Pedro Barrera | Columnista noticiaslosrios.cl

H ace algunos años en cancha de Centenario jugábamos un partido importante en la liga amateur de La Unión. El partido estaba empatado y de pronto, un compañero de equipo se escapa por la banda dominando el balón con clara opción de gol. Emocionado le pedí la pelota, y el me habilitó con maestría. Solo frente al portero no supe qué hacer, me nublé y perdí el balón. Entre gritos ofuscados y merecidos garabatos de mis compañeros escuché desde la orilla de la cancha una inquisidora y sabia recriminación del técnico: “¡No pidas la pelota si no sabes qué hacer con ella!” me gritó. Bajé la mirada, me tapé la cara y seguí corriendo.

     

Por Pedro Barrera
Abogado

La semana recién pasada el SERVEL confirmó las candidaturas de un muy nutrido calendario 2021. Concejales, alcaldes y Constituyentes, lo que se suma a los ya definidos candidatos a Gobernador Regional. Y por si fuera poco, el mismo 2021 elegiremos Senadores, Diputados y consejeros regionales, y hasta presidente de la República. Cualquiera diría que el 2021 será un año de altísimo contenido democrático, de mucha participación, y de revivificación de la política.

No obstante, los insumos post estallido social nos obligan a reflexionar crudamente sobre la comprensión material de la democracia, es decir, lo que realmente significa elegir gobernantes y preguntarnos seriamente si el proceso de convulsión social que atravesamos hace poco más de un año ha modificado en algo las categorías que los ciudadanos tomamos en cuenta para hablar de política.

Es cierto, del estallido heredamos lo que parece ser la profundización de una conciencia social, la comprensión de las indignidades desde una perspectiva colectiva, e incluso se hirió de muerte al eje tradicional de izquierdas y derechas. Sin embargo, con el tiempo esas conclusiones tan bien ponderadas se han ido diluyendo: No habrá una fuerte presencia de independientes en las elecciones constituyentes, muchos candidatos han reconvertido sus intereses luego de la limitación de la reelección, viejos rostros han vuelto a intentar posicionarse, y con ello la esperanza de una renovación política parece desgranarse, una candidatura a la vez.

Y es que, el sistema político pretenderá defenderse. Qué duda cabe. Lo distinto esta vez es aquel reflejo del desengaño y sospecha que la ciudadanía ya cultivó y que puede desordenar cualquier planificación electoral del sistema, pero para ello hace falta una actitud esencial: Elegir a conciencia.

La conciencia ciudadana sobre el contenido de una propuesta política es la piedra angular de una democracia sana. Cuando entendemos que la amabilidad, la simpatía y el carisma no significan automáticamente una buena gestión, estamos subiendo el estándar de lo que se exige a un gobernante. Cualquier gestión de gobierno exitosa requiere planificación, un norte, un conjunto de herramientas técnicas y procesos diseñados para alcanzar un objetivo. Propuesta que debe ser de conocimiento ciudadano, juzgada, criticada y complementada por el ciudadano, validada por ellos, de lo contrario, pese a lo que repetimos como mantra, Chile no cambió.

Históricamente, la política a nivel local ha sido más posicionar rostros que estructuras sólidas de un trabajo planificado; más popularidad que vocación popular por el bien común; más conveniencia laboral que convencimiento por las ideas. Y si eso continúa hay solo una conclusión clara, también será nuestra culpa.

Por ello, el ánimo con el que la ciudadanía enfrente este año electoral debe contener la voluntad seria de exigir a los candidatos sustancia programática, ideas claras, transparentar equipos de trabajo, bases presupuestarias y proyectos responsables, y sobre todo, que quienes postulen asuman que satisfacer esa presión es un deber mínimo de cualquier candidatura, no un gesto, ni un favor, ni una ventaja comparativa.

La ciudadanía debe recriminar directamente la falta de contenido, la liviandad y la condescendencia de quien ose intentar asumir un cargo público sin presentar con objetiva claridad qué pretende hacer luego de la elección, y para ello un buen ejercicio es repetir el certero reclamo que el profe me hiciera a la orilla de una cancha pero esta vez dirigido al largo listado de candidatos: ¡No pidan la pelota, si no saben qué hacer con ella!