Camilo Gómez | Columnista de @noticiaslosrios

Q uedan dos semanas para las elecciones y esta cuenta regresiva se da en medio de uno de los peores escenarios sanitarios desde el inicio de la pandemia en nuestro país, más de 7000 casos diarios y nuestra Región de Los Ríos como la peor de todas.

Por Camilo Gómez
Abogado

En este escenario el Colegio Médico, a través de su presidenta la doctora Izkia Siches, ha llamado a la suspensión de las elecciones, basado principalmente en que la cantidad de camas críticas que existen en el país son menos de 200, el nivel de positividad aumenta y las consecuencias del “permiso de vacaciones” del gobierno se hacen evidentes, la situación es crítica.

Anoche y como eco al clamor de los expertos, a los que casi siempre el gobierno decide ignorar por su excesivo optimismo sobre el comportamiento del virus (que aun no se vuelve buena persona como diría hace casi un año un ex ministro de salud), esta vez recoge el guante y plantea la suspensión de las elecciones, adelantándose a la discusión que el Congreso había fijado para hoy sobre el tema, proponiendo como fecha los días 15 y 16 de mayo.

Ciertamente, es imperativo poner por delante la salud y la vida de las personas en las decisiones políticas y por tanto no es posible estar en desacuerdo con la suspensión de las elecciones si ese es el fin. Sin embargo, debemos estar atentos a los problemas que pueden surgir de aquello desde el punto de vista político y cuánto de aquello puede afectar a la ciudadanía y pudiera consignarse como “letra chica”.

Uno de los más importantes es que con la definición de las fechas y la postergación de una elección, se corran todas las fechas de las siguientes elecciones, con el caso posible de que se pretenda alargar el periodo de gobierno del presidente Piñera, y con ello la crisis sanitaria y política originada por la negligencia del gobierno que es de conocimiento público a estas alturas del largo partido que inició con el 18 de octubre del año 2019 con el estallido social y que con la pandemia se volvió insostenible.

Luego está el tema de la debilitación de las candidaturas independientes o autofinanciadas, sobre todo en el contexto del proceso constituyente, quienes como consecuencia de una extensión del periodo de campañas, tendrán que disponer más tiempo y recursos en mantener vigente la publicidad de sus propuestas, problema que los candidatos financiados por las élites políticas y principalmente aquellos que representan las opción del “rechazo” no tendrán, pues sabemos que cuentan con amplia disposición de recursos para asegurar su presencia en la Convención Constitucional.

Pero no todo es política, sabemos que aplazar las elecciones puede ser importante, pero no tan importante desde el punto de vista sanitario como decisiones que el gobierno ha dilatado: el cierre de aeropuertos, para evitar que sigan llegando las nuevas cepas del virus o establecer una renta básica universal con el objeto que las familias puedan, de manera efectiva, quedarse en casa, cosa que se dijo de manera permanente durante el 2020 y sobre lo que se hizo oídos sordos. Aquello debido a que tras un año de pandemia el agotamiento, la rabia y la necesidad de empatía por los más desamparados se torna aun más evidente. Por tanto, si se suspenden las elecciones, pero no se toman otras medidas, simplemente será un gesto para la prensa, una decisión vacía.

Finalmente, es necesario estar expectantes y esperar que, junto con el posible cambio de fechas que aun depende de la aprobación del Congreso, nuestros parlamentarios estén a la altura y pongan sobre la mesa las dudas y problemas que podrían presentarse para aprobar una reforma que cubra estas interrogantes y que el gobierno no se relaje una vez más, porque la razón de fondo en esta modificación debe ser la salud y la vida de las personas, sin letra chica.