L a madrugada del 15 de noviembre se gestó el acuerdo político más importante desde el retorno a la democracia. Imaginemos se hubiera realizado el 15 de octubre, cuando Chile dormía. Lo más probable es que estaríamos atónitos, otros celebrarían con banderas en las calles y para muchos les sería absolutamente indiferente. Pero, Chile está despierto y eso cambia todo.

  Estudia Administración Pública en la UACh    

Por Patricio Contreras Cárcarmo
Administrador Público, Licenciado en Ciencias Políticas, Magíster en Gerencia Social

Un mes de movilizaciones y de principio se apuntó a los firmantes del acuerdo por la paz y la nueva constitución como parte del problema, sin distinción, cayendo en el mismo saco incluso partidos antiguos y nuevos que hace años han planteado la necesidad de cambios estructurales. Para la calle, los parlamentarios y los partidos son privilegiados, culpables o cómplices de la desigualdad y punto. Todo lo que viniera de ellos sería cuestionado.

Ese estado de ánimo hace que cada aspecto cuestionable del acuerdo tenga mayor ponderación que los aspectos destacables como el plebiscito de entrada, inédito en nuestra historia y vanguardista en cambios constitucionales a nivel internacional. Hace que las personas que no alcanzaron a comprender que un cambio constitucional sería una solución sostenible y estructural a sus problemas, vean este acuerdo como una forma de evadir sus demandas y algo de razón tienen, nadie les asegura que la nueva constitución podría ser mejor. Hace que las víctimas (y quiénes empatizan con mayor sensibilidad) de violación a los derechos humanos, repudien el acuerdo tras percibir un clima de impunidad. Incluso un sector que no quiere cambio constitucional, rechaza que los partidos de Gobierno hayan cedido ante la izquierda, hubieran preferido que lo resuelvan los militares.

En resumen, este acuerdo tiene detractores transversales, mientras que los firmantes buscan explicar y defender los alcances del acuerdo. Hay un camino para una nueva constitución, con algunos lomos de toro, pero hay un camino. Para la paz, definitivamente no, la oposición no lidera la movilización y el oficialismo no lidera a las fuerzas de orden, se mandan solos.

El proceso constituyente que inicia con el plebiscito de abril y conseguir paz en las calles, demanda algo más: Recuperar las confianzas, al menos en parte.

Un proceso constituyente con mecanismos democráticos de vanguardía, no debiera tener un método calamitoso. Lo empaña. El Quórum de 2/3 sobre hoja en blanco, que no deja de ser infinitamente mejor que 2/3 sobre la base de la Constitución actual, puede generar un exceso de acuerdos híbridos o el bloqueo intencional para regular por ley materias que la calle pide que queden garantizadas en la nueva constitución. La inhabilidad de 1 año, baja si miramos otros procesos en el mundo. Elección vía sistema proporcional, cuando la mayoría de los países han creado sistemas especiales por tratarse de una instancia especial. Siendo más profundos aún ¿Le correspondía a los partidos la exclusividad en el diseño del método? La falta de confianza en el proceso, podría tener un impacto negativo en la participación.

Construir confianzas para alcanzar paz en las calles. Con una salida constituyente en mano, hoy depende en gran medida del rediseño de una Agenda Social de corto plazo. Hay tanta desigualdad, que cada día que pasa es un día de dolor. Por lo tanto, aumentar pensiones, reducir la dieta parlamentaria, aumentar el sueldo mínimo, rebajar precios de medicamentos, entre otras, se hace indispensable para generar un cambio en el estado de ánimo. Así mismo, la reparación y justicia por las violaciones a los derechos humanos se hace indispensable.

Todo esto debe ocurrir pronto si se busca la paz y antes de abril, si se quiere iniciar un proceso constituyente sano.

En este contexto agraz, tengo que rescatar que varias horas después del acuerdo, existe una ventana de oportunidad a pesar de los lomos de toro que presenta el camino. Ya no son murallas, son lomos de toro. Se pueden sobrepasar si en vez de «taimarse» a la espera que los defensores del statu quo cedan en todo (Si pasa, bienvenido sea), se aprovecha la ventana de oportunidad y con organización y auto formación cívica, se asegura el cambio constitucional y el mecanismo más democrático para elaborara nueva constitución, se eligen delegados constituyentes con claro compromiso por trasladar las demandas ciudadanas a la discusión constitucional y si no se lograse, usar el plebiscito ratificatorio como la herramienta final en que se dirima a favor si la nueva constitución representa los intereses de la mayoría o en rechazo si sigue siendo el soporte político-jurídico de los abusos y las desigualdades como lo es hoy la actual constitución.