Ramón Rubio, rector del CFT Estatal de Los Ríos | Archivo

L a pandemia del coronavirus provocó la irrupción masiva de plataformas para clases a distancia y estudiantes de todas las edades y de diversos niveles formativos continuaron con sus clases frente al computador, avanzando en sus materias no excentos de dificultades, sobre todo cuando el estilo de aprendizaje y las condiciones ambientales no son las idóneas para implementar sistemas educativos a través de internet.

 

Por Ramón Rubio D.
Rector CFT Estatal de Los Ríos

En Chile la educación técnica se reconoce como un sistema formativo que tiene por finalidad la adquisición de conocimientos, habilidades y competencias para el mundo del trabajo, que de acuerdo al Marco de Cualificaciones Tecnico Profesional (MCTP) se clasifican en dimensiones y niveles y en cuya construcción han participado actores tan relevantes como MINEDUC, SENCE, ChileValora, CORFO, CNED, CNA, Organismos internacionales y los principales gremios productivos del país.

El MCTP está constituido por resultados de aprendizaje que se estructuran en una matriz de descriptores -oraciones que explican lo que el sujeto puede hacer, sabe y comprende-, ordenadas en cinco niveles de complejidad creciente y tres dimensiones. Los cinco niveles cubren desde aprendizajes de muy baja complejidad, hasta aquellos de mayor extensión y profundidad que frecuentemente se asocian a formación que se obtiene en la Educación Superior.

Es en este contexto en que debe evaluarse la efectividad de la educación a distancia, tomando en consideración las posibilidades que otórgan las tecnologías educativas y los métodos de enseñanza para que los estudiantes puedan lograr los resultados de aprendizajes señalados en el marco, en sus distintos niveles. Por ejemplo “Instalar tableros de distribución, equipos, artefactos y accesorios de acuerdo a normativa de la SEC” ( UCL U-4322-7411-003-V02), competencia que es muy difícil pensar que se pueda desarrollar sólo a través de Internet.

En atención a los antecedentes expuestos, pareciera que en la educación técnica la presencialidad se hace imprescindible y se requiere que los talleres y laboratorios se adecuen a la realización de clases presenciales en contextos de pandemia, con apego a todas las recomendaciones sanitarias y con especial énfasis en la realización de actividades que tributen directamente al desarrollo de habilidades y competencias del MCTP. Sin embargo, existe un elemento aún más importante y que está por sobre cualquier justificación técnica y es que son las propias comunidades educativas y en particular los estudiantes y académicos, quiénes deben manifestar su voluntad y compromiso con las alternativas y medidas adoptadas, así como con los compromisos adquiridos, en especial en materia de prevención.