E s probable que en este momento se estén desarrollando diversas funas, tomas u otras manifestaciones que busquen interrumpir la PSU, sin embargo, serán hechos aislados porque en la mayoría del país, en las comunas menos movilizadas, se realizará sin mayores inconvenientes.

 

Por Patricio Contreras Cárcamo
Administrador Público, Licenciado en Ciencias Políticas, Magíster en Gerencia Social

Podremos estar en desacuerdo con el intento de boicot, pero no podemos evadir el mensaje de fondo: Fin a la PSU. No se trata de una demanda nueva, se viene cuestionando con fuerza desde el año 2006, el año de la revolución pingüina. Lograr materializar hoy esta demanda aprovechando el estallido social, implicaría cambiar el sistema de ingreso en tiempo récord, tendría más características de improvisación que de solución. Pero vuelvo a decir, no podemos evadir el mensaje de fondo y podríamos comenzar a hablar de que está debiera ser la última PSU, trabajando todo el 2020 para sustituirla por un sistema más justo.

Mencioné justicia porque esa es la principal crítica ¿Qué tan justa puede ser una prueba estandarizada? Nada, sólo saca una fotografía de la desigualdad. Porque medir con los mismos parámetros a un joven que tiene que caminar para llegar al liceo (público), con profesores que se les vulneran sus derechos laborales, una infraestructura defectuosa, que al llegar a su casa no tiene internet, libros y es muy probable que sus padres no estén en el hogar porque trabajan hasta tarde para poder tener algo más que el sueldo mínimo y poco pueden colaborar en su educación porque ellos no han terminado su enseñanza media. Este mismo joven, no tiene para pagar un pre universitario y supongamos que vive en una comuna pobre y aislada. Mientras que al otro joven, lo prepararon por años para esta prueba, incluso su familia pagó por un pre universitario, vive en Santiago, en su colegio privado contratan a los mejores profesores, les pagan bien, una infraestructura de lujo, llega a su casa (lo van a buscar en auto) tiene tablet, notebook y computador de escritorio, todos con acceso a internet, sus padres profesionales y probablemente algún hermano también profesional, que puede colaborar con su educación.

Después ese mismo joven, obtiene puntaje nacional y todas las universidades le dan beneficios. El primero, no le alcanzó para postular con beneficios, tiene dos opciones estudiar una carrera y en una universidad que no quiere, trabajar para pagar sus gastos básicos y endeudarse por 30 años. La otra opción, es salir de inmediato al mercado laboral con 18 años, sin profesión, sin experiencia laboral, pateando piedras.

¿El joven pobre tenía menos capacidades? No, sólo era pobre y esa condición no le permitió prepararse mejor para la PSU. Más encima, tenía miedo, porque era quizás la única oportunidad que tendría.

¿Debe cambiar el sistema de acceso a la Educación Superior? Por supuesto. No puede seguir dependiendo el futuro de miles de jóvenes de una prueba estandarizada que no mide capacidades, sino que retención de contenidos.

Probablemente, ese joven que no se preparó para la PSU, iba todas las tardes y fines de semanas a trabajar en construcción para ayudarle a su padre, podría haber sido un gran constructor civil. Otra joven dedicó más tiempo a ayudarle a su familia en el campo que a preparar una prueba, podría haber sido una gran agrónoma o veterinaria. Cuántos optaron por el deporte o las artes, con alta dedicación, con tanta que no tuvieron tiempo para aprender el teorema de Pitágoras o las figuras literarias y no pudieron profesionalizar su pasión. Otros que el 2006 se la pasaron en movilizaciones y reuniones, para que cambie la PSU, la mayoría como aquel joven pobre del ejemplo, algunos tuvieron suerte, les alcanzó con lo justo a entrar a una Universidad, uno de ellos ahora escribe esta columna.