Crítica situación sanitaria que vive la población de ingreso a la ciudad de La Unión, tiene a sus habitantes en pie de guerra con las autoridades que no le entregan solución definitiva al problema de rebalse de alcantarillado.

La semana pasada la Aldea Campesina se llenó de letreros, banderas negras y globos, en protesta contra las autoridades que no han entregado una solución definitiva al problema sanitario que enfrentan desde junio del año pasado, cuando el alcantarillado colapsó y comenzó a escurrir el agua contaminada con excremento en los sitios y calles de la población.

Una solución parche de 56 millones de pesos se aplicó para el problema. La empresa DISAL sacó el agua de las alcantarillas, haciendo cuatro viajes para descargarla, pero duró menos que “un caramelo Candy”, porque al llegar la época estival se agravó el problema, ya que sigue obstruido un colector, con riesgo incluso de incendio, producto de la acumulación de gases de las heces fermentadas.

El agua contaminada escurre por la calle, la población está llena de olores fétidos, y responsabilizan a las autoridades de que “los millones se fueron, pero los olores siguen”, en referencia a los 56 millones de pesos invertidos, que una empresa ganó por hacer -según los vecinos- cuatro viajes para evacuar las aguas servidas acumuladas y que rebalsaban hacia los patios de las casas.

EL INICIO DEL PROBLEMA

Iris Peralta, dirigente social de la Aldea Campesina, era presidente de la Junta de Vecinos del sector el año 2017 cuando se les presentó un gran proyecto que iba a ser la solución para que puedan contar con pavimentación en las calles. Ese proyecto implicaba perder la autonomía que por casi 60 años han gozado, de tener agua potable propia, para pasar a manos de ESSAL, dependiendo de ellos para el agua potable y alcantarillado.

“En junio del año pasado se colapsaron las alcantarillas y por gravedad escurrieron hacia la cámara de Carlos Martel con Santa Teresita. De ahí se produjo un tapón que no se puedo destapar, debido a que abajo habría gases butano, por lo que se requiere de equipos de oxígeno para entrar (…) ahí comenzó nuestro calvario”, relata Iris Peralta, hoy dirigente del Comité de Agua Potable de la Aldea.

La obstrucción del alcantarillado se produjo debido a que la empresa García Gross -que trabajó el proyecto de la Aldea- produjo la caída de escombros en las tuberías, que terminaron trancando todo el sistema, pero jamás lo solucionó porque se declaró en quiebra en pleno proceso de ejecución del proyecto, dejando el grave problema a los vecinos.

A raíz de los múltiples reclamos, dirigentes de la Aldea viajaron a Santiago logrando conseguir recursos para una solución del problema. Mediante la utilización de camiones limpia fosas de ESSAL, se sacó el agua contaminada, pero duró hasta que se volvieron a llenar las alcantarillas.

“Una de las más afectadas he sido yo, porque se llenó mi sitio de aguas servidas, por lo que tras un mes de esperar solución y al tener adultos mayores y niños viviendo aquí con el riesgo de la contaminación, tuvimos que hacer una salida mediante una tubería hacia la calle Padre Hurtado, por lo que el agua contaminada termina en un colector de aguas lluvias y de ahí directamente al río”, comenta Iris.

El año 2017 se llamó a una reunión de la comunidad con las autoridades municipales para decidir el futuro de la población, donde se les presentó un proyecto fantástico que incluía la pavimentación de las calles, sobre lo cual debieron realizar una votación para decidirlo, pero ello también implicó que Iris se ganará enemistad entre los vecinos que no querían renunciar a seguir utilizando su agua propia.

Iris Peralta, molesta con esta situación, señala que “se supone que para el aniversario de los 200 años de La Unión tendríamos pavimentación, alcantarillado y agua potable, y estamos peor que antes, porque tenemos aguas servidas en los sitios de la población”.

El plan propuesto para solucionar el problema sanitario incluía la limpieza del alcantarillado con camiones limpia fosas en el plan A, en tanto que el B consiste en conectar las casas al nuevo alcantarillado y eso llevará más tiempo del que se espera. El plan C, en tanto, depende de recuperar la garantía de la empresa García Gross, para invertir esos fondos en la solución del problema, todos planes de largo plazo, mientras la población debe seguir sumida en malos olores y riesgo de infección.

La mayor sensación de impotencia de los vecinos se debe a que se sienten abandonados por las autoridades, es lo que Iris Peralta señala, por cuanto ella se siente traicionada, ya que “aceptamos un proyecto que era para nuestro bienestar y estamos peor que el 2017, cuando nos dibujaron un mundo de maravillas, les creí, incluso quedé mal con los vecinos, porque todo terminó siendo una tragedia”, acota muy dolida Iris Peralta.

DE LA ESPERA A LA PROTESTA

Miriam Vásquez, secretaria de la junta de vecinos de la Aldea Campesina, mientras intenta poner un letrero de protesta frente al Servicio de Alta Resolutividad, SAR, señala que para ellos la gravedad del problema sobrepasó todo límite, por lo que tomaron la decisión de manifestarse hasta que las autoridades respondan con una solución que los libere definitivamente del problema.

“Los malos olores y los rebalses del agua contaminada es una situación grave. Tenemos enfrente del problema un CESFAM, un SAR, un colegio, un jardín infantil, que si ahora se presentara el retorno a clases de manera presencial ningún apoderado mandaría a sus hijos a clases debido a los malos olores y la contaminación”, señala la dirigente.

Miriam Vásquez, agrega un hecho no menor, que se produce por el tránsito de vehículos al Servicio de Alta Resolutividad, ya que han visto que “los automóviles pasan por el agua contaminada que escurre, de allí ingresan al centro de salud llevando esa contaminación, y la pregunta que me hago es que clase de salud es la que nos están ofreciendo, porque hasta ahora la solución que entregaron fue solamente un parche”.

Las autoridades pudieron retomar el proyecto de alcantarillado que quedó inconcluso con la empresa declarada en quiebra, el que ha sido asumido por la empresa Arriagada Opitz, pero los vecinos creen que esa solución requiere de meses y ellos necesitan una solución inmediata, y creen que llegado el invierno el problema puede agudizarse.

“Con el estado de las calles las personas con sillas de ruedas no pueden pasar, la gente de la tercera edad se ha caído en las calles llenas de hoyos, plazas destrozadas, nosotros no damos más con esta situación y estamos todos enojados”, señala Miriam.

El enojo, según la dirigente, es “hacia las autoridades, tanto Intendencia como Municipalidad y Gobierno Regional. Contra todos ellos, porque hubo fiscalizadores que no hicieron su trabajo y luego la empresa quebró. Pero, ahora necesitamos una solución al problema de manera inmediata”.

Rosa Ulloa, presidenta de la junta de vecinos, molesta frente a lo que viven, expresa que sólo hay promesas de solución, ya que “siempre nos han dicho que nos van a solucionar el problema, pero hemos visto que los millones se fueron y los olores quedaron. Requerimos ahora de un hidrojet, un camión extractor, para hacer un barrido de la caca, de la suciedad que hay. Hicieron cuatro viajes para sacar las aguas servidas, pero ahora nuevamente con las altas temperatura se agudizó el problema”.

La solución para Rosa Ulloa pasa por limpiar las cámaras que llegan a calle Santa Teresita con Claudio Arrau. “Mientras no se limpie la cámara que pasa por esas calles vamos a seguir con el problema, porque el agua se escurre hacia Ricardo Boettcher, a la entrada de la ciudad y es horroroso, porque baja por la cuesta y va a contaminar las napas que están más abajo”, acota.

Pero, para la presidenta de la comunidad, uno de los riesgos que no se visualiza es la posibilidad de un incendio de proporciones debido a la acumulación de gases inflamables en la alcantarilla obstruida.

“En noviembre vino bomberos con el equipamiento respectivo debido a las emanaciones que existían y comprobaron la existencia de gas butano, lo cual fue muy horroroso esos días para toda la población. ¿Qué esperan las autoridades, que muera alguien, nuestros vecinos, nuestros adultos mayores que son nuestras joyas?”, señala de manera enfática y molesta la dirigente.

Gervasio Colipúe, joven habitante de la Aldea Campesina, nieto de uno de los primeros pobladores, está molesto por la falta de respuesta de las autoridades y les formula un desafío:

“Con el problema de pandemia tenemos que estar encerrados las 24 horas con el mal olor que se siente (…) hago una invitación a las autoridades, les tengo las puertas de mi casa abiertas para invitarlos a tomar once un día, para que sientan lo que es tomar once con un olor a mierda. A ver si se atreven a estar con un olor no grato en sus narices como lo vivimos nosotros”.

Por ello, Gervasio se ha sumado a las manifestaciones, porque sabe que solo visibilizando el problema frente a la comunidad tendrán solución, aunque andar en las calles de la Aldea también es riesgoso para la salud, ya que se puede contraer cualquier infección.

María, 81 años, muy molesta señala que “nos han venido a dar puras dipironas y calmantes, pero nosotros queremos una solución total. Con esta hediondez imagínese la gente que viene al SAR (…) mire como corre esta mierda para allá. ¡Hasta cuándo vida mía!”.

La verdad es que es completamente visible lo que doña María señala. El agua contaminada escurre por calle Padre Hurtado frente al SAR, y debajo del pavimiento ya el agua está infiltrada volviendo a brotar justo en la entrada del servicio de urgencia.

Los riesgos de infecciones, tales como hepatitis y otras, están presentes en el diario vivir de los aldeanos. Incluso comentan que en la calle del problema casi todos han estado infectados de COVID-19, y para ellos no sería extraño que la fuente de contagio sea precisamente la contaminación.

Mientras los aldeanos siguen bajo el riesgo sanitario que produce esta saturación de aguas servidas, los sitios y calles se impregnan hasta las napas subterráneas de esa contaminación, seguirán a la espera de que aparezca una solución inmediata al problema. Pero, la pregunta es simple: ¿Quién le pondrá el cascabel al gato? Porque aquí, como dicen los jóvenes, parece escucharse un largo “cri cri”, de parte de las autoridades, o al menos es la sensación que tienen los habitantes de la Aldea Campesina Georgia de La Unión.