Senador Alfonso De Urresti | Archivo

H ace 47 años atrás el Golpe de Estado al Presidente Salvador Allende y el gobierno de la Unidad Popular, rompe con nuestra tradición democrática. Se impone una Dictadura dirigida por la Junta Militar, se suprime el Congreso y los partidos políticos.

 

Por Alfonso De Urresti
Senador por Los Ríos

Junto con ello se da inicio a una persecución descarnada a los opositores y dirigentes sociales. Se instala una política sistemática de violaciones a los derechos humanos por parte de agentes del estado. De acuerdo a los informes que hemos podido conocer, miles de personas fueron víctimas de la tortura, el encarcelamiento, el asesinato, la desaparición y el exilio.

Lamentablemente y a pesar de todas las atrocidades cometidas, hasta el día de hoy existen sectores que revindican la figura del dictador y relativizan estos crímenes de lesa humanidad.

La Dictadura no sólo instaló un régimen del terror, sino que al amparo de la falta de participación, impuso su agenda de transformaciones económicas, reduciendo el rol del Estado solo a un papel subsidiario, entregando dominio al sector empresarial sin contrapeso. Para perpetuar el modelo político y económico, es que entre cuatro paredes se escribe la Constitución de 1980 que tiene como finalidad neutralizar, impedir, proteger y mantener instituciones, concebida como una camisa de fuerza para la democracia.

Pero Chile despertó. Y con las movilizaciones que comenzaron en octubre del año pasado se abrió paso al acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución.

Sin duda una nueva constitución no va a resolver todos los problemas, pero Chile necesita un nuevo pacto social basado en el pluralismo político, la inclusión y la diversidad social.

Una constitución concebida en democracia que garantice derechos y refleje la sociedad en la que hoy vivimos y el país que queremos construir.