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lunes, diciembre 5, 2022

El nuevo paradigma en la educación para el desarrollo sustentable

El paso de una educación ambiental a una educación para el desarrollo sustentable, amplía el concepto educativo, buscando incorporar elementos de sustentabilidad, donde frente a cualquier fenómeno que tenga como prerrogativa la legítima presencia de los procesos productivos, sea posible armonizarlo con una equidad social y la necesaria preocupación por proteger el medioambiente.

Por Guido Asencio Gallardo
Académico

El paso de una educación ambiental a una educación para el desarrollo sustentable, amplía el concepto educativo, buscando incorporar elementos de sustentabilidad, donde frente a cualquier fenómeno que tenga como prerrogativa la legítima presencia de los procesos productivos, sea posible armonizarlo con una equidad social y la necesaria preocupación por proteger el medioambiente.

La comprensión de los sistemas naturales, necesita de una educación basada en aprendizajes para la vida, donde la combinación de otros sistemas como el social económico debe ser parte de diferentes visiones pero que analicen un mismo fenómeno. En este sentido, la educación ambiental debe hacerse cargo de proteger el hábitat, teniendo presente que existe una legítima validación de las opciones individuales y colectivas, que formen una conciencia medioambiental a corto, mediano y largo plazo, capaz de interiorizarse de temas tan relevantes como el crecimiento demográfico inusitado, la capacidad de carga de los ecosistemas, el consumo de bienes y servicios.

En la Cumbre celebrada en Río de Janeiro en 1992 se indicaba que si todos los habitantes del planeta consumieran como lo hacía Estados Unidos en esa época, los recursos durarían para dos días; esto es preocupante porque los países desarrollados han avanzado hacia un nivel de consumo inusitado. Hoy con los casi 8 mil millones de personas esto ya es una evidente catástrofe, que no solamente afecta a las naciones desarrolladas, sino que residualmente es un gran problema que afecta de manera determinantes a los países del Tercer Mundo. Se plantean críticas al modelo dominante de desarrollo y a la educación (Leff, 2009 y Corvetta 2015). Con la promesa de alcanzar mejores niveles de calidad de vida de los habitantes, que históricamente ha tenido una mirada materialista y de consumo, se piensa que ya no es posible seguir por esta senda, por lo que es urgente educar en materias de sustentabilidad.

En el proceso de inserción de los emigrantes existen luces y sombras que se van estableciendo poco a poco. Surge la discusión sobre la diversidad cultural que debe ser protegida para evitar elementos homogeneizantes que en todo sistema contemplan indicios de debilidad y vulnerabilidad, ejemplo de aquello es pretender que todos hablen el mismo idioma, coman los mismos tipos de comidas, que satisfagan sus necesidades con los mismos elementos. Lo que se rescata hoy en día, que se encuentra en plena vigencia, es el resurgimiento de lo local, lo endógeno, resaltando el valor de lo que se produce en el lugar y que representa el trabajo de las comunidades de personas que viven y sienten el territorio “desde adentro”. Así, no es novedad que a propósito de estas tendencias hayan surgido diversas formas de trabajar en agendas locales.

En Chile, el Ministerio de las Culturas y las Artes en el año 2008 elaboró la Guía metodológica para proyectos y productos de turismo cultural sustentable, en la que detalla diferentes modalidades de intereses especiales, tales como: comunitario, indígena, rural, ecológico, cultural, patrimonial, entre otros. Esto se muestra para resaltar la valoración de lo local, del patrimonio natural con una complejidad necesaria para que el disfrute de quienes utilicen servicios turísticos, lo hagan con una visión educativa y consciente medioambientalmente.

Por el lado del Estado, las políticas públicas han demostrados ser insuficientes. La educación ambiental debe enfatizar nuevas formas de vida arraigadas en prácticas éticas, buscando sentido y significado a una ética global, entendiendo que la simplicidad, la tranquilidad y la comunidad informada respecto a la cultura del consumismo y la competencia llevarán al abismo. Lo que se busca es una nueva sociedad con conciencia planetaria y la educación posee la fuerza para cambiar la sociedad (Braslavsky y Cosse, 1997; Gajardo, 1999).

En esta línea, las Naciones Unidas promovió el Decenio de la Educación para el Desarrollo Sostenible con un horizonte de casi diez años (2005-2014), cuyo objetivo fue integrar los principios, valores y prácticas del desarrollo sostenible en todas las esferas del aprendizaje. Para que ello funcione, debe existir un compromiso y capacidad creativa, donde las instituciones tanto públicas como privadas deben trabajar en conjunto para promover los cambios de comportamientos que preserven un futuro que le de sustento al medioambiente, acompañado de la viabilidad de los aspectos económicos que permitan dejar una huella a las generaciones venideras.

Como se puede apreciar, la tarea no es fácil, entre las iniciativas a explorar en concordancia con una educación medioambiental que llegue a una mayor cantidad de personas, es posible establecer indicadores, para generar conciencia ambiental. Se pueden poner en circulación encuestas dirigidas a grupos definidos que pueden invitar a los gobiernos locales a incursionar en la temática medioambiental, en relación a las acciones cotidianas que ocurren en su territorio, donde se pueda conocer por ejemplo los sistemas de reciclaje existentes, conocer la forma en que se conservan los bosques nativos, cuáles son las formas de combatir el cambio climático, entre otros, que tengan como objetivo la divulgación de conocimiento sobre la temática. Esto debe ser explícito para motivar a las personas a tomar decisiones con conciencia ambiental y hacerse cargo de los grandes problemas que aquejan a la población.

Se necesita un cambio de mentalidad, el cambio “desde adentro” es posible encaminarlo desde las comunas, buscando los necesarios equilibrios entre los actores locales, de manera de confluir entre lo público y lo privado. Un ejemplo de ello puede ser el dilema entre el transporte público y el privado y su relación con los ciclistas, los peatones y automovilistas, determinando niveles de diálogos que permitan impulsar modelos adaptados a las realidades locales, pero que tengan como bandera de lucha el trabajo en conjunto por un mejor entorno. Por eso, si se quiere aspirar a un modelo de desarrollo verdaderamente sostenible hay que reestablecer el dialogo social, es la única forma de transformar la cultura imperante, estableciendo modos de consumo responsable, en esto el aporte de cada persona es imprescindible.

Para pasar de una educación ambiental a una sustentable, resulta fundamental entender que la forma de comunicar y educar. Esto, es posible solamente con el compromiso de la gran mayoría de los actores involucrados, donde hace falta la participación activa de los educadores, los dirigentes sociales, estudiantes, los empresarios, los ciudadanos, las autoridades, cada uno en su rol tiene el inmenso desafío de enfrentar decididamente una postura que ayude a salvar el planeta a través de la educación.

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