Por Héctor Morales Santibáñez

Tuvo uno de los funerales más masivos que recuerde la comuna. La historia de vida y valoración de Chanty se contó tras su muerte y la crónica escrita el 2012 la compartimos ahora, en el bicentenario de La Unión.

El 12 de diciembre del año 2012, partió de este mundo uno de los personajes más reconocidos en La Unión, por su deambular diario en las calles de la ciudad. Chanty Cuevas murió atropellado cerca de su casa en la población Francisco Aguirre. Fue entonces que escribí una crónica para el diario electrónico El Ranco, la cual me permito rescatar y volver a publicar, porque sin duda, Santiago Cuevas, es un personaje que merece ser recordado en este bicentenario, porque vivió en dos siglos y en dos milenios distintos, y reflexionar sobre lo que significó para los unioninos es importante.

Para contar la historia de Chanty, tuve que hablar con su hermana María Marta, en medio del velatorio que se realizó en Caupolicán, lo que me permitió adentrarme en la vida de este personaje, poniendo al descubierto la cara oculta de la burla y malos tratos que recibió durante su vida por parte de los unioninos.

Muchos lo conocían como el personaje que diariamente deambulaba por las calles de La Unión, retando a algunos, peleando con otros, o conversando amigablemente con los niños. Solía desatar la risa de muchos, la burla de otros, pero era un personaje querido y que trataba bien a los que lo respetaban pese a su condición de padecer una enfermedad mental. Esa era la imagen pública conocida de Santiago Cuevas, pero detrás del personaje había toda una historia.

DESCUBRIENDO SU BIOGRAFÍA

Le decían “Chanti” o “Chanty Cuevas” –diminutivo de Santiago- pero su verdadero nombre era José Santiago Cuevas Ojeda, nacido el 02 de mayo de 1942, en Calcufilo, fundo cercano a La Unión. A los 4 años su familia se trasladó a vivir a la población Francisco Aguirre, donde vivió hasta el día de su muerte con su hermana María Marta Cuevas Ojeda, en la calle Santiago Vera.

Chanty, cursó sus estudios primarios en la escuela Nº 4 de La Unión, de donde egresó al terminar el sexto año preparatoria con buenas calificaciones. En ese colegio participó en folklore, siendo su compañera de baile su hermana María Marta, la que lo recuerda como un gran bailarín. Asimismo, integró como “redoblante” la banda Scout “Guillermo Becker”, primera banda de la escuela 4 en la que tocaba la caja.

“Cuando niños éramos muy unidos entre todos los hermanos, nos queríamos mucho”, recuerda su hermana María Marta.

Siendo joven fue boxeador del Club Francisco Aguirre, logrando ser campeón de los barrios en box. También fue un destacado futbolista del Club Deportivo Ferroviario, en el que participó el resto de su familia.

Cuando Chanty comenzó a trabajar lo hizo como obrero en la construcción de la Aldea Campesina Georgia, y luego ingresó al que fue su último trabajo en la Feria Ganaderos de La Unión.

COMIENZA SU ENFERMEDAD

Cuando pregunto a su hermana María Marta por la enfermedad de su hermano, no le es fácil hablar de lo que pasó hace más de 40 años. Parte diciendo que fue cuando Santiago tenía como 24 años.

¿Tuvo alguna novia o alguna polola?

“Es que ese fue el principio del problema, porque tenía una y la madre de ella no quería que existiera esa relación, por lo que dicen que fue a consultar a una persona para que le haga un mal”.

Con pena y lágrima en los ojos, mientras recibe el pésame de las personas que llegaban al velatorio, cuenta que “después de eso Santiago nunca volvió a ser el mismo, y los médicos nunca pudieron determinar cuál era la enfermedad que padecía”.

Luego, María Marta, nos cuenta algo que muy poco sabían: Chanty tenía una hija, Flor Beatriz, que al momento de su muerte tenia 46 años.

¿Se relacionaba Santiago con ella?

“Solo conversaban en la calle, no se visitaban, pero él estaba consciente que era su hija, fruto de la única relación amorosa que tuvo”, acota su hermana.

Luego -María Marta- recuerda de manera vívida el momento en el cual se manifestó la primera crisis de Chanty. “Era un día domingo como a las 2 de la tarde, salió totalmente desnudo a la calle y llamaba a gritos a su hermano José. Luego se puso una falda de mujer y deambulaba descalzo de un lado a otro, caminando desde la casa hasta cerca de donde está el paso nivel, donde había un local que se llamaba Ancla de Oro, hasta que logramos entrarlo a la casa”.

Posteriormente, la familia lo llevó a Valdivia y fue internado en una unidad psiquiátrica de ese entonces, en la que le dieron el alta una vez que lograron estabilizarlo. Luego asistió a algunos controles, pero él se las ingenió para no seguir asistiendo, porque argumentaba “que lo trataban mal”, debido seguramente a terapias de electroshock u otro tipo de tratamientos muy invasivos que se aplicaban en esos años.

“Cuando murieron nuestros padres me hice cargo de él, y procuré llevarlo a sus controles, pero sólo aceptó la primera vez y luego dijo que él iba solo, por lo que solamente me pedía el dinero y no iba, y se pasaba a ocupar la plata en cualquier local comercial”,  sigue relatando su hermana, mientras seguía llegando gente a su velatorio y depositaban sendos ramos de flores en la capilla ardiente.

Luego, María Marta continúa: “Una vez mi hermano me dijo que él lo iba a llevar, pero también lo consiguió una vez y le hizo lo mismo, ya que con el dinero que le había dado se pasó a un restaurant, por lo que de allí nadie insistió en llevarlo al médico”.

Chanty, se levantaba cada mañana y conversaba de manera normal, ayudaba a su hermana a picar y entrar leña y luego salía a hacer su circuito por la ciudad. Volvía a almorzar siempre como a las cuatro de la tarde, y luego ya se alteraba su conducta, aunque no era violento. Su hermana lo recuerda como una persona pacífica en el hogar.

Asimismo, recuerda que él ayudaba a cuidar a sus sobrinos cuando eran niños y hasta ahora mantenía siempre una buena relación con los hijos de sus sobrinos, y todos lo querían pese a la limitación de su enfermedad. Siempre traía regalos para ellos y recogía cosas que “a ellos le iban a servir”.

Dormía siempre con ropa, no le gustaba bañarse, no le gustaba que le den ordenes respecto a lo que tenía que hacer, por lo que su hermana se las debía ingeniar para lavarle la ropa, aprovechando de entrar a la pieza mientras él se encontraba en la calle.

Cuando Chanty se acostaba comenzaba a hablar, golpear la pared y cantaba canciones que él mismo iba inventando. Uno de los personajes que siempre salía en esas letras era la ex gobernadora Olga Boettcher.

No era regodeón para comer, pero sólo bebía vino. El alcohol lo alteraba, al igual que las ocasiones en que se sentía atacado o provocado.

EL MAL TRATO DE LA UNIÓN

Chanty, tenía amigos en la ciudad que siempre lo trataban bien, pero otros no eran para nada amigables y se burlaban de su condición, aprovechándose de ello.

“Muchas veces los ricos lo llevaban a los campos a trabajar, pero lo dejaban botado y debía regresar caminando”, expresa con dolor su hermana María Marta. Continúa diciendo que “muchos se aprovechaban, lo hacían trabajar y luego le pasaban monedas antiguas en pago o bien esas papeletas de depósitos de los bancos y me los traía para que yo los vaya a cambiar porque era mucha plata, y él no tenía conciencia del valor del dinero”.

Cierta vez lo llevaban en una camioneta en la parte de atrás, que iba repleta, y seguramente la incomodidad lo llevó a lanzarse del vehículo en marcha, quedando herido y botado a orillas del camino antiguo a Valdivia. Allí lo encontraron, precisamente, quienes venían en una micro de recorrido hacia La Unión.

Pero las historias de burla y abuso son muchas, y en medio del dolor María Marta continuó relatando.

 “Una vez me trajo un paquete diciendo que era pescado, pero cuando lo abrí tenía dentro un gato muerto. Otra vez también traía un paquete que tenía olor a pescado, pero cuando lo abrí eran puros papeles sucios de esos que usan para envolver los pescados y absorban el agua. Eso era muy triste, porque después él peleaba conmigo para que le preparara lo que había traído, y pensaba que yo no quería darle. Él se llenaba de ansiedad con eso y le hacía mal. Eso era pura maldad que hacían con él y pasó muchas veces. Creo que él no se merecía eso, porque era una persona muy buena, de sentimientos nobles”, señala.

ANECDOTARIO

Pero si bien había gente que actuaba con maldad, otros lo trataban bien, como su amigo colectivero Sáez, que le tomó una foto que fue usada en el velatorio porque la urna venía sellada, ya que el amigo le llevó la foto enmarcada de obsequio a la hermana de Chanty. Asimismo, otros de sus amigos eran el grupo folklórico “De la Barriada”, quienes le compusieron una cueca y lo invitaron especialmente a una presentación donde la tocaron.

Chanty, cuando debía salir a hacer trámites o su hermana lo invitaba a salir, debía hacerlo nada menos que con taxi a la puerta, caso contrario no aceptaba, pero siempre su hermana lo complacía en ese caprichito.

Una de las hazañas más recordadas es la vez que robó un caballo y se fue a Puyehue a ver a una de sus hermanas. Tanto él como el caballo terminaron muy mal en la aventura, aunque lograron llegar a destino. Los pies de Chanty quedaron totalmente heridos, y el caballo sin herraduras también terminó con grandes lesiones.

Para quienes lo conocieron de cerca, saben perfectamente que las frases que lo enfurecían eran cuando le gritaban ¡se arrancó una chancha! Y también cuando le peguntaban por su hermana.

Su hermana nos explica que cuando era niño se arrancó una chancha desde el sector alto cercano a la población y el debió salir corriendo a alcanzar el animal. Pero, al parecer la persecución fue frustrante, por lo que le quedó un mal recuerdo que gatillaba su enojo, y más de alguno debió recibir un golpe por ello, propinado con la varilla que casi siempre llevaba en la mano.

Es que Chanty, sabía distinguir perfectamente cuando alguien se estaba burlando de él, y eso le molestaba mucho y obviamente desataba una sarta de garabatos sobre quien se atrevía a molestarlo de esa manera. Así cuando le preguntaban por la chancha, debían soportar la respuesta: ¡La chancha culiá de tu hermana weón!

Otra frase célebre de Chanty era: “¡Acaso Calcufilo será tuyo weón! Es que había sido el lugar de su nacimiento y -al parecer- Chanty, en su mente distorsionada asociaba como propio ese fundo.

12.12.12., fecha apocalíptica para algunos, y lo fue para la vida de Chanty. Como siempre salió en la mañana luego de desayunar, y su hermana lo esperaba a eso de las cuatro de la tarde con el almuerzo, pero no llegaba. Le fueron a avisar cerca de las cuatro y media que había sido atropellado en la calle Rafael Leveque de la población que había sido su hogar por 66 años. Un distraído conductor de un camión repartidor lo atropelló y se fue del lugar.  Resulta paradójico el hecho de que Chanty Cuevas detestaba las bebidas gaseosas “porque tenían mucha azúcar y hacían mal”, y que un camión que distribuía bebidas de Coca Cola, la bebida que más detestaba, haya sido el causante de su muerte. Sin duda, una horrible forma de morir que él no merecía.

Quienes lo vieron minutos antes, señalan que Chanty estaba sentado tranquilo en una plazoleta cerca conversando con un grupo de niños, a los que siempre trató amablemente. Ellos son los únicos que saben cuáles fueron las últimas palabras de Chanty antes de su muerte.

Mientras escribía esta crónica, recordé el privilegio de una mañana 24 años antes, cuando junto a Mario Ortíz -sobrino de Chanty- sentados en la baranda de un cerco de la parroquia tuvimos una amena charla y pude ver a este especial personaje sosteniendo una conversación de manera normal y cuerda sobre temas importantes, en la que vi manifestado el enorme amor filial hacia su sobrino Mario, al que cuidaba cuando niño, y también del respeto y cariño de parte de su sobrino.

Ese era Chanty, un personaje que vivió 70 años, 46 de los cuales lo hizo en medio de un mundo de confusión. Muchas veces –para quienes son creyentes- se preguntan el porqué de las cosas. Creo que aquí hay que preguntarse ¿Para qué? ¿Para qué Dios permitió que Chanty deambulara tantos años en medio de la ciudad? Creo que la respuesta es lógica: para probar el corazón de los unioninos y conocer lo que hay en el fondo de éste, lo que queda reflejado en las actitudes que cada uno tuvo con este personaje mientras estuvo en tierra de los vivientes. Chanty, fue enviado para enseñarnos a ser mejores personas.

Como dijo Luz Mabel Rojas, comentando la noticia de su muerte en Facebook, “Que nuestro Señor te reciba en su Santo Reino hombre-niño”.

Santiago Cuevas, es parte de la historia de La Unión, por eso hemos querido recordarlo en este bicentenario, cuando han pasado ocho años de su muerte, ya que sigue vivo en el recuerdo del consciente colectivo de la ciudad que lo vio nacer y morir.