E stas dos concepciones, o determinación del alcance de nuestros actos pasan a tomar un rol presente en nuestras conversaciones políticas de los últimos días

 

Por Jorge Oyarce Kruger

El “en la medida de lo posible” fue el que agotó y expandió las brechas de desigualdad más allá de los esperado por quienes actuaron bajo ese paradigma. Inicialmente la medida de lo posible estaba dada por la presión de las autoridades militares que eran parte del gobierno y el estado en los primeros años de nuestra democracia. Ahora entienden para donde voy?.

En la medida de lo posible los primeros gobiernos de la ex-concertación pueden y a mi juicio tienen justificación, justificación en el miedo, las presiones militares y autoritarias de quienes conservaban cuotas de poder en las sombras amparados por la constitución redactada por ellos casi 20 años antes.

Luego la medida de lo posible se instaló como el “desde” o el standard de suficiencia para operar en políticas públicas y cambios en políticas sociales que tienden a contraponerse con los intereses de los más poderosos. Permítanme incluso una parcialidad grosera pero a mi juicio también acertada.

A principios del segundo gobierno de la presidenta Bachelet, alguien, el senador Quintana, se atrevió por primera vez a romper el paradigma en cuestión, expresando con lo que se catalogó de una frase desafortunada, el pasar la retro excavadora, que sin duda hacía referencia a romper de manera democrática y en el marco de las herramientas del gobierno y un parlamento con casi ? izquierdizados. Bueno, sin duda eso fue el fin de las posibilidades de avanzar hacia las demandas sociales que ya eran patente desde principios de esta década.

El “poder” acusó el golpe de la intención de avanzar en dichas políticas y operó con un sinnúmero de artilugios y mañas para resolver, deteriorar cualquier intención de socializar el país y demonizar además cualquier intento por avanzar en garantías sociales y derecho caricaturizando esto como intentonas chavistas de monta conspirativa.

Bueno y eso fue historia y ahí quedó, se avanzó solo en educación y el Porqué de ello fue el mismo que nos mueve ahora, los jóvenes en la calle, el respaldo social para la izquierda chilena que entre algunos corruptos, otros somnolientos y un par de despavilados levantaron una agenda de garantías sociales al alero de la popularidad que otorgó a ello el clamor popular de las protestas, marchas y algunas demandas organizadas.

Pero así sin avanzar más, por medio, además 6 años de gobiernos de derecha que estancaron dicho avance terminaron por extremar el dolor de la gente, sus angustias y en definitiva el click que agita la “violencia” del que se alza y detiene en la alameda para demandar sus necesidades, hecho tan violento como el de un bebé que con golpes y gritos clama por su mamadera. (guaguas chavistas sin duda)

Y así llegamos al hoy, a la bisagra en la institucionalidad del proceso, bisagra marcada por expectativas enormes, aunque sin el parangón del Arcoiris y la alegría como lema romántico que exacerba aún mas lo que se espera como resultado del presente proceso.

Y he ahí el ancla para la salida de esta columna. La espera; ya esperamos la alegría y para muchos no llegó ahora no esperamos nada desde la semántica, pero si mucho desde demandas concretas, demandas que, si se ven complicadas por la ausencia de un límite para las mismas. En definitiva, otra vez estamos “a la waite”, otra vez quedamos de espectadores del proceso…

Es justamente eso lo que no podemos permitir, pero eso no depende de los políticos ni representantes, no depende de otro, depende de nosotros mismos, de entender y convivir con el modelo político y no operar al margen del mismo, depende de que activemos nuestros entornos, que creemos poder popular, que organicemos nuestras demandas, que les pongamos coto y por sobre todo que le pongamos voz.

Y que finalmente, si lo deseamos le pongamos rostro y pecho, que asumamos nuestros deberes y que todos queramos ser convencionales y no quedar a la espera.

Por mi parte yo no estaré a la waite, yo quiero ser convencional constituyente.