Las complejidades del cuidado de personas mayores: una labor desde el cariño

Con el envejecimiento de la población aumentan, también, las personas mayores que requieren de cuidados para realizar las actividades de la vida diaria. El cuidado de otra persona puede traer consigo una gran sobrecarga y en tiempos de pandemia, donde las visitas a los adultos mayores han disminuido, esta tarea puede repercutir negativamente en la salud de cuidadores y cuidadoras. ¿Quién cuida a los cuidadores?

Don Carlos se despierta temprano en la mañana y se levanta a preparar el desayuno para él y su esposa. Hace 4 años que se retiró del trabajo para cuidar de ella de forma exclusiva debido a un avanzado diagnóstico de Alzheimer. Luego de comer, la viste y se preparan para un nuevo día en el que ella permanece en el hogar, bajo el cuidado atento de su marido; y él, solo sale cuando es estrictamente necesario, para hacer algún trámite o realizar las compras.

Hace tiempo que Carlos Barriga, de 70 años, es el cuidador principal de su esposa, de 63, y debe estar día a día entregándole los cuidados y apoyo que requiere. Lo hace con todo el amor que le tiene y asegura que no lamenta tener que hacerlo, es su esposa y la va a cuidar siempre que ella lo necesite. Pero ¿quién cuida a don Carlos?

En Chile más del 19% de la población tiene 60 años y más, siendo uno de los países más envejecidos de América Latina. En los últimos 30 años la cantidad de personas mayores se ha incrementado en más del doble y de acuerdo con las proyecciones, para el 2030 Chile será el país con mayor proporción de personas mayores de la región (CELADE, 2019). Esta situación tiene como consecuencia el incremento de personas mayores que requieren de un cuidador o cuidadora.

Las necesidades de una persona mayor varían de acuerdo con su nivel de dependencia y son de carácter físico, social y emocional, requiriendo diariamente de alguien que atienda estas necesidades y las apoye. Es en este contexto que surge el cuidador informal que, en la mayoría de los casos, es una mujer de la familia que asume este rol de manera voluntaria o porque no existe otra alternativa, aunque involucra, de todas formas, una obligación moral.

Se denominan cuidadores informales a las personas que otorgan cuidados a personas enfermas, en situación de discapacidad o mayores que no pueden valerse por si mismas para realizar actividades de la vida diaria. Se caracteriza por ocupar gran parte de su tiempo, sin horario fijo ni retribución económica y no necesariamente tienen una formación especializada.

Una labor gratificante, pero estresante

El cuidado de una persona es una gran responsabilidad y conlleva un enorme esfuerzo, genera un aumento en la carga del cuidador o cuidadora y puede traer problemas físicos, mentales y socioeconómicos si no se maneja bien. Dependiendo de la salud y la complejidad de los cuidados que requiera la persona, estos pueden durar meses o años, exigir gran esfuerzo físico y, en muchas ocasiones, provocan interrupción de los roles que desempeña la persona tanto en su familia como en la sociedad.

Este es el caso de don Carlos Barriga, quien por falta de redes de apoyo, mantiene el cuidado total de su esposa, sin contar con momentos de descanso. “Yo estoy solo al cuidado de mi esposa, mi rutina diaria es cuidarla a ella, darle lo que necesita y hacer las cosas de la casa. Hace ya cuatro años que solo salgo cuando necesito hacer un trámite o para ir a comprar y nunca la dejo más de una hora, estoy intranquilo si lo hago. Yo no me aburro de atenderla, lo hago con todo mi cariño, pero cada día es igual”, señaló.

Desde otra vereda están también quienes han hecho de esta labor su trabajo, como es el caso de la señora Irma Ponce, quien se dedica hace casi 15 años al cuidado de personas mayores.

“La enfermedad de mis padres fueron los primeros pasos y doy gracias a dios porque una cosa llevó a la otra. En el 2006 comencé a trabajar cuidando a la primera abuelita, la señora Elsa, y no he parado”, señaló.

Irma cuida a las personas en su domicilio y actualmente se hace cargo de un adulto mayor a tiempo completo. Se encarga de su cuidado personal, clínico, su alimentación, lavado de ropa, todo lo que requiera. “El cuidado de una persona mayor es dedicación completa y es desgastante, hay que hacerlo con mucho cariño y vocación porque no se puede descuidar ningún momento. No es solamente alimentarlos, hay que estar atenta, preguntando, viendo, calculando las horas para poner la chata, hacer lavados, cambiarlos de ropa si se traspiran, cambiar sábanas, hacerles masajes, cambiarlos de posición para que no se formen escaras, etcétera”, afirmó.

Esta cuidadora unionina tiene una gran vocación por la labor que realiza y cuenta que durante el día los cuidadores deben transformarse en los profesionales que la persona mayor requiera. “Una como cuidadora se transforma en terapeuta, en psicóloga, en socióloga, nutricionista, kinesióloga, masajista, en el día pasas por muchos trabajos porque es necesario escuchar, entretener, alimentar, porque es necesario hacerle el gusto a veces. Las personas que tienen Alzheimer, por ejemplo, si le colocas un tango, ellos no saben, pero recuerdan esa música y la reconocen, eso los activa y por eso digo yo que se requiere paciencia y dedicación. Pero para mí, esas manitos que te llegan a la cara, dándote las gracias, no tienen precio”, comentó.

La carga de un cuidador o cuidadora es una experiencia personal que tiene ámbitos objetivos y subjetivos. La carga objetiva corresponde a los cambios que debe afrontar el cuidador en su vida diaria, en las actividades que solía hacer y las rutinas que mantenía antes de hacerse cargo de una persona. La carga subjetiva guarda relación con las reacciones emocionales frente a las demandas de cuidado, como estrés, agotamiento, falta de apoyo, disminución de la motivación, de los vínculos y la energía. Recomendaciones saludables para personas cuidadoras

La sobrecarga que soporta un cuidador puede repercutir negativamente en su salud y cuando la situación se vuelve insostenible es importante pedir ayuda profesional. De acuerdo con la psicóloga del Programa Centro de Día de Adulto Mayor de La Unión, Magdalena Pérez, algunos síntomas que se pueden observar son “no poder descansar bien, despertar constantemente o sentirse cansado al despertar; sentir, de un momento a otro, ira insostenible sin entender del motivo, lo que habla de estrés o estar la mayor parte del tiempo triste o desanimado”.

Para hacer frente a alguna de estas situaciones entregó una serie de consejos para personas que están al cuidado de adultos mayores:

• No dejar de lado su propia salud. • Mantener una alimentación equilibrada. • Respetar los tiempos de descanso. • Realizar actividad física dentro de lo posible: caminatas cortas, estiramientos, ejercicios de relajación. • Mantener la comunicación con personas significativas para sentirse escuchado. • Realizar alguna actividad de ocio.

La psicóloga recalcó, además, la importancia del relevo de los cuidados. “Es importante que no solamente una persona este a cargo del cuidado, sino que dentro del grupo familiar también se involucren y puedan llegar a soluciones para poder aliviar a la persona que tiene la mayor carga. En algunas ocasiones no existe ese apoyo de la familia, pero también nosotros como vecinos podemos aportar en esos casos, ofreciéndonos a ayudar a hacer trámites, compras o, incluso, preguntando cómo está, cómo se ha sentido”, explicó.

Cuidadores y Pandemia

Sumada a la dificultad por satisfacer las necesidades de las personas mayores, en la situación actual, los cuidadores deben, también, asegurarse de la prevención y el autocuidado del covid-19.

Magdalena Pérez explicó que la carga de las personas que cuidan ha aumentado desde el inicio de la pandemia por covid-19, debido a que se ha privilegiado la prevención del contagio por sobre las necesidades emocionales de las personas mayores, llevando a disminuir la visitas y relevos en el cuidado.

“Desde un principio estos adultos mayores han adquirido sentimientos de soledad y, muchos de ellos, se han responsabilizado totalmente del cuidado de otra persona mayor. Esto trajo consecuencias a nivel físico, ya sea desde un agotamiento físico o el empeoramiento de las enfermedades que ellos ya tenían, como también a un nivel psicológico y social, presentando síntomas depresivos, de soledad, de desamparo. Esto sumado a que han dejado de lado las actividades que antes realizaban por el covid-19 y para dedicarse al cuidado de otra persona”, señaló.

Para Irma, con la llegada de la pandemia, también cambiaron algunas cosas. “Yo recibía a los abuelitos con el compromiso que los familiares se los lleven el sábado y lo traigan de vuelta el domingo, para yo tener un día y una noche de descanso. Con la pandemia eso se terminó, no pudo ser más así por protección para los abuelitos y también para mí”, explicó.

Además, asegura que la crisis sanitaria produjo mayor soledad para las personas mayores por la falta de redes de apoyo. “No tienen quien los cuide en sus casas porque sus hijos están trabajando, tienen sus propias familias o no tienen los recursos para pagar una cuidadora que vaya, entonces hay una serie de factores que han influido negativamente en ese sentido y la pandemia también dejó a la vista esas falencias”, indicó.

“Uno prende la radio, la televisión y escucha ‘debemos preocuparnos por los adultos mayores’, pero la verdad es que están bastante abandonados. Se que falta trabajar mucho, faltan muchas políticas con respecto al cuidado y defensa de los adultos mayores, pero no tiene que ser solo una frase, tienen que ser hechos”, finalizó.

 
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