Pedro Barrera | Columnista noticiaslosrios.cl

F ue Lope de Vega que en el año 1613 relataba cómo los ciudadanos del pueblo Fuenteovejuna, aquejados por los horrores de un gobernador tirano, habían resuelto dar muerte a pedradas al Comendador del pueblo en medio de una turba. Y aunque el Rey envió investigadores y jueces a pesquisar quienes eran los autores del hecho, cada testigo entrevistado, cada ciudadano instigado por la pregunta sobre quién era el responsable, respondía solidariamente lo mismo: “Fuenteovejuna lo hizo”.

 

Por Pedro Barrera
Abogado | columnista de noticiaslosrios.cl

Hoy, una Constitución ha muerto. O al menos eso parece. El actual modelo basado en una sociedad de consumo, en donde el mercado es el principal distribuidor de los recursos y los derechos no son más que un eufemismo para la mera capacidad económica de solventar las propias necesidades; donde la solidaridad es desincentivada y en su lugar prima un darwiniano capitalismo y una falsa idea de meritocracia; donde el medioambiente es solo materia prima y la igualdad es letra muerta. Todo ese modelo ha sido apedreado.

Es imposible explicar una lapidación tal, sin entender al victimario. Una sociedad abusada, una ciudadanía postergada hasta el punto en que fue su reflejo de supervivencia lo único que le permitió acumular y soportar el descontento, tanto que bastó una chispa de provocación para que toda la energía fuera liberada de golpe en una catarsis que, como en todas, conlleva una avalancha de comportamientos. Y ninguna avalancha es pacífica.

La ciudadanía era solo un actor pasivo en la forma en que los chilenos veíamos la política, uno que solo recibía el discurso y obedecía con un mordido desagrado las órdenes de la autoridad. No obstante, cuando se deniegan las instancias por generaciones, cuando se sobrevive a duras penas a una cancha dispareja o cuando se programa sistemáticamente la irrelevancia de la ciudadanía, no se puede esperar una reacción normal. Hoy esa ciudadanía es creadora de la realidad política.

Ningún modelo estructural de sociedad que haya sido impuesto a la fuerza puede caer sin tragedias. La violencia es la partera de la historia, dice la frase que erróneamente se le atribuye a Marx y que muchos usan idiotamente para defender la violencia desbocada. Pero no, reflexionar sobre la violencia como causa del proceso constituyente, refiere solo a un voto de honestidad intelectual en la búsqueda de explicar un fenómeno social. La violencia es el resultado del abuso, y ningún abusado al rebelarse lo hace pidiendo permiso.

Lo que no queremos asumir es que cuando hablamos de fenómenos sociales no existen los observadores objetivos, no existen los sujetos ajenos o que puedan desmarcarse de la realidad. No, lo que ocurre en Chile nos pertenece a todos. Cualquier lectura extremista que solo aluda a “los otros” es deshonesta, y busca evitar mirar de frente a la cara de los que aún somos. Una sociedad rota, partida, frustrada por la tragedia de un modelo ilegítimo y tan ajeno que provoca tensiones imposibles de administrar por una institucionalidad derruida, sobre todo cuando ese mismo modelo ha denegado sostenidamente las vías de participación política institucional sin atender sinceramente a ningún reclamo.

Con los años quizá los hechos serán alterados, las historias palidecerán en esa épica tragicómica con que solemos pintar el pasado para que parezca más digerible. Por eso, creo más sincera la alusión de Lope de Vega porque, con independencia de lo que venga, ninguno de nosotros podrá desmarcarse del futuro o renegar de su papel en el resultado. Y con eso nos enfrentaremos a la encrucijada: ser indiferente o incidir.

Así que, reclamemos o coincidamos, aprobemos o rechacemos, mixta o constitucional, hay algo que no podremos negar: lo que fue y lo que viene no es culpa de un individuo, no fue un grupo, no fue un partido ni un discurso, no fue un enemigo poderoso e implacable, ni una célula terrorista extranjera que nos azuzó. Cuando la historia nos pregunte ¿quién lo hizo?, tendremos que asumirlo: Fuenteovejuna lo hizo. Todos lo hicimos.