El deterioro coincide con la controversia generada por el aumento de $370 en las bencinas y $580 en el diésel, una medida ampliamente conocida por la ciudadanía (97%) .
En este contexto, la percepción ciudadana es mayoritariamente crítica. Un 59% considera que el alza “era evitable” y que el gobierno debió “buscar otros caminos para subsidiar el precio de la bencina”, frente a un 39% que la ve como inevitable debido a la estrechez fiscal .
La desconfianza también alcanza el diagnóstico económico del Ejecutivo: un 43% cree que el Estado “tiene suficientes recursos para financiar sus compromisos”, mientras solo un 33% considera que enfrenta una situación fiscal crítica, argumento central del gobierno para justificar la medida .
El impacto en la vida cotidiana aparece como uno de los factores más sensibles. El 85% de los encuestados afirma que el alza de los combustibles lo afectará personalmente —cinco puntos más que la semana anterior— . En esa línea, un 39% identifica a la clase media como el principal grupo perjudicado, seguido por una percepción generalizada de afectación transversal .
Las expectativas económicas tampoco son auspiciosas. Un 54% cree que los precios seguirán subiendo en los próximos meses, mientras un abrumador 94% anticipa que esta crisis tendrá un impacto significativo en el costo de la vida .
En conjunto, los resultados reflejan un quiebre temprano en la relación entre el gobierno y la ciudadanía, en medio de una de las primeras decisiones económicas de alto impacto adoptadas por la actual administración.
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