Foto de contexto | Escrito por Marcela Garrido
 

Crisis de ansiedad, cortes, quemaduras y traumatismos son los casos más recurrentes atendidos en Emergencia Pediátrica además de padres angustiados.

Un preocupante fenómeno ha quedado en evidencia tras la suspensión de clases en jardines infantiles y colegios, y es que aun cuando evidentemente cesó el índice de accidentes escolares y afecciones respiratorias por contagio en establecimientos educacionales, se ha advertido un significativo aumento de accidentes al interior del hogar como consecuencia del llamado a quedarse en casa para evitar el contagio por COVID-19.

Así lo explicó la Pediatra del Hospital Base Valdivia, doctora Juanita Castillo Márquez, quien precisó que “en la Unidad de Emergencia Pediátrica hemos detectado que la pandemia está afectando de manera importante la emocionalidad del grupo familiar. Llegan más asustados de lo habitual preguntando si hay niños hospitalizados por coronavirus, porque ellos no se quieren enfermar “de eso”.

Por otra parte, el encierro está demandando más atención en los adultos, que a su vez también están colapsados con el bombardeo de información, la premura por regresar al hogar antes del toque de queda, familiarizarse con el teletrabajo o enfrentar la incertidumbre de la cesantía y, a la vez, no saber cómo explicar a sus hijos qué es una pandemia por cuánto es la primera vez que viven una realidad que limita la circulación y obliga a suspender todo contacto con compañeros, amigos y seres queridos.

En esta misma línea, la pediatra Castillo es enfática en señalar que “la responsabilidad del cuidado de los hijos es siempre de los padres no de los hermanos mayores pues éstos también están en un proceso de crecimiento y aprendizaje siendo fundamental supervisar la exposición de niños a noticias o información alarmista respecto del COVID-19, ya que su nivel de razonamiento los lleva a pensar que enfermedad es sinónimo de muerte y aquello lo proyectan a sus seres queridos que luego sintomatizan en trastornos del sueño, cambios de conducta, irritabilidad y dolores abdominales sin causa aparente”.

Al analizar el índice de consultas, a marzo del 2019 la Emergencia Adultos registraba un promedio de 167 casos en tanto que a marzo del 2020 ésta bajó a 80 lo que da cuenta de una disminución de un 48% mientras que Pediatría registró una variación de 79 vs 25 a igual período, es decir, 37%; sin embargo la doctora Juanita Castillo explica que las atenciones en niños dan cuenta que la “rutina doméstica” no está adaptada para la convivencia social continua entre miembros de una misma familia bajo un mismo techo.

“Es propio de la infancia ser inquieto, tener gran imaginación y creatividad lo que muchas veces lleva a exponerse a situaciones de riesgo. Hemos atendido niños que quieren ayudar en la cocina sufriendo quemaduras por agua caliente, cortes por utensilios con puntas o filos, intoxicaciones por ingesta de desinfectantes guardados en envases de comida o fármacos dejados a su alcance,” indica la profesional y añade que “en cuadros de angustia o depresión muchas veces los niños encuentran refugio en la comida pues les genera placer y tranquilidad y ahí está el riesgo pues creen que todo lo que está en la cocina es comestible”.

Finalmente, precisa que los adultos deben observar la relación de los niños con sus mascotas pues la energía contenida por el encierro puede llevar a que los lastimen y éstos reaccionen mordiendo o arañando, así como también mantener en lugar cerrado herramientas tales como serruchos, hachas, martillos o latones ya que la falta de madurez y motricidad infantil en su manipulación los lleven a sufrir lesiones severas como fracturas, amputaciones o contusiones como han debido atenderse en los últimos días en la Unidad de Emergencia Pediátrica de Hospital Base Valdivia.