Conocido locutor y reportero radial de La Unión, lleva más de 40 años desarrollando su pasión por las comunicaciones. En una entrevista llena de anécdotas y vivencias, relata cómo es su vida a sus 66 años de edad y confiesa que es feliz trabajando y aportando a la comuna desde su rol.

En Chile, la participación laboral cae a partir de los 60 años. No obstante, la presencia de personas de 65 o más años en el mercado del trabajo en nuestro país, es superior a la tasa de participación promedio de los países de la OCDE, que fue de 15,26% en 2018.

El envejecimiento poblacional, el déficit de las pensiones en Chile y la evidencia de una proporción creciente de adultos mayores que trabajan, han promovido una discusión sobre la edad legal de jubilar y la permanencia en el trabajo de las personas mayores, la cual ha estado carente de un componente de salud laboral. De todo ello, reflexiona hoy Pedro Enrique Molina, quien a sus 66 años de edad permanece vigente, vital y activo desarrollando las labores que le apasionan.

Casado el 28 de septiembre de 1980, Pedro es padre de dos hijos varones, hoy profesionales: Joan Manuel, matemático y profesor de la UFRO en Temuco; y Diego Alfonso, músico y también profesor de matemáticas, a quienes califica como “hijos maravillosos”.

Hoy, reconoce estar feliz haciendo lo que le gusta. “No sé si lo hago bien, mal o regular, no importa; pero tengo la intención de tratar de hacerlo bien, y me mantengo absolutamente vigente con un trabajo arduo”.

Sus inicios en los medios locales

Creador y conductor de programas tales como, “Entre Santos y Pecadores”, “Como Pedro por su Casa”, además de reportero y lector de noticias, en la actualidad para radio FM Mundo, detalla que sus inicios fueron en la década de los 70 en el programa “Ecos Liceanos”, realizado por el Liceo de La Unión, a través de Radio Concordia, en el dial AM CD 82.

“Después de incursionar en otros oficios, producto de la dificultad que había en nuestro país entre el 76 y 77, que para nadie es un misterio, costaba mucho conseguir pega. Después de pasar por otras cosas, como operario de Linos La Unión, escuché un llamado en radio Concordia donde  necesitaban un locutor. Con la experiencia que había tenido, me fui a probar y quedé, y marqué presencia desde el primero de enero de 1980, hasta el último día del mes de julio de 1984”, recuerda vívidamente el conocido comunicador.

En ese tiempo, como muchas personas interesadas en tener un mejor ingreso, Pedro derivó en la venta de intangibles, ya que se habían creado las Administradoras de Fondos de Pensiones, ingresando a una de ellas el 01 de agosto del mismo año, donde dice que fue formado muy bien en comunicaciones, lo que hasta el día de hoy le sirve.

“Increíble, pero es parte de la historia de Chile. Entré al sistema previsional nuevo, bajo el Decreto Ley 3.500, y debo decirlo -en honor a la verdad- a una gran empresa como fue Provida, a la que siempre voy a recordar. No estoy juzgando si eso fue bueno, malo o regular, pero en el contexto de aquella época, muchos prestamos servicios en esa Administradora de Fondos de Pensiones, porque ellos buscaban personas con determinadas cualidades para vender”, señala.

No obstante, pese a trabajar en el área privada, Pedro Molina nunca dejó los micrófonos, ya que los fines de semana conducía espacios en radio San José de Alcudia de Río Bueno, específicamente un programa de tangos, área conocida para él tras su paso por Radio Concordia.

Al desvincularse de la AFP, volvió a trabajar en radioemisoras locales. “Me acerqué a las radios, me dieron trabajo, unos mejores que otros, con buenos y malos empleadores. Aquí hay que decir la verdad, siempre recuerdo que el trabajador radial muchas veces se desempeñaba sin previsión o sin contratos (…) en ese tiempo, a quien le gustaba esto tenía pega”.

Había muchos profesores que por la tarde trabajaban tres horas en radio, muchas veces “por amor al arte”, haciendo algún programa o lectura de noticias, lo cual perjudicaba el sistema para quienes querían desarrollarse más profesionalmente en el medio, comenta don Pedro Enrique.

Pedro, ha sido el conductor de eventos folklóricos como el Festival del Alerce Milenario, shows de Semana Unionina y diversos eventos de carácter local, que lo mantienen vigente y con mucha vitalidad.

Su exigente rutina diaria

En la actualidad, su día comienza muy temprano, cuando la ciudad duerme, ya que mantiene una disciplina casi “monástica” con el desarrollo de su trabajo para poder cumplir con los tiempos que el medio exige, especialmente con el desarrollo del noticiero matinal en la emisora donde trabaja.

“Me levanto muy temprano todos los días, porque las noticias están cambiando segundo a segundo, minuto a minuto, así que lo que dejé hecho en la noche puede cambiar radicalmente al amanecer, y ni hablar en política: Cambia todo cambia, como dice la canción”.

Pedro, considera que su vida laboral a esta edad es extraordinaria. “Mi madrugar es a las 04:30 de la mañana, hago fuego en la combustión lenta y ya son un cuarto para las cinco. Luego una ducha, dejo la ropa preparada desde el día anterior y ya son las 05:10. Tomo desayuno, cinco y media un cuarto para las seis. Después computador, chequeando todo si ha cambiado algo y, a las seis y media o un cuarto para las siete, me está tocando el auto. Antes de las siete estoy en la radio y abres todos los nichos que son inmensamente grandes, como el correo, revisas tiempo y espacio de una cuña que te hayan enviado, abro la página de radio Bio Bio, las efemérides, tengo como diez nichos abiertos, porque la información cambió”.

Durante la mañana hace un recorrido a pie para reportear, porque le gusta caminar y no tiene vehículo; confiesa haber comprado dos en su vida, los cuales regaló a sus hijos cuando se hicieron profesionales. Ese diario caminar por la ciudad -reconoce- lo mantiene activo y sano, y le permite disfrutar de cosas simples, como compartir en un cóctel con sus colegas o múltiples conocidos.

Este sexagenario comunicador, está consciente que está bajo la mira. “Yo tengo mi historia, de todo, nunca la he negado, soy inmensamente responsable en algunas situaciones, nunca le he quedado debiendo nada a alguien, soy rigurosamente estricto en la puntualidad y no miento. Eso es todo. Los otros pecados, los otros vicios los tengo todos”, señala de manera jocosa, mientras suelta una risotada.

La relación con su ciudad natal

Al mirar en retrospectiva, el comunicador Pedro Molina, considera que su vida en La Unión ha sido de luces y sombras y, analíticamente, piensa que aquí ha existido por años un manejo que ha impedido que exista más desarrollo.

“Yo quiero mucho a La Unión, más allá de lo que la gente se imagina. Conozco su historia, su perfil, su industria y el relato de quienes la forjaron desde sus inicios”.

Al hablar de ello, se refiere al origen industrial de La Unión. “Yo recuerdo la población Grob, que surgió en torno al Molino Grob. Cumplían con las leyes sociales y generaban una vivienda a sus trabajadores, lo que también ocurría en la Linos (…) hoy falta identidad, no son los mismos de ayer; se me van a enojar, pero don Juan Fisher ya murió, un Teófilo Grob se fue, los trabajadores podían conversar con ellos; hoy ya no es lo mismo de ayer. Esa identidad que había se echa de menos”.

«La gente grande»

En la última década, Pedro Molina se ha vinculado mucho con los adultos mayores, siendo el anfitrión o presentador de todas las actividades municipales dirigidas a ese segmento etario, por lo que tiene una apreciación muy especial sobre “la gente grande”, como les llama, y su vida en la capital del Ranco.

Luego, reconoce que la vida a esta edad depende del enfoque de cada uno. “Yo quiero darle a lo mío hasta que se pueda. Alguien me preguntó si me sentía adulto mayor, y así es, a mucha honra y a mucho orgullo. Tenemos una experiencia de vida que nos enseña a sobrevivir en estos tiempos difíciles”.

Como una persona que ha cruzado la línea de la jubilación, Pedro Enrique considera que en gran parte una vida de calidad depende de cada uno y de la solidaridad de la sociedad, porque el individualismo está matando a la tercera edad.

“Los adultos mayores en La Unión están vigentes, eso es claro. En mi caso, que bueno que aún puedo seguir teniendo oportunidades y que eso, en gran medida, depende de mí; auto estudiando, escuchando, siendo muy transversal y respetuoso. Vivimos en una sociedad donde se murió la palabra solidaridad, quedó de lado. Hoy está comprobado que una jubilación debiera tener tres patitas sobre la mesa: Estado, empleador y trabajador, y así lograríamos mucho más”.

Frente al futuro, tiene expectativas bien aterrizadas y confiesa que tiene miedo a una vejez en la cual no pueda ser autovalente, porque eso afecta la dignidad de las personas.

“Yo me fijo una expectativa no grande a futuro, pese a estar vigente, porque le temo a la vejez. Pero ¿a qué vejez le temo?: a no valerme por mi mismo o estorbar. Pero alguien dirá ¡están tus hijos! Si, pero no es el propósito. Me gustaría, si un día estoy enfermo, quedarme en el sueño rápidamente. Tengo varios amigos que murieron así de felices. Un ejemplo, un amigo que murió bailando con su señora esposa, junto a sus bomberos. ¡Chao! ¡ni siquiera gastó una noche en el hospital! La vida es eso, yo me voy a morir, pero a ese cómo, cuándo ni dónde, quiero llegar bien, con dignidad».

La vejez hay que aceptarla como una cosa natural, señala el comunicador, pero la sociedad tiene que colaborar en ese proceso, para otorgar calidad de vida y, la ciudad en la que le tocó nacer, considera que aún tiene grandes brechas para ser un lugar amigable con los mayores.

“El otro día me tropecé y caí en la Plaza de la Concordia, por las pestañas y rebordes que tiene en la zona del césped, lo cual marca un desnivel. Eso es no pensar en los adultos mayores. Aquí hay personas que sabiendo las leyes no cumplen con la norma. Una vez, cierta persona que se conoce las leyes, se cayó e inmediatamente sacó fotografías y demandó al municipio; no todo el mundo lo sabe y no estoy acusando al municipio, es el Estado, esté quien esté (…) aquí faltan espacios para los adultos mayores”.

¿El retiro?

Pedro confiesa que en este momento no piensa en retirarse. “Nadar, nadar hasta la orilla, y cuando llegue a la orilla me voy a morir, pero con dignidad. Si todavía soy capaz de entregar más, lo voy a hacer con mucho cariño y respeto”, señala de manera enfática.

Ante la pregunta respecto si considera haber sido exitoso, cita a un amigo. “El sacerdote Pablo Fontaine, me dijo que el éxito no se mide por el largo del auto que se pueda tener, ni el largo de las cortinas que pueda haber en tu casa. El éxito se mide en otras cosas, como el cajero del banco que cuando cierra su caja no le sobra ni le falta un solo peso. Ese que cuadró bien, es exitoso, así de simple”.

Bajo esa premisa, Pedro reflexiona que puede morir cuando sea, pero aún le falta algo por hacer y está trabajando en ello, que es la publicación de su libro: una recopilación de su poesía, con la cual ha ganado varios concursos literarios, algo que no toda la gente sabe. Estos poemas los ha escrito desde su juventud y por casi medio siglo, inspirándose silenciosamente y guardándolos para el día en que pueda publicarlos.

“Quiero rescatar todo mi material y escribir ese libro, porque la poesía tiene mucho de verdad y, mientras más simple resulta, más difícil es hacerla, porque cuando Neruda te dice es tan corto el amor y tan largo el olvido, no hay complejidad en ello, pero la conjugó de tal manera que es una verdad en cualquier parte del mundo”.

La reflexión final de Pedro tiene que ver con que a esta edad el pensamiento de las personas pasa por lo que es el meditar en la suma de cosas de la vida y quizá eso se refleja en los versos de su autoría que recita al final de la entrevista.

“Hay en mis canciones ausencia de primavera, las golondrinas de mi infancia hoy están todas muertas. Pasaron por mi lado aromas de flores extranjeras, ¿qué dejaron en mis manos? Ilusiones marchitas, que crecieron en el aire de mis ideas, y se transformaron en celeste luz en un mundo de tinieblas”.

___