C uando hablamos del proceso de consulta municipal desarrollado el día 5 de enero podríamos fácilmente comenzar con la crítica, mencionar por ejemplo que no se realizó en la fecha que se hizo la consulta en todo Chile –en diciembre del año pasado– y que eso obligara a Unidad Social La Unión a desplegarse para permitir que los vecinos de la comuna pudieran participar del hito histórico que aquello significó.

 

Por Camilo Gómez
Columnista de noticiaslosrios.cl

Podrían también mencionarse los altos costos que realizarla significó para la municipalidad -cuya economía no parece un asunto sencillo si consideramos sus actuales déficits- al no contar con el apoyo de voluntarios e incurrir en el pago de horas extras que implicó ejecutar el proceso.

Otros podrían mencionar que el hecho de que la consulta municipal no tuviera un padrón, o un sistema antifraude, ponía en duda algunos aspectos del proceso, debido a que no había forma de evitar que las personas votaran más de una vez, a diferencia del proceso realizado por Unidad Social que contenía un sistema interconectado que impedía que las personas pudieran votar de nuevo.

Quizás algunos podrían mostrarse preocupados de que no se conociera la existencia de la ordenanza municipal de participación ciudadana, o la manera en que esta podía modificarse sin problemas para poder realizar el proceso en la fecha nacional (a pesar de que el alcalde y los concejales llevan ya más de tres años de administración municipal) y que faltara la voluntad política para hacerlo evitando de esta forma que los vecinos se confundieran sobre cómo, cuándo y donde podían votar.

Pero si reflexionamos sobre la consulta municipal, las lecciones que podemos extraer son también otras, sobre todo aquellas que apuntan al interés que tiene la ciudadanía en participar, en retornar a la confianza que significa emitir una opinión política (político en el sentido de decir “yo quiero que mi país y mi ciudad sean de esta manera”), y que se tradujo en que salieran a la calle cerca de 1.200 personas en la consulta municipal, además de casi 3.000 en la consulta realizada en diciembre por Unidad Social La Unión, a pesar de no ser una consulta vinculante, para manifestar de manera educada y respetuosa cual es el país que se quiere construir.

Y sin duda, lo más importante de los resultados de ambas consultas, es que una aplastante mayoría de las personas quiere una nueva Constitución y quiere que sea realizada por una Convención Constituyente integrada por ciudadanos y no por parlamentarios. También que pensiones, salud y educación son la base de las necesidades de los vecinos de nuestra ciudad y de nuestro país, pues tanto los resultados locales como los nacionales indican aquello. Se plantea que es necesario alejar la política de la corrupción y que las municipalidades deberían tener más atribuciones. Y desde lo local, en la consulta de Unidad Social se releva la urgencia del nuevo hospital de La Unión, y en ambas consultas se reafirma una clara proyección agropecuaria y turística de la ciudad, y por supuesto, la necesidad de poner en valor el rol de los pueblos originarios.

Finalmente, una de las lecciones más valiosas de este proceso es resaltar el optimismo y la esperanza que los vecinos han mostrado frente a la nueva situación de nuestro país, los vecinos sonrientes y repletos de energía vuelven a acercarse a las urnas porque allá donde las instituciones y los partidos perdieron la confianza, los vecinos y las organizaciones de la sociedad civil las han ganado con creces.

Lejos del discurso del miedo y el caos que muchos tratan de transmitir, La Unión ha mostrado un espíritu ciudadano ejemplar, el que es sustentado por las organizaciones de la sociedad civil y que debería, siempre, ser respaldado por las instituciones públicas, para no acrecentar la brecha entre autoridades y ciudadanos que en caso contrario solo crecerá. El futuro se está dibujando con las manos de los ciudadanos.