R esultó la campaña de desprestigio. Joe Biden debería ser el nuevo Presidente. Trump insiste en irregularidades, robo de sufragios o fraudes. Tendrá que probarlos, intentar otros recursos, o postular el 2024. Si no existieron, es muy grave. Si son verdad, peor todavía. Decidirán los órganos electorales de los Estados reclamados, su judicatura, o la Suprema Corte. Si no, corresponderá a la Cámara de Representantes votar. Dependerá de los reconteos en curso. Nada indica por ahora, que se revertirá el resultado, tal vez disminuyan electores, sin modificarlo. Si no reclamara Trump, no sería Trump.

 

Por Samuel Fernández Illanes
Académico Facultad de Derecho, UCEN

Queda un país confrontado. Trascendentes tareas para el nuevo Presidente, que tan duramente criticó, e incertidumbres de la campaña, dedicada más al ataque mutuo que a proponer programas. Como ex Vicepresidente de Obama, su inspirador, procurará reeditar las políticas que Trump derogó, y atender tan serias como la pandemia, contracción económica, empleos, impuestos, y déficit fiscal, ahora como responsable. Es el turno de criticar para los republicanos y 71 millones de Trump, que no perdonará y descalificará al sucesor, como a él sucedió.

En lo internacional, las mayores potencias y otros, están indecisos, para no provocar a Trump lo que resta, y conocer que hará Biden, sin certezas, salvo desmantelar la era Trump, y actuar en un mundo que cambió. La incógnita es nuestra región. Nada se dijo por ambos. Probablemente siga en un penoso segundo plano, salvo México que se entendió con Trump por sobre las amenazas. El resto, seguimos expectantes.

Grandes asuntos no resueltos, internos y externos, de un Estados Unidos que, por poco, decidió deshacerse de Trump. “God bless América”. La necesita.