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martes, mayo 28, 2024

Hacia la madurez de la profesión de coach

El coaching llegó para quedarse y sus grandes exponentes y teóricos afortunadamente lograron visualizar que su práctica exigía una gran responsabilidad.

José Romero Yanjarí
Profesor Coaching Organizacional UCEN

La International Coaching Federation (ICF), organismo sin fines de lucro, con aproximadamente 30.000 miembros asociados distribuidos en 140 países y de los cuales 27.000 están certificados en distintos niveles de coaching, ha desplegado variados esfuerzos con el propósito de profesionalizar la labor de los Coach.

Uno ha estado orientado a que los profesionales se certifiquen en tres niveles distintos y dichos estándares se encuentran relacionados con las competencias que debe poseer un coach para el ejercicio de su profesión, asegurando así, un servicio de calidad a su cliente. Las competencias han tenido una mirada dinámica acorde a centenares de experiencias que se han recibido por asociados distribuidos en diferentes países.

Hoy en día, esas competencias están orientadas a: establecer acuerdos de sesión; escucha activa; mantener presencia; cultivar confianza y seguridad; evocar consciencia; facilitar el crecimiento de cada cliente; encarnar mentalidad de coaching; y demostrar práctica ética. Esta última contiene una relevancia particular dada la constante proliferación de escuelas de coaching y el enorme deambular de colegas con las más disímiles metodologías.

La ICF ha desarrollado un Código de Ética que orienta el actuar de sus coach en diversos aspectos como los que menciona el Team Power Institute: demostrar integridad personal y honestidad en interacciones con clientes, patrocinadores y las partes interesadas relevantes; ser sensible ante la identidad, el ambiente, las experiencias, los valores y las creencias de los clientes; utilizar lenguaje adecuado y respetuoso con clientes, patrocinadores y las partes interesadas relevantes; mantener la confidencialidad con la información de cada cliente según los acuerdos con las partes interesadas y las leyes pertinentes; respaldar las distinciones entre coaching, consultoría, psicoterapia y otras profesiones de apoyo; remitir clientes a otros profesionales de apoyo, según corresponda.

Es así entonces como los asociados a ICF pueden garantizar a los clientes en todos los países donde se desempeñen estándares de calidad en una profesión que ha logrado su madurez en su desarrollo teórico como en su práctica de coaching y es así también cómo los clientes pueden marcar la diferencia para ellos y sus organizaciones, al momento de seleccionar los servicios de acompañamiento y de diseño de acciones. El coaching llegó para quedarse y sus grandes exponentes y teóricos afortunadamente lograron visualizar que su práctica exigía una gran responsabilidad, y así también deseamos entenderlo y asimilarlo quienes nos dedicamos a la docencia de esta materia.

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