E n el campo de la Epidemiología Social, subyacen distintas teorías de las Ciencias Sociales aplicadas a la Salud Pública, es decir, diversas formas de explicar cómo se afecta la salud de la población, en especial, cuando nos enfrentamos a pandemias. El profesor Ichiro Kawachi del Departamento de Ciencias Sociales y Desarrollo de la Universidad de Harvard, considera que una de las variables más importantes a considerar es la clase social y lo explica mediante la popular película "Titanic". En esta columna analizaré si esta interpretación aplica a nuestra realidad nacional.

 

Por Patricio Contreras
Administrador Público, Licenciado en Ciencias Políticas, Magíster en Gerencia Social

Estoy seguro que la gran mayoría de los chilenos hemos visto la película Titanic y si no lo ha hecho, aproveche la cuarentena. Sólo concentrémonos desde la escena en que este gran barco choca con el ice-berg. Ese momento, en Chile es el 03 de marzo, cuando se informa el primer caso positivo de COVID-19. Omitamos nuestro juicio, respecto de las posibilidades que tuvo el Titanic o Chile de evitar esta situación, así mismo, de si hay una clase social responsable de traer el virus al país o autoridades incapaces de poder evitar el ingreso. El hecho, es que chocamos con el ice-berg y la pregunta es ¿Qué tan preparados estamos para el hundimiento? ¿Todos se sobrevivirán? ¿Quiénes tienen mayor probabilidad de sobrevivir?

Supongamos que los chalecos salvavidas del TITANIC son las mascarillas o el alcohol gel, ayudan pero no garantizan sobrevivencia. La primera y segunda clase, lo tenían asegurado. Los pasajeros de tercera clase, requerían algo de astucia y violencia. En Chile, la especulación y desregulación de los mercados, permitió que los precios se disparen y dejó de ser accesible a todos, es decir, los sectores más vulnerables debieron prescindir de estos insumos para prevenir el contagio.

Luego, hagamos cuenta que los ventiladores artificiales serían los botes de rescate del titanic. Simple, no alcanzan para todos. Tendríamos que priorizar y ese escenario es crítico, en los hospitales sería a través de criterios médicos seguramente. Pero en general, la primera clase tiene acceso garantizado al bote, por el sólo hecho de tener dinero podría buscar alternativas en el sector privado de salud, posibilidad que no tienen los de la tercera clase.

La cuarentena. Esto se grafica en la distribución. La primera clase tiene sus habitaciones, en la mejor ubicación al lado de los botes. La tercera clase, está en la parte más baja del barco, la que tiene mayor probabilidad de hundirse primero. Sumemos que desde la primera clase, les cerraron las vías de escape. Esto en Chile, ocurre de la siguiente forma, miles de personas tienen vía de escape, sus empleadores les cerraron el acceso. Pero el acceso a la cuarentena, el acceso a quedarse en casa. Obligados a trabajar, se exponen a las aglomeraciones, el lugar con mayor probabilidad de contagio. Otros no tienen acceso a la cuarentena, no porque las empresas los obligan, sino porque sus ocupaciones son informales o no tienen ocupación, nadie hace nada por ellos, como en el titanic, cuando está por hundirse, hay un desgobierno, lo mismo que pasa en Chile, sólo unos cuantos marinos con silbatos haciendo como que controlan la crisis.

El Estado, en este caso, el Titanic, por más majestuoso que se ve, se vuelve insuficiente para garantizar la sobrevivencia a todos y quienes tienen mayores posibilidades, como lo vemos en las analogías, siempre son las clases más acomodadas. En un sistema como el nuestro, parecido al de la época del titanic, las diferencias de clase se hacen notar con más fuerza.

Imagínese Usted, cómo sigue la historia, el día que encuentren la vacuna y haya que suministrarla en el mundo y especialmente en Chile.