E l próximo 15 de diciembre, la Asociación Chilena de Municipalidades está convocando a cada uno de sus integrantes a realizar una consulta ciudadana en 3 papeletas. En la Región de Los Ríos tenemos 12 municipios, pero aún no se tiene certeza ni información mínima sobre cuantos la harán, cómo la harán, donde se podrá votar y quienes lo podrán hacer.

  Estudia Administración Pública en la UACh    

Por Egon Montecinos Montecinos

Director del Centro de Estudios Regionales UACh y director del Instituto de Administración de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Austral de Chile

Lo cierto es que si algún municipio decide hacerla, deberán usar a lo menos 3 papeletas o votos donde las personas podrán marcar referencias.

En la primera papeleta las personas podrán opinar sobre cambio de la constitución, mecanismos para su elaboración, opinión sobre voto obligatorio o voluntario, candidatos vinculados a casos de corrupción, acuerdo o no sobre rebaja del IVA en productos de primera necesidad, más atribuciones y recursos a municipios.

En una segunda papeleta los ciudadanos tendrán la posibilidad de elegir los 3 principales problemas que priorizan en el contexto de esta crisis. Finalmente, todos los municipios tienen la posibilidad de incorporar en una tercera papeleta, preguntas con pertinencia regional y local.

Es cierto que los resultados no serán vinculantes con lo que debe hacer el gobierno o el congreso, ni será dirigida por el SERVEL, pero la consulta ciudadana dará una señal política importante que contribuirá a la democracia participativa, al debate constituyente y a la agenda social.

No obstante aquello, cada día que pasa en Los Ríos predomina la incertidumbre sobre si se realizará o no, lo cual disminuye la posibilidad de que de hacer la consulta ciudadana se transforme en un real aporte a la democracia, al proceso constituyente y a la agenda social. La participación ciudadana requiere información, seriedad metodológica, certezas y garantías mínimas para que se haga bien y sea un proceso transparente, legítimo, de lo contrario, sólo se presta para desprestigiar aún más a la alicaída democracia representativa.

Pero ¿que implica “hacer bien” una consulta ciudadana en un contexto de crisis social, con poco tiempo y sin el SERVEL conduciendo el proceso? En mi opinión se deben garantizar 3 aspectos para que los resultados reflejen sustantivamente las preferencias de la comunidad.

Primero. Modalidad de consulta. Ya se definió que será presencial, en un solo día y con papeleta, por lo tanto NO se contabilizará lo que están haciendo algunos alcaldes, quienes a través de reuniones realizan “consultas a la comunidad” para priorizar algunos temas de interés. Claramente, esto último no es consulta ciudadana, tal como se está planteando en la opinión pública. Por ello, es necesario dejar claro que el 15 de diciembre se contabilizarán sólo las papeletas y no resultados de reuniones previas.

Segundo. Difusión de la consulta y preguntas. El tiempo que se dedicará a difundir la consulta y sus contenidos es de vital relevancia. Hasta ahora de esto hay muy poco, sobre todo en comunas de menor tamaño relativo. Tiempo, modalidad y espacios de difusión de la información, son esenciales para que la ciudadanía vote lo más informada posible. Tal como está diseñada la consulta no se trata de una instancia netamente local, sino que muy por el contrario, se espera dar una señal al país desde lo local y una contribución al proceso constituyente y a la agenda social del gobierno. Por ello, no le haría bien a la consulta que los resultados estén llenos de duda, por ejemplo porque no se ofreció igualdad de espacios de información a las alternativas más sensibles en disputa.

Tercero. Neutralidad del proceso. ¿Cómo se garantizará la neutralidad del proceso previo a la consulta y en el conteo de los votos? Donde se votará y contarán los votos, ¿en recintos puramente municipales o también en recintos públicos?, ¿se aceptarán veedores o apoderados que defiendan las alternativas más sensibles en disputa? Estas y otras preguntas es necesario realizarlas y resolverlas previamente para dar garantía de la transparencia del proceso. Para ello es necesario que alcaldes y organizadores de la consulta se apoyen en instituciones y que a través de la pluralidad de estos, se pueda ofrecer un mínimo de garantía y neutralidad a las alternativas que participarán en el proceso de consulta.

La iniciativa de los alcaldes tiene un inmenso valor, es valiente, sensata y solidaria…, sólo si se toma la decisión de hacerla. No hacerla también es sensato y valiente, porque –imagino- hay argumentos que fundamentan dicha decisión. Pero jugar con el tiempo y decidir “no hacerla” porque “nadie dice nada” o “nadie exige nada”, es jugar con las convicciones democráticas que implica el contexto de crisis social que nos encontramos viviendo como país. Por esta razón hay que apoyarla y ponerse a disposición pero para hacerla bien. De lo contrario deviene en dudas, decepción y frustración.