S in dudarlo, no existe mente alguna que no crea que estamos siendo testigos de un fenómeno social histórico y revolucionario. Sin embargo, ya un día después, las diferencias son evidentes; el gatopardismo cínico del Gobierno y la derecha en general, el mea culpa insuficiente y pobre de la izquierda tradicional (la nueva derecha), el discurso emocionado y tímido de la izquierda militante (PC y FA) que no es más que eso, solo palabras. Son los resúmenes del efecto del trauma generado por el golpe pacífico de un movimiento ciudadano que, cual gong, nos ha dejado con una sordera temporal que aún no nos deja pensar, pero más que eso, no nos permite avanzar –aún– hacia un norte claro.

       

Por Jorge Oyarce Kruger
Columnista noticiaslosrios.cl

El “Chile Despertó”, eufemismo que habla de una indolencia propia, de una incapacidad para reaccionar a dolores permanentes u otras metáforas algo vulgares que preferí autocensurar, era en realidad esa siesta. Siesta que se inicia por la violencia física, política y económica, sostenida por casi 20 años de un terror somnífero con el que muchos crecimos y con el que otros atrofiaron sus sensibilidades y estándares morales.

En la otra vereda, quienes “vigilaban y alimentaban” nuestro sopor, se hacían de patrimonios monumentales y construían un segundo Chile de Plaza Italia pa’rriba. Pero la metáfora del sueño no es lo único, junto al principio del fin de esta se incubaba otra revolución que parecía no tener ribetes sociales, la democratización de la información, que a pesar de los múltiples esfuerzos y millones de recursos invertidos para intervenirla y evitar la pérdida de control por sobre esta, esto fue imposible y eso se hizo carne en estos días en que como colmenas nos unimos de manera natural para reaccionar contra un enemigo común e implacable; el abuso y la inequidad. Sin convocatorias formales ni líderes o cabecillas, de pronto todos –o casi todos– estábamos en las calles.

Pero esto tampoco fue lo único, al alero de una democracia digital se incubaba un proceso bio-sociológico que casualmente su denominación antropológica coincide con el cómic de Stan Lee que titula esta columna. Dicha denominación antropológica carecía de percepciones dinámicas, descansando en tres calificaciones que impidieron a analistas anticipar los eventos de la última semana. La generación frustrada, obsesionada con el éxito e irreverente no era tal; desde mi punto de vista incluso había señales que lo anticipaban. El fenómeno millennial nos estaba diciendo hace rato que el bienestar no lo encontraban en el actual modelo de acumulación, más bien en el vivir, el desarrollarse más allá de lo profesional y el de conocer otras culturas y, a mi juicio, son estos elementos los que terminan desencadenando el despertar y el surgimiento de una nueva oleada de mutantes, que ya no solo caminan erguidos y avanzan sino que se preocupan de su entorno en un contexto global, un contexto solidario, un neo homus, el homus omnisquiamat u homus empaticus; aquel que ama, pero ama en un contexto global. Esta nueva especia mutante fiel a sí mismo pero también a lo que lo rodea, sensible con las dificultades de sus pares de hoy pero también de mañana. Discúlpenme la diferencia bíblica pero este nuevo hombre cargado de valores cristianos pero sin iglesia, me vuelve a recordar el momento en que despierta el primer X-Men, que separado de los suyos reacciona e inicia la destrucción de un estado nazi opresor y termina revelándose destructivamente contra todo luego de ser traicionado múltiples veces.

Nuestro escenario hoy, es justamente ese primer evento, aquel en que mutantes y homo sapiens se comprometen a avanzar unidos; sin embargo, el miedo del imperialismo gobernante mantiene y elabora de manera paralela un mecanismo de supremacía y exterminio de esta nueva especie.

Enfrentamos ese escenario, un escenario de incomprensión de discusiones sin encuentros, el leitmotiv de la derecha hoy es anacrónico, nuestra actual izquierda es la nueva derecha y la nueva izquierda es en realidad una nueva especie, que dialoga y empatiza pero que está profundamente descontenta, que probablemente –cual Magneto– de oportunidades para ser escuchada y representada, pero que eventualmente ante una impavidez probable de sus gobernantes terminará siendo obedecida, terminará alzándose gracias a su supremacía numérica por la violencia. Pero esto último es absolutamente evitable, somos nosotros los que debemos evitar este alzamiento hoy o mañana. Debemos reconocer el cambio del paradigma, este evento que es irreconciliable con nuestra realidad, los paradigmas no coexisten, al menos no bajo una misma bandera o una misma nación.

Recientemente tuve la oportunidad de sostener una conversación profunda y fraterna con un dirigente mapuche, quien desde su sabiduría reconoció que este dolor que hoy nos mueve es el mismo que los ha movido a ellos desde antaño. Entonces este nuevo paradigma es incluso más profundo, es un cambio radical es una nueva cosmovisión propia de esta nueva especie.

La oportunidad, amigos, es evidente, las señales de quienes hoy gobiernan y representan, no son muy esperanzadoras, pero ante el símil de esta invasión alienígena, parafraseando sin ironía a la primera dama, nuestra oportunidad es que somos cromosómicamente compatibles con este hombre nuevo, y por millones en la calle nos invitó a ser uno. Yo acepto la invitación y me sumo pero, ¿lo haremos todos?