Rodrigo Larraín | Fuente: UCEN

P ara los católicos siempre hay una incomodidad cuando el papa pina como persona particular y no como Sumo Pontífice sino como sujeto común- ¿Y qué dijo el papa? “La gente homosexual tiene derecho a estar en una familia. Nadie debería ser expulsado o sentirse miserable por ello[…] Lo que tenemos que crear es una ley de unión civil. De esa manera están cubiertos legalmente. Yo defendí eso”. Uno puede suponer que no se refiere a las familias de origen de los homosexuales, pues lo más probable es que ya no vivan con sus padres, sino en pareja, como el amigo del papa, Yayo Grassi quien le presentó en USA su pareja a Francisco.

 

Por Rodrigo Larraín
Sociólogo y académico UCEN

Pero el tema de las uniones civiles no es de mi interés ahora, importa cómo afectan tales declaraciones lo que la Iglesia ha enseñado antes y que nos ha pedido a los creyentes que cumplamos. En el legendario año 1968 el papa Paulo VI publicó la encíclica Humanae Vitae, un extravagante documento sobre el control natal (regulación de la fecundidad en el lenguaje eclesiástico). Fue la encíclica que prohibió todos los métodos anticonceptivos artificiales, excepto el método de la temperatura y sus variantes. Lo insólito es que se prohibió el condón pues “no permitía la apertura a la vida”, o sea, no fallaba; como se permitía la abstinencia periódica, que también falla bastante, se estableció el criterio que el espacio (barrera espacial del condón) era inferior al tiempo (barrera temporal de la abstinencia periódica). Reiteraba las enseñanzas de encíclicas anteriores en el sentido que las relaciones sexuales sólo eran lícitas en el matrimonio, o sea, otras relaciones son ocasión de pecado.

Entonces Francisco derogó la Humanae Vitae, a menos que el crea que las uniones civiles que protegen las familias y dan seguridad jurídica a los contrayentes no implican actividad sexual. Si la expresión del amor de pareja es sexoemocional, necesariamente las uniones civiles implican una actividad sexual que, paradojalmente estaría injustamente prohibida para las connivencias heterosexuales sin matrimonio y se aprueban los métodos anticonceptivos, pues la actividad sexual homosexual no está abierta a la vida. Esas son las implicancias que cualquier creyente puede inferir. Pero no será así. En materias de definiciones teológicas y morales, e incluso de disciplina eclesiástica, la Iglesia no acepta que se contradice, como con la encíclica mencionada, que prácticamente todo el pueblo creyente incumplió.

Es casi risible como han salido los intérpretes del papa, unos empeñados en decir que el Pontífice no ha dicho nada nuevo y que este siempre ha sido su pensamiento; otros, al contrario, han levantado la vieja excusa de la sacada de contexto de las frases del documental en donde están las frases antes dichas; lo que no cabe duda alguna es que los canonistas van a tener que hacer malabares para que todo calce sin contradicciones. Pero hoy existe opinión pública y también opinión pública católica.