y comportamiento final.
Los pacientes afectados, a menudo presentan alteraciones caracterizadas por cambios de objetivos, valores y aspiraciones personales. Se aburren con facilidad con las cosas que hacen y están buscando siempre cosas nuevas. Lo anterior, las obliga a abandonar sus trabajos, o bien, a ser despedidas de los mismos.
El estado de ánimo básico de tipo disfórico de los sujetos con TLP suele alternarse con períodos de ira, angustia o desesperación, siendo raras las ocasiones en las que un estado de bienestar o satisfacción llega a tomar el relevo. El concepto “disfórico” alude a una emoción desagradable que embarga al sujeto, donde prima la tristeza, la irritabilidad y la ansiedad por sobre emociones positivas.
No obstante lo anterior, el Trastorno Límite de Personalidad ha pasado de ser un concepto coloquial tomado del Psicoanálisis para clasificar a los “neuróticos difíciles de tratar”, hasta convertirse en un diagnóstico válido, con un nivel significativo de ser un trastorno heredable y que tiene un tratamiento psicoterapéutico específico y efectivo.
Este diagnóstico y tipificación ha permitido distinguirlo de otros trastornos a los cuales había sido asociado, tales como la esquizofrenia y el Trastorno Depresivo Mayor. En los últimos años, se ha profundizado en el estudio del carácter hereditario del trastorno y en la naturaleza multifactorial de la etiología del TLP, lo que ha conducido a un incremento del número de opciones terapéuticas a disposición de los especialistas, generándose un cambio en la visión de su pronóstico.
Algunos investigadores han observado que las tendencias suicidas y las autolesiones representarían los criterios de mayor relevancia en el diagnóstico del trastorno, en tanto que otros estudiosos han señalado que la característica más distintiva de las personas con TLP, es su miedo al rechazo y al abandono por parte de terceros. Lo cierto es que, indistinto del hecho de si unos investigadores tienen más razón que otros en sus observaciones, lo más sabio es estar atento al conjunto de síntomas y conductas, con el objetivo final de entregar un diagnóstico acertado y, por esta vía, poder ayudar al sujeto afectado.



