E s de público conocimiento que el sobrepeso, la obesidad e incluso, la obesidad mórbida, se han apoderado del planeta como ninguna otra pandemia antes en la historia, salvo, quizás, la pandemia por coronavirus.

   

Por Dr. Franco Lotito C.
Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)

 

De acuerdo con los registros de la OMS más de 1.900 millones de adultos de más de 18 años tienen sobrepeso y más de 650 millones sufren de obesidad mórbida. Es más: diversos estudios a nivel internacional sacaron a la luz, que a raíz de las cuarentenas y encierros obligatorios por el Covid-19, la población mundial subió –en promedio– 6,1 kilos.

¿Las causas de este explosivo aumento de peso en la población? Una de ellas, es precisamente el alto nivel de ansiedad que se vive, hoy en día, como consecuencia de la presencia del coronavirus –y sus diversas nuevas variantes–, la ansiedad, el estrés y las prolongadas cuarentenas. Otra causa se debe al hecho que muchas familias optaron por pedir comida chatarra, que es más barata, rápida y de fácil preparación.

No obstante que la condición de tener sobrepeso u obesidad se explica por múltiples factores, ya sean de carácter hereditarios y medioambientales, existe un factor relevante que influye en que los niveles de sobrepeso y obesidad en los menores se eleven, a saber, que la “ansiedad y sobreprotección que experimentan algunas madres en relación con sus hijos pueden ser, asimismo, predictoras de sobrepeso en los menores”.

El buscar disminuir la peligrosa obesidad infantil se ha convertido en un objetivo que suele ser enfrentado restringiendo el consumo de calorías y aumentando la actividad física, acciones que son consideradas los principales pilares en la lucha contra el sobrepeso. Sin embargo, aún cuando dan buenos resultados si son combinadas y puestas en práctica de manera adecuada, sólo tendrán el éxito esperado, si se toma en cuenta un elemento y factor clave en esta ecuación: la personalidad de la madre.

Una investigación realizada por la psicóloga clínica Andrea Tognarelli –Magíster en Psicología de la Universidad Católica– en conjunto con la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Católica de Chile –que luego fue publicada en el año 2020 en un libro titulado “Apego y obesidad infantil”–, estableció que aquellas “mujeres más ansiosas en su vínculo con los hijos y con conductas contradictorias” –tales como ser poco cariñosas con los niños, pero excesivamente preocupadas por su alimentación– lograban que “sus hijos desarrollaran incapacidad para advertir cuándo tenían hambre y, en el otro extremo, cuándo estaban satisfechos”.

De acuerdo con el estudio, estas madres sobreprotectoras –o “madres helicóptero”– que necesitan tener el control sobre sus hijos, se angustiaban mucho en relación con la alimentación de sus hijos y se centraban en la comida como si ésta fuera la única necesidad de los menores, al punto que estas mamás eran insistentes en que sus hijos debían comer, aún cuando ellos no quisieran. Al revés: si los niños se sobrealimentaban, ellas no ponían límite alguno a la sobre ingesta de alimento. Eso por un lado.

Por otra parte, estas madres no sabían –o no lograban– responder ante las demandas de sus hijos en otro ámbito de cosas: si, por ejemplo, un hijo se caía, estas mujeres lo que hacían era enojarse con el niño, retarlo o, simplemente, lo dejaban solo llorando. En general, estas mamás mostraban una tendencia a bloquearse ante los problemas de sus hijos, bloqueo que alcanzaba su máxima expresión cuando se trataba del “estado nutricional de los hijos”, por cuanto, el “99% de estas mamás señalaba como causas del sobrepeso de sus hijos factores médicos o algún tipo de trastorno biológico desconocido, el que, además, nunca podían explicar”. En rigor, ellas se resistían a aceptar que su manera de percibir e interpretar ciertas situaciones estaba equivocada.

En otro estudio realizado por expertos del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA), la U. de Chile y la U. Técnica Federico Santa María, se demostró que en el 55% de los casos de los niños con obesidad, éstos no hacían ningún tipo de actividad física fuera del colegio. ¿La razón? El “95% de las madres no creía que el ejercicio físico tuviese algún tipo de impacto en el peso de los menores”. Los investigadores explican que estas mujeres se daban por vencidas antes siquiera de luchar contra la obesidad y alegaban que “era algo que no podían evitar”.

En función de toda la información obtenida, los investigadores consideran que el estudiar el perfil psicológico de la madre es vital en el objetivo de ayudar a los menores a prevenir el sobrepeso. Las razones son múltiples: (a) las madres sobreprotectoras dejan salir menos a sus hijos a jugar y hacer deporte que las madres que no lo son, (b) si los hijos hacen dieta, ellas permiten que los niños rompan el régimen alimenticio en forma permanente, (c) si bien algunas madres intentan que sus hijos coman sano, si los niños reclaman, les dan comidas calóricas, (d) el 42% de las madres estudiadas no advertía que los hijos tenían exceso de peso, lo cual, de acuerdo con estudios internacionales, podía deberse al sobrepeso de la madre, a una distorsión del proceso perceptivo, o bien, a la negación de la mujer sobre el problema de salud de los hijos, (e) detrás de los niños con sobrepeso hay madres que consideran que los hábitos alimentarios de estos chicos están tan arraigados que no se pueden cambiar, lo cual, las lleva a no apoyar los planes de alimentación saludable que les indican los expertos y ellas terminan por boicotear las dietas de sus hijos.

No obstante lo anterior, no sólo las madres ansiosas y sobreprotectoras juegan un rol en el estado nutricional de sus hijos, sino que se ha observado que también los padres con sobrepeso y obesidad ejercen gran influencia sobre el peso de sus hijos, por cuanto, un estudio realizado en México que fue dirigido por el Dr. Samuel Flores, consigna que “los padres y sus hijos comparten factores genéticos y socioecológicos”, en función de lo cual, el papel del padre puede incidir, asimismo, en un grado no menor en el sobrepeso y obesidad de los niños.

Ahora bien –y sólo para efectos de hacer algunas comparaciones– señalemos lo siguiente: un estudio realizado por la consultora internacional IPSOS posicionó a Chile en el quinto lugar de la “tabla de posiciones en sobrepeso” a nivel mundial, con un aproximado de 7,5 kilos de sobrepeso generado durante la pandemia, superando el promedio mundial de 6,1 kilos, y quedando por debajo sólo de México con 8,5 kilos, Arabia Saudita con 8,0 kilos, Argentina con 7,9 kilos y Perú con 7,7 kilos, todo lo cual, trae severas consecuencias en relación con la salud física y mental de las personas, así como también en relación con su calidad de vida, tales como: pérdida de la autoestima personal, aparición de enfermedades cardiovasculares (cardiopatías y accidentes cerebro-vasculares), diabetes tipo 2, trastornos del aparato locomotor (osteoartritis, problemas a la columna y otras enfermedades degenerativas de las articulaciones), generación de algunos tipos de cánceres (colon, vesícula biliar, endometrio, mamas, ovarios, hígado, riñones y próstata), etc.