Estudia Administración Pública en la UACh    

Se enfocará en que el dolor menstrual agudo debe ser reconocido por el sistema público como enfermedad y en reconocer el gasto anual que las mujeres deben hacer en productos de higiene femenina.

En Valdivia se realizó un coloquio con distintas presentaciones y que contó con la participación de la antropóloga Valeska Naranjo –quien desde 2017 impulsa el tema–, con el objetivo de contar con mayores insumos y antecedentes para un futuro Proyecto de Ley Menstrual.

La instancia contó además con las exposiciones de la terapeuta ocupacional Cari Álvarez, activista feminista y dirigenta del Frente Amplio, la candidata a la alcaldía de Valdivia Carla Amtmann (RD) y el diputado independiente Patricio Rosas –médico cirujano de profesión–, quien convocó el encuentro.

El proyecto a impulsar se enfocará en que el dolor menstrual agudo debe ser reconocido por el sistema público como enfermedad y en reconocer el gasto anual de alrededor de 60 mil pesos que las mujeres deben hacer en productos de higiene femenina, monto considerable si se tiene en cuenta el actual ingreso mínimo.

Asimismo, debieran establecerse avances en garantizar la entrega de productos femeninos de primera necesidad para mujeres en situación de vulnerabilidad y terminar con el IVA que grava dichos productos.

Emparejar la cancha en materia de género

Según plantea el diputado Rosas, la desigualdad económica se ve profundizada por el gasto extra en toallas higiénicas, tampones, copas menstruales y otro tipo de productos, «y con éste proyecto buscamos visibilizar cómo el sistema económico, a través de diversos factores, oprime a la mujer en forma particular por el solo hecho de serlo».

El parlamentario por Los Ríos agregó que legislar al respecto «es una medida que enriquece el camino para poner término a las condiciones estructurales de la ‘pobreza de género’, y es evidente el avance en la igualdad de derechos que ello supondría en el sentido de acciones afirmativas».

Cabe recordar que, en enero de este año, el Senado aprobó un proyecto de acuerdo que derivó en que productos femeninos de primera necesidad estén disponibles en los baños del Congreso. Incluso, se instó al presidente de la República –es decir, al Poder Ejecutivo– a llevarlos a colegios, liceos, centros de reclusión y consultorios, entre otros, pero aún no hay mayores antecedentes.

Antecedentes y viabilidad

En el mercado laboral, las mujeres en Chile perciben un 30% menos que los hombres en términos de remuneraciones. El diputado Rosas aseguró que «la conciliación de la vida laboral y maternal, y/o de la vida de una mujer en edad fértil con la dimensión laboral, son temas que el país debe enfrentar, sobre todo ante la tasa de natalidad –en torno del 1,8– y el envejecimiento de nuestra población».

Incluso, el parlamentario recordó que, en 2011, cuando se promulgó la Ley de Postnatal Parental, uno de los grandes temores fue que el permiso extendido generaría impactos negativos en la empleabilidad de las mujeres. Sin embargo, si la participación femenina en el mundo laboral era de 45,3 en 2010, en 2016 alcanzó el 48,0. En ese sentido, agregó que «generar condiciones laborales óptimas para las mujeres podría impactar positivamente».

De igual manera, las mujeres pueden obtener una licencia médica extendida por un profesional por sus dolores menstruales. No obstante, aclaró Patricio Rosas, esto es solo cuando el dolor está asociado a una endometriosis, «y este proyecto plantea hacer visible la dismenorrea aguda». Además, aseguró que, al ser permisos de tres días o inferiores, las ISAPREs no reembolsan esa parte de las remuneraciones, pero al ser reconocidas como enfermedad debieran ser pagadas.

Siguiendo en el aspecto de salubridad, el independiente cercano al Frente Amplio sostuvo que en Chile «muchas mujeres de sectores vulnerables utilizan medias, papel higiénico e incluso diario por no poder acceder a los métodos adecuados, y estas prácticas poco sanitarias aumentan el riesgo de infecciones del cuello de útero e infertilidad».

Experiencia internacional

Italia fue el primer país europeo en realizar una propuesta concreta en la materia, cuando parlamentarias presentaron un proyecto de licencia para mujeres que sufren de dismenorrea, norma que aplicaría para aquellas que comprueben anualmente –mediante un certificado médico– padecer los molestos síntomas asociados.

Desde 2001, un artículo de la Ley de Normas Laborales determina que las trabajadoras tienen derecho a 2 días de licencia menstrual cada mes, y se les garantiza un pago adicional en el caso de que no hagan efectivo el permiso.

Y, recientemente, Escocia se convirtió en el primer país del mundo en entregar tampones y toallas gratis a personas de bajos recursos para sobrellevar el período menstrual en condiciones saludables e higiénicas.

Hasta entonces, ningún país había puesto el foco en la menstruación como fuente de desigualdad entre hombres y mujeres.